sábado, 30 de abril de 2016

Bueno y España

En noviembre de 2005 apareció “España no es un mito” “Claves para una defensa razonada” de Gustavo Bueno. Es éste un libro muy oportuno, dada la crisis política gravísima por la que está atravesando nuestra patria: España, la Nación Española. Es éste un libro de intervención política de Gustavo Bueno, pero es una intervención política filosófica, realizada enteramente desde las coordenadas establecidas por la doctrina del materialismo filosófico. Es un libro patriótico. El libro es una defensa de España respondiendo a siete preguntas. El libro de Bueno utiliza todos los recursos teóricos del materialismo filosófico en lo referente a lo político utilizados ya en otros libros anteriores. Voy a proceder a seleccionar algunos pasajes que estimo muy importantes en el libro de Bueno, sin subestimar por ello el resto del libro, con un contenido filosófico y político muy complejo y potente.

            Los separatistas, una parte de la anti-España, sostienen que España no existe y por eso quieren separarse de ella. “¿Cómo puede uno separarse de lo que no existe?”[1] El separatista sostiene que la Nación Española no existe y que por lo tanto el Estado Español puede y debe desaparecer. Esta ideología anti-España es tolerada y respetada “porque la democracia así lo requiere”.[2]

            Bueno sostiene que los partidos separatistas deben ser prohibidos. No tienen cabida en el Estado. Son incompatibles con la existencia misma de la Nación Española. “¿No es ridículo que un gobierno democrático (como el actual gobierno de Rodríguez Zapatero) conceda beligerancia en el Parlamento español, en nombre de la democracia, a un proyecto soberanista de secesión como el que presentó el “presidente de Euskadi”, Ibarreche? ¿No es esto algo así como “criar la sierpe en su propio seno”? Una democracia no puede tolerar que se discuta en su propio Parlamento, no ya la idea de democracia en general (idea que se discute en la doctrina), sino la idea misma de una democracia ya constituida, la española. La libertad inherente a una democracia implica poder escribir libros contra la democracia, pero no defender la secesión en forma pública organizada. La democracia podrá a lo sumo tolerar que las ideas separatistas se publiquen, a título particular, en libros o en artículos “científicos” o de opinión, o en discusiones de quien, al hablar, sólo se representa a sí mismo; pero es ridículo permitir que a estas especulaciones se les de beligerancia en el mismo Parlamento contra cuya existencia están atentando.”[3]

            Estamos gobernados por la Anti-España. Uno de los tópicos ideológicos de este bloque histórico o Frente Popular es el pacifismo o síndrome pacifista fundamentalista (SPF). D. José Bono, Ministro de Defensa desde 2004 propone suprimir la palabra “guerra” de la Constitución Española de 1978, como si por ello, el fenómeno bélico se evaporase. Asimismo, declara en EE.UU. la estupidez progresista de que prefiere morir a matar. Estos sujetos olvidan que sin la violencia legítima del Estado, el Estado desaparece. “El Estado no puede subsistir sin las armas, y cuando un ministro de Defensa pide que sea borrado de la Constitución el término “guerra”, es porque vive en Babia o en Sinapia.”[4]

            España existe con anterioridad a la Constitución de 1978. La systasis o constitución material es anterior a la constitución formal o legal. España es anterior a la democracia. Es más, está por encima de la democracia. El patriotismo español es superior al patriotismo constitucional. Esto último es un invento del alemán Habermas para evitar el patriotismo alemán. Igual que Habermas identifica el patriotismo alemán con el nazismo, el PSOE y todo el Frente Popular identifica el patriotismo español con el franquismo. Prefiere entonces el progresismo hablar de patriotismo constitucional. Así también Rodríguez Zapatero prefiere decir que su patria es la libertad. “Desde esta perspectiva llega a tener resonancias ridículas y pedantes la fórmula habermasiana “patriotismo constitucional”, tan mimada por la socialdemocracia española.”[5]

            Es un grave error hablar de diálogo o de consenso. La España y la Anti-España son absolutamente incompatibles. No cabe el diálogo, sino la lucha y el conflicto existencial. Aquí la dialéctica amigo/enemigo entra en liza. O se desea que España exista o se desea que España no exista. “Se trata, sobre todo, de determinar el lugar en el que se origina aquella incompatibilidad que, obviamente, hará imposible cualquier imposibilidad de consenso. Cuando quien debate advierte que sus respuestas son incompatibles con los supuestos del adversario, y las posiciones irreductibles, entonces la coexistencia pacífica entre los dialogantes sólo puede tener lugar mediante actos de transigencia o tolerancia cuya vía más segura es la abstención ante cualquier circunstancia que implique reproducir los debates.”[6]

            La lengua española es oficial porque es la única lengua en la que se entienden realmente todos los españoles. Es el indicio de que España es una Nación unificada desde hace bastante tiempo ya.

            La Nación Española como nación política hay que decir que aparece en 1812. Antes ya existía España. Existió inicialmente como provincia del Imperio Romano. “No podría decirse que España comenzó a existir, en términos absolutos, en esta época. España, aún con el nombre de Hispania, y como unidad conformada, existía ya hacia finales de la república romana.”[7]

            España comienza como un proyecto imperialista antimusulmán. “En su origen, España no comienza a partir del desarrollo de algunos “núcleos de resistencia” al invasor musulmán, sino a partir de núcleos expansionistas o imperialistas.”[8]

            “Según esto, sólo podemos considerar como una verdad a medias la tesis de que “España comienza a existir durante el intervalo que se extiende desde el siglo VIII al XII”. A lo sumo, en estos siglos, la unidad de España comienza a existir como unidad proyectada hacia nuevas identidades, como una “metodología imperialista” (imperial) que se mantendrá a lo largo de los siglos XIII al XV, y se continuará, tras la toma de Granada, por África, América y Asia.”[9]

            España ya existía materialmente entonces. “La futura España” comenzó como unidad conformada por Roma y con una identidad romana en proceso que irá consolidándose (….) hasta  alcanzar el punto en el que casi todos los ciudadanos de la Península, y no sólo algunos distinguidos, en la época de Caracalla, llegaron a ser ciudadanos romanos.”[10]

            Todavía no era España una nación política. España empezó como Imperio, siguió como Estado y terminó como Nación política. “La España que va formándose en los siglos medievales no tiene la unidad de  una Nación política, ni tampoco la de un reino; tiene la unidad de un Imperio.”[11] Más adelante, Bueno precisa: “Era más bien una “comunidad de reinos” que, durante siglos actuaron guiados por un ortograma objetivo, preciso y convergente (que daría lugar a incesantes conflictos): detener la invasión musulmana, pero, sobre todo, atacarla a la contra, recuperando los territorios perdidos.”[12] Después, a comienzos del siglo XVI España ha logrado recuperar su unidad. “Su unidad no es la de una Nación política, pero sí la de una nación histórica, resultante de la fusión o confusión, más o menos intensa, de las diferentes naciones étnicas, estirpes, gentes o castas que se agrupaban en los reinos.”[13]

            Vamos, que España ya existía en el siglo XVI y también en el siglo XVII. Era una nación histórica. “España, como nación histórica (equivalente en extensión, aunque no en definición jurídica a una Nación política) ya existía…..si en 1624 el conde duque de Olivares, en su llamado Gran Memorial, se atreve a exhortar a Felipe IV a hacerse “Rey de España” es porque España ya existía como Nación histórica.”[14]

            Está claro que España sí que es una Nación política real. Esta obviedad hay que afirmarla y repetirla hoy porque el Régimen de 1978 ha desnacionalizado España. Ahí tenemos las afirmaciones de Savater de 15 de noviembre de 2005 cuando dijo que España se la sudaba. Savater es un hombre muy leído. Que lea o que recuerde a Tito Livio y a los clásicos antiguos. Que recuerde qué pena les estaba reservada a los atenienses que intentaran cambiar la constitución y a los ciudadanos romanos traidores. Este frívolo progresista al final, como progre que es, tiene que servir a su patrón y odiar a España. Lo que ha hecho este ciudadano es cometer un crimen de lesa patria aunque sea con su lenguaje despectivo e insultante, contra España y contra los españoles. Pero me pregunto yo, ¿Qué sería de Savater si España no existiera? ¿Sería su patria la libertad?

España es una Nación política porque la soberanía política, el poder político deriva del pueblo español según afirma la Constitución. El sujeto soberano es el Pueblo Español o Nación Española. La Nación política es la base del Estado. Jurídicamente, aunque ontológicamente, políticamente, es el Estado el que ha fabricado a la Nación. “Porque el Estado moderno no procede de la Nación política, sino que es la Nación política la que surge de la reorganización del Estado antiguo, del Antiguo Régimen.”[15] Además, aquí hay que decir que “Pueblo” designa, ante todo, a una muchedumbre viva que, en el presente, es concebida como capaz de expresar su voluntad política…..; pero la Nación no sólo designa al Pueblo que vive en ella, sino también a los muertos que la crearon, y a los hijos que todavía no han comenzado a vivir.”[16]

            También hay que decir que los proyectos secesionistas son esencialmente reaccionarios y suponen una involución histórica y un regreso al Antiguo Régimen. Esto es lo que defiende hoy ZP, el gran impulsor actual desde el Gobierno de la demolición de España.

            El secesionismo es un acto de latrocinio: “Pero el descuartizamiento de la Nación española tiene mucho de latrocinio, por lo menos para todos los españoles que consideran suyo el País Vasco, Cataluña, Galicia….”[17] Pero es que además es un crimen o delito de lesa patria y alta traición. Y eso se castiga con la muerte. Si como dice Cicerón, el mayor crimen es la traición a la patria y parece que es verdad. “Pero cuando se examina diligentemente y se considera todo, se advierte que no hay sociedad más venerada ni más digna de nuestro amor que la que cada uno de nosotros tiene con la República. Amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a los parientes, a los amigos, pero sólo la patria comprende a todos y cada uno de los que nos son queridos; por ella, ¿qué hombre de bien dudará lanzarse a la muerte para servirla? Por lo cual resulta más detestable la crueldad de aquellos que con todo género de crímenes han desgarrado el seno de la patria y están y estuvieron entregados a su destrucción.”[18] Hay ciertamente una eutanasia clínica. El sujeto decrépito puede ser eliminado por diversas razones con firmeza. Hay una eutanasia ética de la que Gustavo Bueno ha tratado en repetidas ocasiones al analizar la problemática de la pena de muerte. Hay una eutanasia desde la moral, cuando el sujeto decrépito moral debe morir para que la sociedad sea digna de seguir existiendo. Hay ciertamente también, así lo pienso yo, una eutanasia política por razón de Estado, por eutaxia política. El traidor debe morir. El enemigo público de la unidad y perseverancia en el ser de la patria debe ser eliminado para la sobrevivencia del Estado. Por eso el traidor a la patria merece morir. El enemigo debe morir, ya sea un enemigo exterior mediante la guerra o un enemigo interior mediante la guerra u otras formas de acción militar o policial. La secesión debe ser combatida ciertamente con argumentos y razones de todo tipo. Sin embargo, nunca olvidemos en el caso español el artículo 8 de la Constitución Española de 1978. El Estado debe ejercitar en caso necesario el legítimo y legal y constitucional uso del monopolio legítimo de la violencia contra sus enemigos, los enemigos de la paz y de la tranquilidad pública. Aquí, por supuesto rigen las reglas de la prudencia política, de la razón de Estado o de los arcana imperii.  La exploración de la symploké existente entre la eutanasia procesal desde el punto de vista ético, moral y político es una de las tareas pendientes que debe realizar el materialismo filosófico.

            Gustavo Bueno afirma que la mayor parte del odio hacia España procede de las izquierdas. Esto se predica básicamente de las izquierdas de tercera, cuarta y quinta generación. En el fondo estas izquierdas citadas son parte de la Anti-España. Han interiorizado la Leyenda Negra antiespañola y se dedican a denigrar a la Nación Española. Dicen que eso de España es propio de “fachas”.[19]

            Después de la desaparición de la URSS y del socialismo real en el Este de Europa, la distinción pierde sentido. La antigua derecha se hace liberal, conservadora y las antiguas izquierdas asumen el capitalismo y la democracia burguesa. La oposición económica y política ha perdido sentido como bien señala Bueno. Esto obliga a inventar nuevas áreas de conflicto entre izquierda y derecha según Bueno. “Las izquierdas de nuestra época, aunque manteniendo sus ideologías, tendrán que refugiarse de hecho en terrenos no definibles políticamente.”[20] Por eso ahora se dedican a la necrofilia política. Es lo que llaman la “memoria histórica.” “Ante todo, en terrenos psicológicos (aunque con incidencia social, más que política): las izquierdas, sabedoras de su convergencia política con la ya evolucionada antigua derecha, y rencorosas por lo que ellas perciben como frustración personal, buscan el modo de mantener su distancia y su separación con la derecha, y como lo la encuentran en el presente recurren a la “memoria histórica”.[21] Entonces, en esta situación, “resulta que la oposición política izquierda/derecha va degenerando en un intento miserable de mantenerse frente a personas por razón de su militancia en antiguas bandas que hace ya muchos años dejaron de existir (algo así como si tratasen de reavivar los enfrentamientos que tuvieron en sus tiempos escolares).”[22] Entonces la izquierda se convierte en un mito, al igual que la derecha. Unos arribistas malandrines cultivan toda esta retórica para alcanzar el poder y para retenerlo. Eso es todo. La degeneración de las izquierdas desemboca en las izquierdas indefinidas.

            Y ¿Cuál es la posición de las izquierdas tercera, cuarta y quinta ante España? Me refiero al anarquismo, socialismo y comunismo. Aquí Gustavo Bueno es claro: “hay que reconocer que las otras generaciones de izquierdas –anarquistas, socialistas y comunistas- han tomado grandes distancias ante España y su historia en cuanto “Patria común de los españoles.”[23] Bueno afirma que las izquierdas extravagantes tienen un concepto político que no es de este mundo. Cultivan la utopía. Comunistas, socialistas y anarquistas acaso también serían utópicos y tendrían unos proyectos políticos que no son de este mundo o por lo menos, que no tienen en cuenta a España como Nación política. La izquierda no ha traicionado a España como afirmaba en 1999 César Alonso de los Ríos. Las izquierdas simplemente son así. Son la Anti-España. Ahora están laborando afanosamente para destruir España. Ese es hoy en 2005 su proyecto político. “La izquierda socialista y la izquierda comunista no se traicionan al desviarse hacia una política de balcanización de España; es cierto que, con sus mismas premisas, podrían volver a defender, cambiando sus parámetros, un patriotismo español.”[24]

España no es el centro de sus preocupaciones, Bueno dixit. “Pero la defensa de España, para socialistas y comunistas, es tan coyuntural como el ataque.”[25] Es que  a fin de cuentas las doctrinas políticas que desprecian el Estado finalmente tienden a subestimar el papel de la dialéctica de los Estados en la Historia. El reino de las izquierdas tampoco es de este mundo. Viven de mitos como el del “Proletariado” o el del “Hombre nuevo”. Desprecian la propiedad privada y la libertad política y eso hace que sus doctrinas políticas estén viciadas de raíz. Esto se puede predicar de sus doctrinas antes de 1992, que después de tal año no hay nada. Es el nihilismo pasivo. Es el resentimiento.

            También España permanece muy lejos de la atención de las izquierdas indefinidas. Lo inane de tales ideologías queda así de manifiesto para todo observador. La vaciedad de las izquierdas definidas conduce a las indefinidas. La vacuidad y trivialidad intelectual de las izquierdas indefinidas nos lleva a la conclusión de que forman parte de la Anti-España. Todo proyecto político español, patriótico, nacional pasa necesariamente por el enfrentamiento con las izquierdas de tercera, cuarta y quinta generación. La distinción de Carl Schmitt entre amigo y enemigo para definir lo político se comprende precisamente en este contexto. La izquierda jacobina no existe y la liberal es hoy considerada como derecha. Claro que hoy en España lo más importante es conservar la unidad política de España y las fuerzas políticas se dividen en España y antiEspaña. La contradicción fundamental en España hoy se da entre los partidarios de España y sus adversarios y enemigos.

            En suma, el libro de Bueno es un libro lleno de patriotismo y de razones para defender España de la Anti-España. Es un patriotismo ateo, católico, liberal, conservador y de orden.  Hoy no se puede ser de izquierdas y ser patriota español[26] en primer lugar porque la o las izquierdas son un mito y porque en segundo lugar nunca consideran que España sea lo primero. Desprecian el patriotismo como algo burgués, facha, derechista, etc. No se enteran. Han tomado el partido de la Anti-España hace ya tiempo. Los progresistas o los izquierdistas en versiones degradadas o degeneradas afirman: “La Nación Española es una idea de derechas. Nosotros no podemos defender España porque somos de izquierda.” Es que ponen sus proyectos políticos por encima de España.  Por eso son antipatrióticas. Para los anarquistas lo más importante es el anarquismo. España viene en segundo lugar o en último lugar. Para los socialistas es el socialismo o la socialdemocracia o el armonismo irenista lo más importante y antes que España[27]. Para los comunistas era el comunismo, encarnado en la URSS lo más importante y mucho más importante que España.



[1] Gustavo Bueno, “ España no es un mito” , Claves para una defensa razonada”, 302 páginas. Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 2005. pág. 16.
[2] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 24.
[3] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 111.
[4] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 28.
[5]  Gustavo Bueno, op. cit. pág. 47.
[6]  Gustavo Bueno, op. cit. pag. 67.
[7] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 71.
[8]  Gustavo Bueno, op. cit. pág. 70.
[9] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 71.
[10] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 71.
[11] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 76.
[12]  Gustavo Bueno, op. cit. pág. 76.
[13]  Gustavo Bueno, op. cit. pág. 78.
[14] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 78.
[15] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 88.
[16] Gustavo Bueno, op. cit. págs. 108-109.
[17] Gustavo Bueno, op. cit. pag. 122.
[18]  Marco Tulio Cicerón, “Sobre los deberes”, Libro I, 57. Traducido por José Guillén. Editorial Tecnos, Madrid, 1989, pág. 31.
[19] Y pregunto yo, ¿Qué será de esas izquierdas insatisfechas y resentidas cuando consigan sus objetivos y queden satisfechas y sin plataforma política nacional?
[20] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 135.
[21] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 135.
[22] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 135.
[23] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 148.
[24] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 152.
[25] Gustavo Bueno, op. cit. pág. 152.
[26] Evidentemente, la Idea de España como Nación Política aparece en 1812 y es una Idea liberal. Pero hoy diríamos que es liberal conservadora. ¿Qué es la derecha? ¿Existe la derecha? Sería la derecha la o las fuerzas políticas que defienden la alianza entre el trono y el altar o el Antiguo Régimen. ¿Quién defiende hoy eso?
[27] Incluso podemos afirmar que más importante es mantenerse en el poder político. Tener el control del Estado es más importante que conservar su eutaxia política.

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