sábado, 30 de abril de 2016

La idea de ente



Duns Escoto sostiene que el objeto de la metafísica es el ens, el ente en cuanto ente. Sólo conociendo el ente en cuanto tal podemos conocer el objeto de la metafísica y el de la teología. El objeto de la teología es el ente infinito

Cuando aprehendemos cualquier realidad tenemos la certeza de que éste es un ente, aunque lo aprehendido sea dudoso; luego ente es un concepto distinto del que disponemos siempre. El ente es el último concepto ya que no es determinado por nada. Y por ser simple, es ente.

En la abstracción metafísica se abstrae de toda materia individual, sensible e inteligible, el ente en cuanto ente. No se trata de una abstracción total que ofrezca un concepto pobre e indeterminado, difuso, cuasi vacío; sino de una abstracción formal que nos procura la esencia del objeto que ha sido sometido a la abstracción. Además la abstracción metafísica abstrae de la singularidad material pero no de la existencia.

La problemática metafísica nace con Aristóteles. Aristóteles se pregunta por el ente en cuanto ente. La filosofía primera  es una consideración general del ente en común, en general. Este ente en común es un concepto universalísimo elaborado por el entendimiento llevando a su más alto grado la abstracción precisiva de todas las diferencias y diversificaciones de los entes existentes, desnudándolos de toda particularidad.

Considera así el entendimiento la única propiedad que aparece en todos los entes y que es la nota común y analógica del ser (el hecho de la pluralidad de los entes explica la pluralidad de categorías). Pero si prescindimos de todas sus diferencias y consideramos aquello en lo que fundamentalmente se asemejan, la pura formalidad de que son, haremos filosofía primera, ciencia del ente en cuanto ente y también y por lo tanto, ciencia de la substancia, puesto que las significaciones del ser la presuponen en primer lugar.

El concepto de ente es aplicable a todos los entes en cuanto que son entes. Es aplicable de manera analógica, no equívoca, porque todas las acepciones del concepto de ente guardan relación con un principio: la substancia. Todos los entes son o substancias o afecciones de las susbstancias. El sentido originario de ente corresponde a la substancia primera, es decir, al ente individual y real. El ente es para Aristóteles la realidad substancial.

La substancia no es un concepto predicable de nadie, ni un accidente, ni se predica de un sujeto ni está en él; deberá ser el sujeto mismo, éste hombre que se llama Sócrates. La substancia primera es el ente propiamente dicho, no es algo de otro ni algo en otro; es el objeto último de toda predicación y el fundamento de todos los accidentes.

La substancia individual está constituida por el acto. La substancia suprema es pues acto puro, por lo tanto la substancia es acto. La substancia es pues la forma. Como el ente es igual a la substancia individual, por ello es igual a la forma y a la esencia.

Según Santo Tomás de Aquino el ente propiamente dicho debe localizarse en la substancia. La ciencia del ser en cuanto ser es la ciencia de la substancia y de sus propiedades, sus principios y sus causas. La forma además hace a la substancia capaz de existir. Todo ente es lo que es en función de su forma y la forma es acto, el acto último en el orden de la substancialidad. Sin la forma no hay por lo tanto substancia, sin substancia nada que pueda existir, esto es, nada con existencia posible. Dice Santo Tomás de Aquino que ens est quod primum intellectus concipit  De veritate, q. 1 a 1c. y añadió que illud quod primo cadit sub apprehensione est ens S. Theol, II-1º q. XCIV a2..

Santo Tomás de Aquino desemboca más allá del plano aristotélico del acto sustancial. En el plano existencial  es en donde se dará un considerable avance en la consideración del ente. El existir, el actus essendi será un acto del ente.

La forma es el acto último que hace a la substancia capaz de existir. Pero hay que reconocer un nuevo acto (el ese) que pone a la substancia misma en la existencia. La forma hace a la substancia capaz de existir, pero hace falta el esse para existir.

Esta estructura de substancia y esse se compone de tres elementos: materia, forma y ese. De cara a la materia, la forma da el ser; de cara al esse lo recibe. Las substancias corpóreas constan de los tres elementos; las inteligencias finitas de las dos últimas; en Dios desaparece toda estructura porque es el ser necesario y es simple.

Si en Aristóteles las cosas se llaman entes en función de la substancia, en Santo Tomás de Aquino hasta la substancia se denomina ente por el esse.

Según Santo Tomás de Aquino hay distinción entre esencia y existencia pero la existencia no tiene exterioridad con respecto al ser A o ser B. No hay una esencia a la que se le añade un existir, sino que la esencia es esencia sólo por el esse.

Para Duns Escoto el ente en cuanto ente es sólo ente y nada más, ens. El ente puramente ente, el ens commune es el existente, el sujeto indeterminado de la existencia, toda esencia queda excluida. El sentido del ente es la exclusión del no ser.

El concepto del ente está obtenido y tiene un ser objetivo que, en el orden lógico es sujeto de todos los predicados, y en el ontológico fundamento de toda la realidad. Está absolutamente determinado, es lo primero inteligible, es lo más común. Por él y en él debemos conocer todo lo demás. El ens es lo más genérico.

El ens commune es el objeto del entendimiento humano mismo. Es el objeto de la metafísica. La naturaleza es algo indiferente a la singularidad y a la universalidad. El ens es lo más indiferente a la predicabilidad. El ens por ser indiferente es unívoco. Ens siempre significa lo mismo.

Toda determinación del ser, lo que hace al determinarlo es dividirlo; pepro aún así, esas determinaciones que se añaden como desde fuera al ser,  no pueden ser sino modos del ser mismo; en tal caso, esas determinaciones constituyen una división inherente al ser mismo, no extrínseca.

Cada sujeto está constituido como lo que es por una pluralidad de formalitates; cada constituyente esencial de una cosa  es una formalitas. Entre las diversas formalitates hay una distinción que no es real, ni tampoco lógica, sino precisamente una distinción formal.

La universalidad pertenece a la forma por cuanto es objeto del entendimiento, esto es: la universalidad pertenece propiamente no a la forma, sino a la species. La individualidad se explica no por la materia, como pretendían los que seguían a Aristóteles, porque la materia es indeterminación y la individualidad es la determinación última, la determinación que determina a ser esta cosa es la última actualitas rerum, a la que Duns Escoto llama haecceitas.

Francisco Suárez es ajeno a la noción tomista de acto puro, a la composición real de acto y potencia como fundamento de una diversidad radical entre los entes. Suárez piensa captar por una experiencia inmediata de orden psicológico, el concepto formal y objetivo de un ente indeterminado que no puede someterse, en razón de su simplicidad a la analogía de proporción, pero que tampoco es unívoco, ya que se concilia con la existencia efectiva de las diferencias (como las de substancia y accidente), de las que hace meramente abstracción, confundiendo su multiplicidad y no representando sino aquello en lo que coinciden y son de alguna manera semejantes.

Suárez admite que esta noción abstracta contiene la de ser uno en sí mismo, diversificado en sus inferiores ontológicamente, pero rechaza trasladar a lo concreto lo que no vale más que para el pensamiento e introducir en las cosas mismas distinciones formales. Para él las categorías aristotélicas conciernen a la sola esencia, es decir, a lo que permite conocer y definir al ente independientemente de su ser, pero considera la esencia como real por el mero hecho de no ser contradictoria. Lo posible, lo real, es lo no contradictorio. Mientras que para Santo Tomás de Aquino el término primero es el acto mismo de ser, del que todas las cosas  participan y que no participa de nada  (Quodlibet de anima, quaestio 6), que incluye, pues e incluso trasciende las esencias, de modo que los entes, virtuales o actuales, no son nada sino por su proporción con el esse, Suárez parece remitirnos a una noción abstracta del ens que contendría a la vez lo posible y lo real. Aunque rechaza la sustancialización de los posibles puros, niega que la esencia sea realmente separable de la existencia y la reciba como un agregado exterior.

Distingue la acepción de ente como nombre y como participio. Suárez localiza el ente en el ámbito de la esencia real o quididad. La esencia real se concibe como lo que no siendo contradictorio, ni fingido, ni quimérico, consiste únicamente en su aptitud para existir. Suárez no sólo es lo que es, sino que también es la condición o condiciones que hacen posible e inteligible todo ser. La doctrina del ente ha desembocado en un formalismo.

En Wolff el formalismo ontológico aparece muy claramente El ente es definido como todo aquello a lo que no repugna la existencia. (Philosophia prima sive ontologia, parágrafo 134. Definirá el ente a partir de la posibilidad o de la ausencia de contradicción. La posibilidad es, por su parte, principio de la esencia y ésta principio de la existencia.

La esencia da razón de todo lo que se da en un ente (atributos y modos). La existencia es un complemento de la posibilidad simple, complemento que no puede carecer de razón suficiente.

Bueno y España

En noviembre de 2005 apareció “España no es un mito” “Claves para una defensa razonada” de Gustavo Bueno. Es éste un libro muy oportuno, dada la crisis política gravísima por la que está atravesando nuestra patria: España, la Nación Española. Es éste un libro de intervención política de Gustavo Bueno, pero es una intervención política filosófica, realizada enteramente desde las coordenadas establecidas por la doctrina del materialismo filosófico. Es un libro patriótico. El libro es una defensa de España respondiendo a siete preguntas. El libro de Bueno utiliza todos los recursos teóricos del materialismo filosófico en lo referente a lo político utilizados ya en otros libros anteriores. Voy a proceder a seleccionar algunos pasajes que estimo muy importantes en el libro de Bueno, sin subestimar por ello el resto del libro, con un contenido filosófico y político muy complejo y potente.

            Los separatistas, una parte de la anti-España, sostienen que España no existe y por eso quieren separarse de ella. “¿Cómo puede uno separarse de lo que no existe?”[1] El separatista sostiene que la Nación Española no existe y que por lo tanto el Estado Español puede y debe desaparecer. Esta ideología anti-España es tolerada y respetada “porque la democracia así lo requiere”.[2]

            Bueno sostiene que los partidos separatistas deben ser prohibidos. No tienen cabida en el Estado. Son incompatibles con la existencia misma de la Nación Española. “¿No es ridículo que un gobierno democrático (como el actual gobierno de Rodríguez Zapatero) conceda beligerancia en el Parlamento español, en nombre de la democracia, a un proyecto soberanista de secesión como el que presentó el “presidente de Euskadi”, Ibarreche? ¿No es esto algo así como “criar la sierpe en su propio seno”? Una democracia no puede tolerar que se discuta en su propio Parlamento, no ya la idea de democracia en general (idea que se discute en la doctrina), sino la idea misma de una democracia ya constituida, la española. La libertad inherente a una democracia implica poder escribir libros contra la democracia, pero no defender la secesión en forma pública organizada. La democracia podrá a lo sumo tolerar que las ideas separatistas se publiquen, a título particular, en libros o en artículos “científicos” o de opinión, o en discusiones de quien, al hablar, sólo se representa a sí mismo; pero es ridículo permitir que a estas especulaciones se les de beligerancia en el mismo Parlamento contra cuya existencia están atentando.”[3]

            Estamos gobernados por la Anti-España. Uno de los tópicos ideológicos de este bloque histórico o Frente Popular es el pacifismo o síndrome pacifista fundamentalista (SPF). D. José Bono, Ministro de Defensa desde 2004 propone suprimir la palabra “guerra” de la Constitución Española de 1978, como si por ello, el fenómeno bélico se evaporase. Asimismo, declara en EE.UU. la estupidez progresista de que prefiere morir a matar. Estos sujetos olvidan que sin la violencia legítima del Estado, el Estado desaparece. “El Estado no puede subsistir sin las armas, y cuando un ministro de Defensa pide que sea borrado de la Constitución el término “guerra”, es porque vive en Babia o en Sinapia.”[4]

            España existe con anterioridad a la Constitución de 1978. La systasis o constitución material es anterior a la constitución formal o legal. España es anterior a la democracia. Es más, está por encima de la democracia. El patriotismo español es superior al patriotismo constitucional. Esto último es un invento del alemán Habermas para evitar el patriotismo alemán. Igual que Habermas identifica el patriotismo alemán con el nazismo, el PSOE y todo el Frente Popular identifica el patriotismo español con el franquismo. Prefiere entonces el progresismo hablar de patriotismo constitucional. Así también Rodríguez Zapatero prefiere decir que su patria es la libertad. “Desde esta perspectiva llega a tener resonancias ridículas y pedantes la fórmula habermasiana “patriotismo constitucional”, tan mimada por la socialdemocracia española.”[5]

            Es un grave error hablar de diálogo o de consenso. La España y la Anti-España son absolutamente incompatibles. No cabe el diálogo, sino la lucha y el conflicto existencial. Aquí la dialéctica amigo/enemigo entra en liza. O se desea que España exista o se desea que España no exista. “Se trata, sobre todo, de determinar el lugar en el que se origina aquella incompatibilidad que, obviamente, hará imposible cualquier imposibilidad de consenso. Cuando quien debate advierte que sus respuestas son incompatibles con los supuestos del adversario, y las posiciones irreductibles, entonces la coexistencia pacífica entre los dialogantes sólo puede tener lugar mediante actos de transigencia o tolerancia cuya vía más segura es la abstención ante cualquier circunstancia que implique reproducir los debates.”[6]

            La lengua española es oficial porque es la única lengua en la que se entienden realmente todos los españoles. Es el indicio de que España es una Nación unificada desde hace bastante tiempo ya.

            La Nación Española como nación política hay que decir que aparece en 1812. Antes ya existía España. Existió inicialmente como provincia del Imperio Romano. “No podría decirse que España comenzó a existir, en términos absolutos, en esta época. España, aún con el nombre de Hispania, y como unidad conformada, existía ya hacia finales de la república romana.”[7]

            España comienza como un proyecto imperialista antimusulmán. “En su origen, España no comienza a partir del desarrollo de algunos “núcleos de resistencia” al invasor musulmán, sino a partir de núcleos expansionistas o imperialistas.”[8]

            “Según esto, sólo podemos considerar como una verdad a medias la tesis de que “España comienza a existir durante el intervalo que se extiende desde el siglo VIII al XII”. A lo sumo, en estos siglos, la unidad de España comienza a existir como unidad proyectada hacia nuevas identidades, como una “metodología imperialista” (imperial) que se mantendrá a lo largo de los siglos XIII al XV, y se continuará, tras la toma de Granada, por África, América y Asia.”[9]

            España ya existía materialmente entonces. “La futura España” comenzó como unidad conformada por Roma y con una identidad romana en proceso que irá consolidándose (….) hasta  alcanzar el punto en el que casi todos los ciudadanos de la Península, y no sólo algunos distinguidos, en la época de Caracalla, llegaron a ser ciudadanos romanos.”[10]

            Todavía no era España una nación política. España empezó como Imperio, siguió como Estado y terminó como Nación política. “La España que va formándose en los siglos medievales no tiene la unidad de  una Nación política, ni tampoco la de un reino; tiene la unidad de un Imperio.”[11] Más adelante, Bueno precisa: “Era más bien una “comunidad de reinos” que, durante siglos actuaron guiados por un ortograma objetivo, preciso y convergente (que daría lugar a incesantes conflictos): detener la invasión musulmana, pero, sobre todo, atacarla a la contra, recuperando los territorios perdidos.”[12] Después, a comienzos del siglo XVI España ha logrado recuperar su unidad. “Su unidad no es la de una Nación política, pero sí la de una nación histórica, resultante de la fusión o confusión, más o menos intensa, de las diferentes naciones étnicas, estirpes, gentes o castas que se agrupaban en los reinos.”[13]

            Vamos, que España ya existía en el siglo XVI y también en el siglo XVII. Era una nación histórica. “España, como nación histórica (equivalente en extensión, aunque no en definición jurídica a una Nación política) ya existía…..si en 1624 el conde duque de Olivares, en su llamado Gran Memorial, se atreve a exhortar a Felipe IV a hacerse “Rey de España” es porque España ya existía como Nación histórica.”[14]

            Está claro que España sí que es una Nación política real. Esta obviedad hay que afirmarla y repetirla hoy porque el Régimen de 1978 ha desnacionalizado España. Ahí tenemos las afirmaciones de Savater de 15 de noviembre de 2005 cuando dijo que España se la sudaba. Savater es un hombre muy leído. Que lea o que recuerde a Tito Livio y a los clásicos antiguos. Que recuerde qué pena les estaba reservada a los atenienses que intentaran cambiar la constitución y a los ciudadanos romanos traidores. Este frívolo progresista al final, como progre que es, tiene que servir a su patrón y odiar a España. Lo que ha hecho este ciudadano es cometer un crimen de lesa patria aunque sea con su lenguaje despectivo e insultante, contra España y contra los españoles. Pero me pregunto yo, ¿Qué sería de Savater si España no existiera? ¿Sería su patria la libertad?

España es una Nación política porque la soberanía política, el poder político deriva del pueblo español según afirma la Constitución. El sujeto soberano es el Pueblo Español o Nación Española. La Nación política es la base del Estado. Jurídicamente, aunque ontológicamente, políticamente, es el Estado el que ha fabricado a la Nación. “Porque el Estado moderno no procede de la Nación política, sino que es la Nación política la que surge de la reorganización del Estado antiguo, del Antiguo Régimen.”[15] Además, aquí hay que decir que “Pueblo” designa, ante todo, a una muchedumbre viva que, en el presente, es concebida como capaz de expresar su voluntad política…..; pero la Nación no sólo designa al Pueblo que vive en ella, sino también a los muertos que la crearon, y a los hijos que todavía no han comenzado a vivir.”[16]

            También hay que decir que los proyectos secesionistas son esencialmente reaccionarios y suponen una involución histórica y un regreso al Antiguo Régimen. Esto es lo que defiende hoy ZP, el gran impulsor actual desde el Gobierno de la demolición de España.

            El secesionismo es un acto de latrocinio: “Pero el descuartizamiento de la Nación española tiene mucho de latrocinio, por lo menos para todos los españoles que consideran suyo el País Vasco, Cataluña, Galicia….”[17] Pero es que además es un crimen o delito de lesa patria y alta traición. Y eso se castiga con la muerte. Si como dice Cicerón, el mayor crimen es la traición a la patria y parece que es verdad. “Pero cuando se examina diligentemente y se considera todo, se advierte que no hay sociedad más venerada ni más digna de nuestro amor que la que cada uno de nosotros tiene con la República. Amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a los parientes, a los amigos, pero sólo la patria comprende a todos y cada uno de los que nos son queridos; por ella, ¿qué hombre de bien dudará lanzarse a la muerte para servirla? Por lo cual resulta más detestable la crueldad de aquellos que con todo género de crímenes han desgarrado el seno de la patria y están y estuvieron entregados a su destrucción.”[18] Hay ciertamente una eutanasia clínica. El sujeto decrépito puede ser eliminado por diversas razones con firmeza. Hay una eutanasia ética de la que Gustavo Bueno ha tratado en repetidas ocasiones al analizar la problemática de la pena de muerte. Hay una eutanasia desde la moral, cuando el sujeto decrépito moral debe morir para que la sociedad sea digna de seguir existiendo. Hay ciertamente también, así lo pienso yo, una eutanasia política por razón de Estado, por eutaxia política. El traidor debe morir. El enemigo público de la unidad y perseverancia en el ser de la patria debe ser eliminado para la sobrevivencia del Estado. Por eso el traidor a la patria merece morir. El enemigo debe morir, ya sea un enemigo exterior mediante la guerra o un enemigo interior mediante la guerra u otras formas de acción militar o policial. La secesión debe ser combatida ciertamente con argumentos y razones de todo tipo. Sin embargo, nunca olvidemos en el caso español el artículo 8 de la Constitución Española de 1978. El Estado debe ejercitar en caso necesario el legítimo y legal y constitucional uso del monopolio legítimo de la violencia contra sus enemigos, los enemigos de la paz y de la tranquilidad pública. Aquí, por supuesto rigen las reglas de la prudencia política, de la razón de Estado o de los arcana imperii.  La exploración de la symploké existente entre la eutanasia procesal desde el punto de vista ético, moral y político es una de las tareas pendientes que debe realizar el materialismo filosófico.

            Gustavo Bueno afirma que la mayor parte del odio hacia España procede de las izquierdas. Esto se predica básicamente de las izquierdas de tercera, cuarta y quinta generación. En el fondo estas izquierdas citadas son parte de la Anti-España. Han interiorizado la Leyenda Negra antiespañola y se dedican a denigrar a la Nación Española. Dicen que eso de España es propio de “fachas”.[19]

            Después de la desaparición de la URSS y del socialismo real en el Este de Europa, la distinción pierde sentido. La antigua derecha se hace liberal, conservadora y las antiguas izquierdas asumen el capitalismo y la democracia burguesa. La oposición económica y política ha perdido sentido como bien señala Bueno. Esto obliga a inventar nuevas áreas de conflicto entre izquierda y derecha según Bueno. “Las izquierdas de nuestra época, aunque manteniendo sus ideologías, tendrán que refugiarse de hecho en terrenos no definibles políticamente.”[20] Por eso ahora se dedican a la necrofilia política. Es lo que llaman la “memoria histórica.” “Ante todo, en terrenos psicológicos (aunque con incidencia social, más que política): las izquierdas, sabedoras de su convergencia política con la ya evolucionada antigua derecha, y rencorosas por lo que ellas perciben como frustración personal, buscan el modo de mantener su distancia y su separación con la derecha, y como lo la encuentran en el presente recurren a la “memoria histórica”.[21] Entonces, en esta situación, “resulta que la oposición política izquierda/derecha va degenerando en un intento miserable de mantenerse frente a personas por razón de su militancia en antiguas bandas que hace ya muchos años dejaron de existir (algo así como si tratasen de reavivar los enfrentamientos que tuvieron en sus tiempos escolares).”[22] Entonces la izquierda se convierte en un mito, al igual que la derecha. Unos arribistas malandrines cultivan toda esta retórica para alcanzar el poder y para retenerlo. Eso es todo. La degeneración de las izquierdas desemboca en las izquierdas indefinidas.

            Y ¿Cuál es la posición de las izquierdas tercera, cuarta y quinta ante España? Me refiero al anarquismo, socialismo y comunismo. Aquí Gustavo Bueno es claro: “hay que reconocer que las otras generaciones de izquierdas –anarquistas, socialistas y comunistas- han tomado grandes distancias ante España y su historia en cuanto “Patria común de los españoles.”[23] Bueno afirma que las izquierdas extravagantes tienen un concepto político que no es de este mundo. Cultivan la utopía. Comunistas, socialistas y anarquistas acaso también serían utópicos y tendrían unos proyectos políticos que no son de este mundo o por lo menos, que no tienen en cuenta a España como Nación política. La izquierda no ha traicionado a España como afirmaba en 1999 César Alonso de los Ríos. Las izquierdas simplemente son así. Son la Anti-España. Ahora están laborando afanosamente para destruir España. Ese es hoy en 2005 su proyecto político. “La izquierda socialista y la izquierda comunista no se traicionan al desviarse hacia una política de balcanización de España; es cierto que, con sus mismas premisas, podrían volver a defender, cambiando sus parámetros, un patriotismo español.”[24]

España no es el centro de sus preocupaciones, Bueno dixit. “Pero la defensa de España, para socialistas y comunistas, es tan coyuntural como el ataque.”[25] Es que  a fin de cuentas las doctrinas políticas que desprecian el Estado finalmente tienden a subestimar el papel de la dialéctica de los Estados en la Historia. El reino de las izquierdas tampoco es de este mundo. Viven de mitos como el del “Proletariado” o el del “Hombre nuevo”. Desprecian la propiedad privada y la libertad política y eso hace que sus doctrinas políticas estén viciadas de raíz. Esto se puede predicar de sus doctrinas antes de 1992, que después de tal año no hay nada. Es el nihilismo pasivo. Es el resentimiento.

            También España permanece muy lejos de la atención de las izquierdas indefinidas. Lo inane de tales ideologías queda así de manifiesto para todo observador. La vaciedad de las izquierdas definidas conduce a las indefinidas. La vacuidad y trivialidad intelectual de las izquierdas indefinidas nos lleva a la conclusión de que forman parte de la Anti-España. Todo proyecto político español, patriótico, nacional pasa necesariamente por el enfrentamiento con las izquierdas de tercera, cuarta y quinta generación. La distinción de Carl Schmitt entre amigo y enemigo para definir lo político se comprende precisamente en este contexto. La izquierda jacobina no existe y la liberal es hoy considerada como derecha. Claro que hoy en España lo más importante es conservar la unidad política de España y las fuerzas políticas se dividen en España y antiEspaña. La contradicción fundamental en España hoy se da entre los partidarios de España y sus adversarios y enemigos.

            En suma, el libro de Bueno es un libro lleno de patriotismo y de razones para defender España de la Anti-España. Es un patriotismo ateo, católico, liberal, conservador y de orden.  Hoy no se puede ser de izquierdas y ser patriota español[26] en primer lugar porque la o las izquierdas son un mito y porque en segundo lugar nunca consideran que España sea lo primero. Desprecian el patriotismo como algo burgués, facha, derechista, etc. No se enteran. Han tomado el partido de la Anti-España hace ya tiempo. Los progresistas o los izquierdistas en versiones degradadas o degeneradas afirman: “La Nación Española es una idea de derechas. Nosotros no podemos defender España porque somos de izquierda.” Es que ponen sus proyectos políticos por encima de España.  Por eso son antipatrióticas. Para los anarquistas lo más importante es el anarquismo. España viene en segundo lugar o en último lugar. Para los socialistas es el socialismo o la socialdemocracia o el armonismo irenista lo más importante y antes que España[27]. Para los comunistas era el comunismo, encarnado en la URSS lo más importante y mucho más importante que España.



[1] Gustavo Bueno, “ España no es un mito” , Claves para una defensa razonada”, 302 páginas. Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 2005. pág. 16.
[2] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 24.
[3] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 111.
[4] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 28.
[5]  Gustavo Bueno, op. cit. pág. 47.
[6]  Gustavo Bueno, op. cit. pag. 67.
[7] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 71.
[8]  Gustavo Bueno, op. cit. pág. 70.
[9] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 71.
[10] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 71.
[11] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 76.
[12]  Gustavo Bueno, op. cit. pág. 76.
[13]  Gustavo Bueno, op. cit. pág. 78.
[14] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 78.
[15] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 88.
[16] Gustavo Bueno, op. cit. págs. 108-109.
[17] Gustavo Bueno, op. cit. pag. 122.
[18]  Marco Tulio Cicerón, “Sobre los deberes”, Libro I, 57. Traducido por José Guillén. Editorial Tecnos, Madrid, 1989, pág. 31.
[19] Y pregunto yo, ¿Qué será de esas izquierdas insatisfechas y resentidas cuando consigan sus objetivos y queden satisfechas y sin plataforma política nacional?
[20] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 135.
[21] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 135.
[22] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 135.
[23] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 148.
[24] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 152.
[25] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 152.
[26] Evidentemente, la Idea de España como Nación Política aparece en 1812 y es una Idea liberal. Pero hoy diríamos que es liberal conservadora. ¿Qué es la derecha? ¿Existe la derecha? Sería la derecha la o las fuerzas políticas que defienden la alianza entre el trono y el altar o el Antiguo Régimen. ¿Quién defiende hoy eso?
[27] Incluso podemos afirmar que más importante es mantenerse en el poder político. Tener el control del Estado es más importante que conservar su eutaxia política.

El argumento ontológico de San Anselmo


Este es el argumento ontológico de san ANSELMO:

Primera premisa:

“Domine credimus te esse aliquid quod nihil maius cogitarit possit.”

(Señor, creemos que eres algo tal que nada mayor puede ser pensado.)

La segunda premisa es así:

“Certe id quod maius cogitaret nequid non potest esse in solo intellectum.”

Ciertamente aquello mayor de lo cual nada puede ser pensado, no puede ser sólo en la mente.

Conclusión:

“Exsistet ergo procul dubio aliquid quod maius cogitarit non valet et in intellectum et in me.”

(Existe pues sin ninguna duda de que no se puede pensar algo mayor en el intelecto ni en la mente.)

El tema es, el problema está en esa traducción vulgar, en qué es la idea o concepto. ¿Qué es eso de “quid cogitaret posset”? Hay dos concepciones sobre la idea en su época, una platónica (que siguen san Agustín, Porfirio, Plotino) y la otra aristotélica (que siguen Boecio y la logica vetus).

La concepción de Aristóteles es de tipo eidético conceptual, en un realismo moderado La idea tiene una existencia mental. Lo que es una cosa y un concepto es idéntico. En la existencia está la diferencia (la existencia lógica en la mente y la existencia real en la realidad).

Platón  es un realista  y su concepción de las Ideas se fundamenta en la causalidad ejemplar, las ideas son modelo de unas copias. La realidad es el modelo el concepto es la copia, la palabra es copia y el concepto modelo. Es una relación de conformidad. Para Platón la idea es reguladora de las copias, la que determina (sentido activo) a las cosas. No es tanto representativa (comprensiva) sino operativa. San Anselmo la toma de san Agustín (adaptado a la Edad media).

jueves, 28 de abril de 2016

Cuestiones sobre el Primer Motor Inmóvil

Como todo el mundo sabe, la filosofía primera de Aristóteles para explicar el movimiento desemboca en una teología, teniendo así la filosofía primera de Aristóteles dos vertientes: la teológica y la ontológica o como bien dijo Heidegger, es el origen de la ontoteología. En esta teología, partiendo del movimiento se llega a un Primer Motor Inmóvil que mueve sin ser movido y desde un punto de vista ontológico a un acto puro, noesis noéseos, pensamiento del pensamiento.
El universo es un conjunto de esferas concéntricas. Todas las esferas se mueven y cada esfera se mueve por un motor o inteligencia. Surge la cuestión de si cada motor inmóvil o inteligencia se mueve a imitación del Primer Motor Inmóvil o por arrastre de éste.
Podríamos pensar que el movimiento del primum movens se comunicaba mecánicamente a las esferas interiores por contacto. Hay 55 esferas más 1 esfera celeste o de las estrellas fijas. En total, hay 56 esferas.
El motor inmóvil es un ser en acto, pura forma. Como el movimiento del cielo es continuo y uniforme le hace falta un motor eternamente en acto y cuya acción sea inmutable, es decir, un motor indivisible. Ese motor es una inteligencia siempre en acto, pensamiento (noesis) del pensamiento (noesis noéseos), pensamiento del puro pensamiento. Es un pensamiento que se piensa a sí mismo. Es el acto puro.
Cada una de las esferas celestes tiene un movimiento propio totalmente independiente del de las demás. Hay tantos motores como esferas y movimientos. Esto es un cierto politeísmo.
Dios es solidario con la unidad del mundo. Esto es cosmismo. Hay además una jerarquía de motores e inteligencias. Este orden jerárquico proviene del Primer Motor Inmóvil. Se transmite por el movimiento de los cielos hasta la Tierra. Cada uno de los términos es la causa final que determina el término inferior mientras el movimiento del cielo se esfuerza en imitar la inmutabilidad divina, mediante su circularidad y su uniformidad. El impulso uniforme del movimiento proviene del Primer Motor, Dios, como causa final ejemplar universal. Cada astro está animado por su propio motor y su movimiento circular perfecto y exacto se debe en último término al Primer Motor. Toda la realidad sensible depende del Acto Puro, substancia eterna, divina, inmóvil y perfectísima. Nada se mueve de la potencia al acto sin un ser en acto.
Las respuestas que se han dado para explicar el movimiento de las esferas celestes son dos: o son movidas por el movimiento derivado del primer cielo, que se transmitiría mecánicamente de una esfera a otra, o bien son movidas por otras substancias suprasensibles, inmóviles o eternas, que mueven de modo análogo al primer motor. Aristóteles asume la segunda solución.
Los motores inmóviles son substancias inteligentes, capaces de mover de modo análogo a Dios, esto es, como causas finales relativas a las diversas esferas. Hay 55 motores intelectuales más el Primer Motor Inmóvil o Acto Puro. Total, 56 inteligencias. Dios sólo mueve la primera esfera e indirectamente a las demás. A pesar de esta multiplicidad de inteligencias divinas, Aristóteles dice que las cosas tienen que estar gobernadas por un solo principio. Las inteligencias son todas distintas, individuos distintos, pero como no tienen materia, son clases únicas de un sólo elemento cada una. Las inteligencias son distintas del acto puro. Sólo el acto puro es Dios.
En la Edad Media el cristianismo introduce el tema de la creatio ex nihilo y entonces se considera que las esferas son movidas por inteligencias angélicas, mientras que en el judaísmo y en el Islam se sostiene que las esferas son movidas por motores inertes.

La defensa de la constitución

Hans Kelsen era un filósofo del derecho cuyo pensamiento ha influido notablemente en el derecho del siglo XX. Partiendo de un positivismo jurídico que sostiene que la ley, el derecho lo hace el Estado, pasa a un formalismo jurídico que sostiene que la ley procede de la ley. El derecho es autofundante. Además, el Estado y el derecho u orden jurídico son una y la misma cosa. La Ley procede de manera descendente desde la cúspide de una pirámide en cuyo vértice se sitúa la constitución. La jerarquía normativa exige que todas las leyes o normas que integran un sistema u ordenamiento jurídico sean coherentes entre sí y que no contradigan la constitución. ¿De dónde procede la constitución? de la Grundnorm, un procedimiento constructivo del derecho.
Hans Kelsen es el inventor del tribunal constitucional, un órgano mitad jurídico mitad político para determinar la constitucionalidad de las leyes. El tribunal constitucional debe defender la constitución. Es una suerte de legislador negativo. Frente a este tipo de filosofía del derecho se erige la filosofía del derecho de Carl Schmitt, el decisionismo político. Esta doctrina afirma que el derecho surge del poder político, del soberano, quien tiene la decisión sobre el amigo y el enemigo públicos, sobre el estado de excepción, el que manda, en definitiva. La política es el arte de mandar sobre los hombres, el dominio del hombre sobre el hombre. Un vacío normativo inicial da paso a las decisiones del soberano y así nace el derecho. Según Schmitt se trata de decisiones políticas. Se trata por parte del soberano de determinar quién es el amigo y quién es el enemigo público. El soberano no es otra cosa que la unidad política denominada Estado. El que tiene que defender la constitución es el soberano, el que manda.
Kelsen está en la tradición de la doctrina alemana del Estado de derecho. La teoría del Estado es la teoría del Estado de derecho y por lo demás, no hay ningún Estado que no sea de derecho eo ipso. La defensa de la constitución debe ser llevada a cabo por un órgano jurídico-político cuya función es el defender la constitución contra sus posibles violaciones. Es un órgano garantista pues el tribunal constitucional. La función política de la constitución es la de poner límites jurídicos al ejercicio del poder político. El tribunal constitucional tiene un carácter político en una medida mayor que la función de los otros tribunales.
Por su parte, Schmitt afirma que hay una contradicción esencial entre la función jurisdiccional y las funciones políticas. Esto es falso para Kelsen. El ejercicio del poder judicial es un ejercicio del poder político. Toda sentencia judicial es una decisión política, de carácter político de la justicia. Todo conflicto jurídico, ciertamente, es un conflicto de intereses, esto es, un conflicto de poder. Toda disputa jurídica es pues consecuentemente, una controversia política y todo conflicto político o de intereses o de poder puede ser resuelto como una controversia jurídica. Todo puede ser juridificado según Kelsen entonces. Se abre así la puerta al gobierno de los jueces.
Según Schmitt, por el contrario, ocurre que las cuestiones políticas no son juridificables. Julien Freund nos dice que lo jurídico no comprende todo el ámbito de lo político.. No todo lo político puede ser juridificable.

El ateísmo, 1997



Uno de los tópicos que últimamente no son tratados con frecuencia en
la filosofía de nuestro tiempo (si es que así merece ser llamada, lo que yo
dudo) es el tema del ateísmo. El ateísmo, su tema, su cuestión siguen siendo
línea demarcadora entre unos y otros en filosofía y política y ello por
mucho que algunos ideólogos interesados se empeñen en desterrar tales temas
al baúl de los recuerdos del siglo XIX. El irenismo es el peor enemigo de la
filosofía. La filosofía no tiene nada que ver con el consenso, sino más bien
con la guerra, con la polémica. De modo que con este artículo pretendo ser
polémico y mi posición será contraria al agnosticismo y al teísmo.
Aclararé de entrada que no son lo mismo ateísmo que impiedad. El
ateo niega práctica y teóricamente a Dios o a los dioses. Es un término
relativo. Se es ateo respecto de algún Dios o dioses. La impiedad en cambio
es la negación teórica y práctica de la religión. El caso de Aristóteles es
a este respecto paradigmático para entender mis afirmaciones. Aristóteles
sostiene que hay un Dios (El acto puro) pero niega práctica y teóricamente
la religión (el acto puro ni oye, ni ve, ni sabe nada de nada, salvo de sí
mismo, por lo que las oraciones y plegarias no sirven para nada y con ello,
la religión es trascendentalmente imposible en Aristóteles). Así,
Aristóteles sería teísta pero impío.
Después de Spinoza, Kant, Marx, Feuerbach, Nietzsche, Sartre, Freud,
G. Bueno, la teología escupe sangre por la boca. La religión ha recibido ya
los suficientes palos como para que se mire con desconfianza al que la
practica y respeta así como para no considerar seriamente al que aún cree en
Dios.
Las pruebas de la existencia de Dios de la filosofía clásica se han
mostrado como falaces. La Ontología no necesita a Dios. La Cosmología
tampoco necesita a Dios, la Psicología rechaza el concepto de alma. La
Teología es una pseudociencia ideológica al servicio de intereses
eclesiásticos que nada racional puede ofrecernos. La Ciencia prescinde de
Dios. La ética no necesita de Dios para autofundamentarse desde Spinoza y
Kant. Entonces ¿Para qué sirve Dios hoy día aún? ¿Para dar sentimientos de
tranquilidad y de esperanza y paz espiritual? Muchos fármacos consiguen
producir esos efectos en el sistema nervioso central sin tanto aparato
místico. La función de Dios hoy, así como la de la religión es perpetuar la
opresión, favorecer la comodidad y la tranquilidad al precio de la
estupidez. La religión consuela al pueblo y da seguridad, esperanza, al
precio de la necedad y de la neurosis obsesiva. Es el perpetuamiento
voluntario de la culpable minoría de edad de la que habló Kant en "¿Qué es
ilustración?" (1784) Aún queda mucho para que la gente se percate de que ya
está cortada desde hace mucho tiempo el último ancla de toda esperanza y de
que como muy bien señaló Nietzsche en el siglo pasado, Dios ha muerto y lo
hemos matado nosotros para asumir con entera libertad nuestro destino y para
dar un sentido autónomo a nuestras vidas en un horizonte emancipatorio y
racionalista.
Por ello, no tiene sentido un partido religioso de izquierdas???.
¿Qué tiene que ver el materialismo histórico con el Espíritu Santo? Sólo un
partido de izquierda roja, ateo, ilustrado, racionalista, impío es para mí
una garantía de claridad y coherencia de principios. Los creyentes que
quieran que colaboren pero que sepan que no estamos dispuestos a sacrificar
nuestros principios para darles gusto a ellos.
Izquierda es igual a socialismo más racionalismo y el racionalismo y
la religión mal avenidos están. La fe es irracional, arbitraria y ya carece
de todo fundamento. Para alguien que quiera liberar al hombre de sus temores
y angustias y esperanzas, la religión ha de estar lejos, fuera de su
proyecto emancipador. Por eso es por lo que no es ninguna tontería hoy aún
delimitar filosóficamente entre ateos y teístas.