domingo, 15 de mayo de 2016

Albiac


A PROPÓSITO DE GABRIEL ALBIAC.

 

         Gabriel Albiac fue marxista, comunista, progresista, revolucionario, bolchevique, etc. Fue muchas cosas y también fue y es antisocialista, antiprogresista y proisraelí. Tuvo que romper con muchos amigos por defender la legitimidad del Estado de Israel frente al terrorismo de la OLP. Tuvo que separarse de muchos por trabajar en la COPE. Ahora es un liberal, conservador y de orden. Nada de malo tiene eso. Es más bien el destino de los izquierdistas lúcidos, darse cuenta de que todo eso era vanidad y vacío. Quien de joven no es comunista es que no tiene corazón y quien de viejo aún lo es, es que no tiene ya cabeza. Lo que se denomina para demonizarla, “la derecha” es un conjunto de individuos procedentes de las generaciones o degeneraciones de las izquierdas.

         Es Albiac erudito, sabio, complicado, una escritura tiene este autor español muy a lo francés, alambicada y difícil de seguir. Su vocación es literaria más que filosófica o tal vez ambas a la vez. Literatura, ensayo, filosofía, política. Así encuentro yo la prosa de Gabriel Albiac, por lo menos en su último libro: “Diccionario de Adioses”, Seix Barral, 2005, Barcelona. 417 paginas.

         A través de nueve entradas de un diccionario presunto: “Escribir”, “Exilio”, “Idénticos (los): Nacionalismos, socialismos, fascismos”, “Idolatrías”, “Judeofobia (De Dreyfus a Yenín)”, “Nada, muerte, guerra, política”, “Revolución”, “Revolucionario” y”Terror(ismo)”, divididas en sus correspondientes parágrafos o comentarios breves, Albiac expone sus pensamientos sobre algunos temas del siglo XX que han llamado su atención. Cada entrada de este diccionario constituye un pequeño ensayo o una pequeña reflexión sobre el particular.

         A mí me parece que la mayor parte de tales términos son interesantes e importantes para la reflexión política de nuestros días. Es hora ya de hacer balance de la Edad Contemporánea (1789-1992), que todavía en cierta manera forma parte aún de nuestro presente. Voy en lo que sigue a seleccionar lo que me ha parecido más valioso de la reflexión desarrollada por Albiac en su reciente libro.

         Para empezar, la caída del socialismo real de los países del Este de Europa deja sin sentido el izquierdismo. Se puede decir que liquida el sentido de las palabras de los revolucionarios izquierdistas. “Cayó el muro. Nos quedamos sin palabras. Fue lento. Al principio, ni nos dimos cuenta. Dos siglos se cerraban sobre nuestros despojos. La era de la revolución. Y un día percibimos –los más ni siquiera lo sospecharon, siguen aún sin sospecharlo, morirán sin haberlo sospechado- que lo que nuestra voz decía no significaba nada. Ya.”[1] Por lo demás, como el hombre, Heidegger dixit, es un ser que camina hacia la muerte, toda la vida es muerte, irse muriendo. Por tanto, todas las obras humanas son testamentarias, legados. “Cuando, hace ahora algo más de treinta años, tuve la certeza –no me gustó- de que ya nada haría que no fuera escribir –aun cuando no escribiera, y sobre todo entonces-, me atenazó la sospecha, que supe algo ridícula, de estar siendo testamentario.”[2] Lo que hacemos en vida es morir. Pensamientos sombríos de quien se dice discípulo de Epicuro y de Spinoza. Epicuro dijo que la muerte era insensible y que no existía. Spinoza que un hombre libre en menos piensa que en la muerte. Albiac lo va repitiendo a lo largo del libro, el asunto de la muerte y de la nada: “Que un hombre nada hace sino morir: eso es su vida. Eso y saberlo. Que sólo en el muriendo estamos vivos, y de esa sabiduría sólo nos viene toda fuerza.

         Se escriben voluntades últimas. Nada más. A las cuales no sobrevive el que las dicta.”[3]

         Particularmente lúcida me parece la reflexión de Albiac sobre el fascismo. El fascismo, afirma Albiac no es un fenómeno de la derecha, conservador. El fascismo es socialismo, es revolucionario. El único fallo que yo le encuentro a Albiac es que mete en el mismo saco al nazismo y al fascismo. No los distingue: “El nazismo no es sino la forma administrativamente centralizada –esto es, socialista- del nacionalismo, y la nación nada pone sino la ficción de un sentido a la historia: identidad de “destino en lo universal”, por utilizar una fórmula cara a su fofa variante española.

         El fascismo no es una anomalía del modelo de poder burgués: es una deriva interna de su paradigma formal: una variación extrema del socialismo. No se ubica en uno de los polos de la metáfora topográfica derecha/izquierda. Es transversal a ellos.”[4] Albiac insiste en este diccionario en la secreta afinidad entre nazismo y bolchevismo. Hasta 1934 por lo menos, “Adolf Hitler ha concebido –en público cuanto en privado- su proyecto político como una depuración nacional del socialismo obrero, cuyo extremo sería el “nacional-bolchevismo” de Röhm, pero también la disposición de Goebbels hacia una “comunidad de espíritu” con la URSS de Stalin”.[5] Gabriel Albiac se remite a las conversaciones de Hitler con Hermann Rauschning para probar sus afirmaciones. Hitler se define como socialista, claro, nacionalsocialista. “Mi socialismo –ha proclamado Hitler- es distinto del marxismo. Mi socialismo no es la lucha de clases, sino el orden….Os pido que llevéis con vosotros la convicción de que el socialismo, tal cual lo comprendemos, aspira, no a la felicidad de los individuos, sino a la grandeza y al porvenir de la nación toda. Es un socialismo heroico. Es el ligamen de una fraternidad de armas que no enriquece a nadie y todo lo pone en común.”[6] Hay una tenue frontera entre el fascismo y el comunismo o entre el nazismo y el comunismo. Desde 1789 a 1992 se ha producido un conjunto de revoluciones. Esto procede de la Ilustración. “El sueño de la revolución –que es la instancia suprema del sueño de la razón ilustrada- ha dado a luz sus monstruos ya, a lo largo de dos siglos. Y se cierra, no dejando tras de sí sino tierra quemada.”[7] Esta época contemporánea también ha sido la época de la judeofobia más feroz que ha desembocado en el Holocausto. Pero ya en Francia, en la Francia laica y republicana, “en 1891, una moción parlamentaria a favor de la total expulsión de los judíos de Francia obtenía 32 votos en la Cámara de los diputados”[8] Después de 1945 el antijudaísmo, la judeofobia ha resurgido en forma de antisionismo en Europa. Gabriel Albiac nos cuenta cómo ha tenido que romper con algunas amistades por esta razón, porque rechaza de plano la judeofobia de las izquierdas. Se trata del cerco de Yenín por parte del Ejército israelí. “Yenín acababa de ser tomado, tras un breve y duro asedio. Y toda –toda- la opinión pública española hablaba de genocidio, por aquellos días. Primero fue la loca comparación de Yenín con Auschwitz. Los más moderados sólo condescendían hasta igualarlo al ghetto de Varsovia. Era un deber moral no ceder a su pesada interferencia. Ni siquiera a la –infinitamente más pesada- del afecto hacia los amigos perdidos. Fui –fuimos, los pocos que desertamos del armónico coro de lo establecido- un canalla sionista, un asesino sádico de niños palestinos, un racista sanguinario, un notorio agente a sueldo del Mosad y de la CIA…Fui todo lo que, en algún momento, leí que habían sido todos los que , en instantes infinitamente más duros que los míos, decidieron romper con la mortal fantasmagoría estaliniana, entre los años veinte y los cuarenta.”[9] Así es el progresismo hoy día en España, judeófobo.  Gabriel Albiac prefirió la honradez, la verdad que lo políticamente correcto, que sus viejas amistades de las izquierdas definidas pasadas ya al detritus de las divagantes, extravagantes y bogavantes. “Escribí. No por capricho. Ni siquiera por preferencia o afecto: yo ya no tengo afectos en política –lo digo sin alegría alguna; los tuve; no los añoro; ni me arrepiento de ellos- . Lo escribí por respeto a la lógica, que es algo por encima de cualquier deseo. Y por respeto a los hechos. Lo escribí porque no hay más deber moral de aquel que escribe que el de no mentir nunca, que el de no mentirse nunca. Y jamás tomar en cuenta el precio que no mentir, que no mentirse, acarree.”[10]

         Ahora hay una cierta islamofilia por parte de las izquierdas o por parte de esos individuos náufragos de la extinción de las izquierdas rojas definidas (anarquismo, socialismo, comunismo) y de su degeneración en izquierdas indefinidas o simplemente, progresismo. Llenos de rabia y de rencor y resentimiento, en su impotencia teórica e intelectual, no tienen ningún proyecto político ni económico, sino que más bien dirigen su odio contra el capitalismo y el liberalismo y por ello optan por el Islam. Esa es la estupidez progresista, que es suicida. “Bajo regímenes teocráticos así, todos y cada uno de los manifestantes antiglobalización que claman contra la arrogancia estadounidense, habrían sido, hace mucho, pasados por las armas.”[11] Lo mismo podría decirse de la complacencia de la prensa europea con el terrorismo palestino de la OLP y con el injusto desprecio a Israel. Albiac afirma que se olvida la verdad: que los países árabes no sólo han querido eliminar a Israel sino que inicialmente no han admitido ningún Estado palestino. “Olvidamos, con demasiada facilidad, lo esencial: los países árabes no sólo negaban el derecho de Israel a existir; negaban también (y aún más) la posibilidad de existencia de un Estado palestino.”[12] Arafat llevó a su pueblo a la catástrofe. “Todo el mundo sabe (hasta el último canalla sabe) que no hay crimen peor que el de llevar a los subordinados a la muerte, por pura y simple incompetencia y sin necesidad alguna. O sí, hay algo peor: sobrevivirles después de eso.”[13] Por todo ello, “Si algo puede reprochársele a Israel, es su exceso de tolerancia con semejante indeseable. Mueve al vómito. El individuo. También la tolerancia.”[14] Así, pues, Arafat fue un terrorista. Pudo haber sido un santo y se convirtió en verdugo. “Arafat fue, en sus años mejores, un eficaz terrorista: es una alabanza. Sus diez últimos años son los de un loco. Y nada hay peor que un hombre de cerebro deteriorado al frente de una organización armada.”[15]

         Así pues, el antisemitismo hoy es antisionismo. Los antisemitas de hoy se autodenominan antisionistas. En esto Gabriel Albiac acierta.

         Por lo demás, una buena parte del libro o diccionario de Albiac insiste machaconamente en la muerte, en la nada, en el vacío. Por ejemplo, “Sólo la muerte no muere.”.

         Respecto a la guerra, Albiac adopta una posición materialista, realista. Rechaza a las gentes de buen corazón, que simplemente no entienden el fenómeno bélico. Se guía principalmente por las ideas de Clausewitz. El humanitarismo, doctrina que subyace al SPF, síndrome pacifista fundamentalista es una posición errónea, puesto que “lejos de lograr el amable objetivo que proclama, el humanitarismo sólo multiplica –y lo hace exponencialmente- las bajas: las propias como las adversas. “La guerra –concluye, con una serenidad analítica casi conmovedora- es un asunto tan peligroso que los errores debidos a la benevolencia son los peores de todos.”. Como afirmaba Clausewitz, profusamente citado por Albiac, “Introducir el principio de moderación en la teoría de la guerra siempre conduce al absurdo lógico.”.Todo depende, para una mayor inteligencia del asunto, de no contraponer guerra y paz como dos estados diferentes y opuestos. Se trata de depurar el “tópico común, que embrolla todo el supuesto saber humanitario: aquel que cree poder contraponer paz y guerra como estadios excluyentes, el segundo de los cuales vendría a turbar la primacía ontológica del primero. La paz es un acto de guerra: tal es la hipótesis más original del ensayo clausewitziano.”. En el fondo, la política es una forma de guerra “y todo ejercicio del poder de Estado, forma determinada de dictadura.”[16] Como decía el sabio Schmitt, “Política no es sino teología de la hostilidad.”[17] Albiac es lúcido respecto a las gentes bienpensantes de buen corazón víctimas del SPF: “Nada hay más dulce que condenar la guerra, cualquier guerra, toda. Como si habláramos de algo que rige nuestra mano o nuestro deseo. Nada hay más necio, nada engaña de un modo más perverso, ni tiene consecuencias más homicidas.”.

         Respecto a la situación política europea y española, Gabriel Albiac reconoce la descomposición de Europa y de España. No lo lamenta, porque todo lo que nace tiene que morir. Su posición es de aceptación del inexorable destino histórico de nuestra Patria, España. “No lamentemos, pues, ni la agonía de España ni la de la vieja Europa. Son acontecimientos determinados e irreparables. Lamentemos nuestra desdicha de haber venido a nacer para ver eso. La capitulación sin condiciones del 14 de marzo de 2004.”.

         Toda revolución implica terror, terrorismo. El terror es revolucionario. No hay libertad para los enemigos de la libertad. Como dice Albiac, el terror es la liturgia de la revolución. “El terrorismo es la forma específicamente ilustrada del monoteísmo; transcripción política que, donde Dios, pone Estado.”[18] Así, pues, “El terror es la democracia.”.

         Es pues, este libro un buen libro que puede ayudar a tener claras las ideas políticas y a realizar la reforma del entendimiento.



[1] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses” op. cit. pág. 9.
[2] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 30.
[3] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 31.
[4] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 94.
[5] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 95.
[6] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. págs. 96-97.
[7] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 120.
[8] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 137.
[9] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 140.
[10] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 140.
[11] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 142.
[12] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 157.
[13] Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 158.
14. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit.. pág. 159.
15. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 163.
16. Gabriel Albiac. “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 174.
17. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 204.
18. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 204.
19. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. págs. 208-209.
20. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 227.
21. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 227.
22. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 230.
23. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 233.
24. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. págs. 366-367.
25. Gabriel Albiac, “Diccionario de adioses”, op. cit. pág. 369.
 
 
 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario