martes, 5 de abril de 2016

Epicureismo y democracia



 
      Epicuro (-341- -270) es un filósofo griego ateniense que ha nacido en el seno de un Estado democrático, de una polis y sin embargo, Epicuro se repliega y retira a vivir apartado en el Jardín. El epicureísmo es marcadamente individualista en su enfoque político. Es un egoísmo hedonista antipolítico o apolítico. A Epicuro lo que le importa es el individuo y lograr que sea feliz, que se acabe con el dolor. Epicuro va a huir de la locura de las masas. Se va a apartar de la vida social y política y concentrar en su esfera. Gustavo Bueno precisamente ha subrayado ya en 1972 que los epicúreos exploraron desde una filosofía materialista el concepto de esfera como algo finito en el tiempo y en el espacio.
      El sabio feliz es el que es autosuficiente, autárquico. El sabio vivirá en la ciudad, conviviendo en una comunidad de amigos. Estará en la polis y a la vez alejado de la política. Será apolítico. Hay que evitar el servilismo con el vulgo.
      Epicuro defiende el no participar en la política, porque tal participación le acarrearía grandes males.
      El desear dedicarse a la política es un deseo ni natural ni necesario que es fruto de la vana opinión. Sólo puede traer problemas e infelicidad.
       Epicuro defiende la absoluta retirada de la política. El sabio no debe meterse en política, ni de una manera práctica ni de una manera teórica. Las ambiciones políticas son la fuente de los peores males.
       El sabio no aceptará cargos públicos, se limitará a acatar las leyes del lugar en el que vive y no tanto porque esté de acuerdo con ellas, sino porque de esa manera se evitará ser perseguido y molestado. Hay que saber no destacar, pasar desapercibido, “vive en lo oculto” (láthe biosas)- Igual que los dioses permanecen lejanos de los hombres y no se preocupan de ellos, así el Estado tiene que permanecer lejos de los individuos, no intervenir en la vida de los individuos dejados a su suerte en el disfrute de la ataraxia en el seno de la hetería soteriológica epicúrea. Que los gobernantes gobiernen y no les pidan responsabilidades políticas ciudadanas de participación a los individuos de la hetería. El Estado ha de dejar libres y tranquilos a los individuos para organizar su vida finita  y feliz. En este sentido, la democracia es un régimen político que exige al ciudadano cumplir con sus deberes políticos, económicos, cívicos. Le exige participación. Eso provocaría zozobras y sinsabores al sabio epicúreo. Por eso, se puede decir que Epicuro no es demócrata. No cree en la democracia. El vulgo es un conjunto de necios que sólo pueden traer perturbaciones al sabio en un Estado democrático. La democracia sólo puede traer sinsabores al sabio porque pone en manos del vulgo la dirección de los asuntos públicos con las consiguientes molestias que se derivan de ello para el sabio.
         Es mejor confiar la dirección de los asuntos públicos a un rey. Políticamente la monarquía es el régimen político más adecuado para los intereses del sabio epicúreo. Cuanto más alejado esté el ciudadano del poder político y menos participe en la vida política, tanto mejor resultará para el sabio. Sólo el régimen político monárquico cuenta con estas cualidades de despolitizar a los ciudadanos y de dejarlos en paz abandonados a sus asuntos privados. El epicureísmo es una hetería soteriológica, no política, no busca participar en el poder político, en las actividades ciudadanas, busca la paz, la ataraxia, la tranquilidad. Los epicúreos siempre fueron hombres conservadores y de orden que buscaban la paz y la tranquilidad y eso sabían ellos que sólo se lo podía garantizar una monarquía. Las mejores apologías de la monarquía las escribieron los epicúreos.
        Hay que dominar las ansias y ambiciones irracionales de poder político. La felicidad del individuo no estará al servicio de la sociedad. El epicúreo vive en la sociedad política pero no participa en ella. Va a lo suyo. No son las virtudes cívicas las que se cultivan precisamente en el Jardín.
        Para Epicuro el hombre no es un animal político ni social. Acepta vivir en sociedad por la seguridad que ello procura. Acepta las leyes por pragmatismo y comodidad igual que acepta el gobierno para vivir tranquilo. Como quiere vivir al margen de la política, es claro que no puede aceptar la democracia participativa o simplemente la democracia asamblearia. Cuanto más alienado políticamente esté el ciudadano en un régimen político, tanto más corresponderá la esencia de semejante régimen político con los intereses del sabio epicúreo. Por ello es la monarquía el régimen más adecuado para el retiro del sabio epicúreo al Jardín.
 
 
 
 
Felipe Giménez Pérez.   30-XI-2010.
 
 
 

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