martes, 17 de marzo de 2026

Irán

1) Irán lleva más de cuatro décadas participando en una cadena continua de violencia internacional. Todo comenzó con la crisis de los rehenes en Teherán entre 1979 y 1981, cuando 52 estadounidenses permanecieron cautivos durante 444 días tras la toma de la embajada. Aquel episodio inauguró una estrategia esencialmente violenta que se sustanció en el atentado contra la embajada estadounidense en Beirut en 1983, el ataque al cuartel de los marines ese mismo año que dejó 241 militares muertos, el secuestro del vuelo TWA 847 en 1985 o el atentado contra las Torres Khobar en Arabia Saudí en 1996. 2) La acción iraní, sin embargo, no se ha limitado a objetivos estadounidenses. El régimen de los ayatolás ha operado mediante una extensa red de milicias y organizaciones afines que extienden su influencia por todo Oriente Próximo. Hezbolá en Líbano, Hamás y la Yihad Islámica en Gaza, diversas milicias chiíes en Irak y Siria o los hutíes en Yemen forman parte de una arquitectura de poder diseñada para hostigar permanentemente a sus adversarios y desestabilizar el orden regional. 3) Más aún. La proyección del régimen no se limita a una parte del mundo. Incluso a miles de kilómetros de distancia, como ocurrió con el atentado contra la AMIA en Buenos Aires en 1994, el más grave de la historia argentina, Irán ha dejado su huella sangrienta. Tampoco Europa ha quedado al margen. Recientemente, los servicios de inteligencia europeos han señalado la implicación iraní en operaciones de intimidación y violencia contra disidentes, periodistas y opositores en la diáspora. 4) En países como Suecia, Bélgica o España se han documentado ataques e intentos de atentado mediante el uso de bandas criminales locales, como las redes conocidas como Foxtrot o Rumba, utilizadas para lanzar granadas contra embajadas o preparar ataques contra objetivos israelíes y opositores al régimen. 5) Irán ha demostrado una capacidad persistente y una voluntad recalcitrante para proyectar violencia mucho más allá de sus fronteras, combinando diplomacia, inteligencia, terrorismo y guerra mediante proxies. Y todo ello con la anuencia, cuando no el apoyo, de esos dos grandes referentes de la virtud universal: Rusia y China."