martes, 24 de enero de 2017

Nota sobre el idealismo.




Kant distingue entre lo que él denomina “realismo trascendental” y “realismo empírico”. Llama realismo trascendental a aquella concepción según la cual el espacio y el tiempo y también las determinaciones categoriales corresponden a las cosas tal y como son en sí mismas, es decir, independientemente de nuestra percepción y de nuestro pensamiento. En oposición a éste, Kant defiende el idealismo trascendental. El idealismo trascendental es la concepción de que la espacialidad, la temporalidad y las categorías se hallan sólo en nuestras representaciones de las cosas y no en ellas mismas. El realismo empírico, defiende que las cosas espaciotemporales son fenómenos y es conciliable para Kant con el idealismo trascendental.

El idealismo gnoseológico o epistemológico es la concepción según la cual el conocimiento constituye a su objeto, es decir, lo conocido, de modo que el objeto no tiene otro ser que el ser del conocimiento, el ser en el conocimiento, en la conciencia.

El realismo gnoseológico, por el contrario, es aquella concepción según la cual el objeto tiene en sí mismo un ser real, éste ser real puede depender del conocimiento, pero sin disolverse por eso en el proyecto constituido por su pensamiento imaginativo. El conocimiento se asemeja al objeto.

En George Berkeley y David Hume la crítica de la percepción sensible conduce a rechazar el realismo del mundo externo. Según Berkeley el ser de los cuerpos consiste en su ser percibidos. Según Hume, el escepticismo lo es porque la concepción realista se basa sólo en la fuerza de la imaginación, puesto que no se puede demostrar, pero tampoco refutar.

El idealismo moderno comienza con Descartes. La duda metódica conduce al cogito ergo sum. La certeza la posee sólo el que piense en el hecho de que él piensa.

El idealismo moderno es un idealismo gnoseológico subjetivo, puesto que consiste en que reduce sobre todo el llamado mundo externo a representaciones o ideas.

Podemos distinguir a este respecto, entre un idealismo relativo, que sería el sostenido por Descartes, Malebranche, Leibniz y Locke, porque éstos autores sólo reducen las cualidades secundarias al sujeto cognoscente, pero manteniendo sin embargo, las cualidades primarias como cualidades objetivas, con lo cual, queda un residuo de realismo, y un idealismo absoluto, que es el sostenido por George Berkeley, puesto que Berkeley sostiene que las cualidades en su totalidad son subjetivas, secundarias. El mundo externo se vuelve así una representación. Como toda la estructura del mundo, del cielo y de la Tierra no tiene existencia alguna sin el espíritu que la percibe, su ser consiste en que sea percibida o bien conocida, o por  mí o por un espíritu eterno.

Kant se ocupó varias veces en refutar este idealismo gnoseológico al que denomina idealismo material dogmático. En 1781 Kant formula un idealismo de nuevo tipo, al que llama trascendental o crítico. La existencia de un mundo exterior, independiente del sujeto de conocimiento se funda en un principio de representación. Es la base de la experiencia interna. El elemento realista de Kant es la cosa en sí. El elemento idealista es la forma a priori. Los contenidos son a posteriori. Su origen nos es totalmente desconocido.

Este dualismo (es decir, la doctrina de Kant de la síntesis de una materia a posteriori y de una forma a priori en el conocimiento) radica en el descubrimiento por parte de Kant de los juicios sintéticos a priori, que son la clave para comprender no sólo su pensamiento, sino también todo el idealismo posterior.

En la raíz del idealismo trascendental kantiano está el concepto de trascendental, por medio del cual Kant intenta solucionar el problema principal de la Crítica de la razón pura, a saber ¿Cómo es posible la metafísica como ciencia? Lo trascendental en Kant es todo lo que por parte del sujeto condiciona la posibilidad de la experiencia, es decir, las formas a priori que posibilitan un conocimiento válido. El fundamento último de estas formas a priori, y por tanto, de lo trascendental, es el yo pienso que acompaña necesariamente a todas mis representaciones.

Los sistemas filosóficos idealistas reducen todo lo que existe a algo que existe de modo no corporal, que sólo se puede conocer con la inteligencia. Esto puede acontecer o darse de dos maneras: O bien de manera trascendente y objetiva. Esto sería el idealismo objetivo.

O bien, de forma mental, subjetiva. Esto es el idealismo subjetivo.

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