lunes, 1 de octubre de 2018

La inferioridad moral de la sofística


La inferioridad moral de la sofística.

Ignacio Sánchez-Cuenca, “La superioridad moral de la izquierda” Colección Contextos. Lengua de trapo y CTXT, 2ª edición. Prólogo de Íñigo Errejón. Febrero de 2019. Editorial Lengua de Trapo, Madrid. 114 páginas.

Íñigo Errejón afirma que Podemos nació como un partido transversal, ni de derechas ni de izquierdas, pero la realidad que hemos venido percibiendo es que pronto Podemos se decantó hacia la izquierda populista leninista, hacia la izquierda terrestre, o sea, antisistema, antiespaña. Esa es la realidad en la que devino Podemos.

Al reagruparse y resituarse Podemos en la izquierda, no hace más que organizarse en una variedad de la sofística: heredera de la vieja Sofística griega. Vean la sofística que utiliza Podemos: “históricamente las posiciones que la izquierda reivindica serían todas aquellas que, en términos actuales, identifican la democracia con el poder de los cualquiera –Rancière: “la democracia no es ningún régimen de gobierno, sino la manifestación, siempre disruptiva y conflictiva, del principio igualitario”-.[1] Esto no es más que palabrería sin sentido. Esto sólo tiene un significado psicológico-motivacional y sentimental. La democracia está ligada al mercado capitalista pletórico de bienes y a la propiedad privada y por lo tanto, es incapaz de acabar con la desigualdad económica y social y tiene pues que conformarse con la igualdad ante la ley. Si no definimos a qué igualdad nos referimos, qué parámetros la gobiernan, estamos haciendo demagogia.

“La izquierda, en todo caso, es una metáfora para agrupar a los partidarios de un orden más justo; es decir, un vehículo para un fin”.[2] Todo así muy indefinido para engañar al vulgo ignaro, con imágenes y metáforas de significado indefinido. ¿Gran vehículo?-Mahayana ¿Pequeño vehículo?-Hinayana. ¿Por qué habría de ser la izquierda la justicia? ¿Porque lo dicen acaso los demagogos que nos dicen lo que debemos pensar y cómo debemos pensar?

         ¿Por qué la desigualdad económica y social es un mal? Eso de que todo el mundo cobre igual y tenga igual patrimonio, belleza, inteligencia, estatura y salud es utópico por imposible. La única igualdad posible y viable es la igualdad legal. Y eso no tiene por qué ser injusto. Es real y es justo. El Estado no tiene por qué ser Robin Hood, quitarles sus cosas a unos para dárselas a otros que tengan menos. Tampoco el vivir sin trabajar y cobrar por no se sabe muy bien qué razón es justo. Esto es pura demagogia, sofistería. Ni es superior éticamente, ni moralmente ni políticamente ni es justo, por supuesto. La izquierda, desde estas autorrepresentaciones emic aparece así como sofística, una heredera de la sofistica griega, luego clerical medieval, luego de la pedagogía. La izquierda es la gran sofística actual. Desde luego, menos culta y hábil que la sofística de un Protágoras, Gorgias, Antifonte, etc.

 Según Gustavo Bueno, el mito de la izquierda consistía en que no había una única izquierda y en que izquierda se dice de muchas maneras, que no había un formato univocista para hablar y definir la izquierda. Por lo tanto, el abstraer las diferencias evidentes e inevitables y establecer el concepto abstracto de izquierda ya sería suficiente para descalificar el libro por mitológico y confusionario, amén de sofístico.

En el fondo, hablar de la superioridad moral de la izquierda es apelar a la fe del carbonero. Este sintagma está proferido desde la fe del carbonero. Se afirma en este libro que las ideas de izquierda son moralmente superiores y lo dice sin el menor empacho. Para empezar habría que distinguir entre ética y moral siguiendo a Gustavo Bueno.

Luego viene la distinción sofística entre ideas y personas. “No quiero decir con esto que las personas de izquierdas sean moralmente superiores a las personas de derechas”[3] Y a Continuación formula la siguiente aseveración: “Una cosa es la superioridad de ciertas ideas y otra bien distinta las personas que las adoptan”.[4] Pero yo me temo que las ideas determinan el carácter de las personas y sus acciones y las ideas de izquierdas, particularmente las ideas comunistas han determinado verdaderas aberraciones: mentiras, muertes, robos, delitos….El comunismo es la mayor estafa del siglo XX por lo que prometió y por lo que ofreció.

Y por lo tanto, “las ideas de izquierdas son superiores a las de derechas”[5] la cosa sigue ahí: “voy a defender que el comunismo no es sino la proyección política, llevada al límite de la intuición moral que late en el imperativo categórico kantiano. El comunismo puede entenderse, efectivamente, como el reino político de los fines.”[6] Atacar el mercado es locura y necedad. Atacar la propiedad privada es locura y necedad. Destruir una sociedad con los costes económicos, materiales y humanos para edificar otra desde los cimientos y confiar la realización de los fines a las generaciones futuras como ideología aureolar que pide su realización en un futuro indefinido es una estafa y por lo tanto lo que indica es precisamente su carácter sofístico y su carácter inmoral…tanto desde el punto de vista ético como desde un punto de vista moral.

La izquierda quiere construir el hombre nuevo, el perfeccionamiento moral. La izquierda encubre con palabrería sus fines políticos. Muchas veces es pura demagogia irresponsable lo que los izquierdistas te ofrecen y a veces es pura delincuencia que utiliza la política de manera instrumental.

La política para el izquierdista es un proyecto de trascendencia de ir más allá del presente. Otro mundo es posible afirman y parpadean de felicidad. Al final, sacrificios y la apelación a la felicidad de las generaciones futuras. La política derechista se sitúa en la inmanencia. Yo a eso lo llamo realismo político porque la derecha ama y acepta la realidad y no pretende destruir las instituciones sociales de la sociedad burguesa porque las considera correctas y razonables. Utopismo frente a realismo diría yo. ¿Cómo va a ser moralmente superior el engaño, la fantasía, la sofística al presente, a la realidad, la objetividad?

En el fondo, la izquierda apela al sentimiento. Una política basada en sentimientos es una política que lleva al caos. Del ansia de justicia tan extremo se llega a la más absoluta esclavitud.

Sin embargo Sánchez-Cuenca no tiene ningún inconveniente en afirmar que “Las personas de izquierdas tienen una mayor sensibilidad hacia las injusticias que las personas de derechas y por eso desarrollan un sentimiento de superioridad moral”.[7] Pero, ¿No habíamos dicho antes que una cosa son las ideas y otra cosa son las personas? Entonces, ¿Cómo se puede afirmar la superioridad moral de la izquierda a la vista de su carácter sofístico y de su desfachatez intelectual derivada de su carácter sofístico? Además Sánchez-Cuenca afirma que el tipo de ideología que uno adopte depende del tipo de hombre que uno sea, vamos, que es una cuestión moral. Claro que no aclara si es un asunto ético de normas distributivas para toda la humanidad para todo individuo humano o normas atributivas para el grupo nacional al que uno pertenezca.

Sigue sin demostrarse esa presunta superioridad moral de la izquierda.. “El mayor idealismo moral de la izquierda explica la recurrencia de sus conflictos internos, de sus rupturas y escisiones”.[8] ¿No será eso acaso algo originado por el fanatismo de las izquierdas? Por lo demás, Sánchez-Cuenca incurre constantemente en el mito de la izquierda. No hay una izquierda. Hay muchas e incompatibles entre sí. Todo esto es rabulismo y sofistería.

“En España, la gente de derechas tiende a aborrecer el cine español, a aficionarse a los toros, a asistir a misa y probablemente prefiera visitar el Museo del Prado antes que el Reina Sofía.” [9] En efecto las diferencias ideológicas se extienden más allá del ámbito político. Se olvida el autor de que hay gente que se declara de izquierdas que ama los toros y que va al Museo del Prado. Sobre el cine español, si es un cine sectario, panfletario y progre, es lógico que sea aborrecido por mucha gente que es de derechas.

“La izquierda, por tanto, se caracteriza por una mayor empatía hacia los desfavorecidos y los oprimidos”[10] Pero las políticas de izquierdas no resuelven nada e incluso empeoran la situación de los individuos con menos ingresos. La izquierda sube los impuestos y eso retrae las inversiones de capital con el consiguiente aumento del paro. La izquierda favorece la inmigración masiva de lumpemproletariado internacional que degrada la vida social, presiona a la baja los salarios y degrada los servicios sociales: educación, sanidad, subvenciones amén de los problemas de delincuencia y orden público. La derecha favorece el despliegue de las fuerzas productivas y ello contribuye a disminuir el paro y a mejorar la vida de las clases medias al disminuir los impuestos. La derecha está instalada en la realidad de la sociedad burguesa y es más, ha adoptado las políticas socialdemócratas del Estado del Bienestar. La socialdemocracia, la izquierda más realista y compatible con la democracia y la sociedad burguesas ha desaparecido muerta de éxito por la asunción de los conservadores de sus ideas y políticas. La izquierda es perjudicial para los humildes. Ser de izquierdas es un lujo que sólo se lo pueden permitir los ricos. El pobre lo que quiere es que le dejen en paz y trabajar y ganar dinero.

Además, ¿Cómo puede hablarse de superioridad moral de las izquierdas cuando no les preocupa el mantenimiento de la unidad nacional en el caso español? ¿Proletarios de España desuníos? Estar a favor de la secesión catalana o vasca es estar a favor de la destrucción de España y eso a quien más perjudica es a los humildes, sobre todo a los españoles hispanohablantes que viven en esos territorios sometidos a la dictadura separatista y que están discriminados absurdamente por razón de lengua y de origen y de convicciones políticas. Ahí la inferioridad moral de la izquierda se manifiesta claramente. La izquierda prefiere destruir el Estado para así al menos como premio de consolación reinar sobre los escombros de España. Esa es la inferioridad moral, la vileza de las izquierdas con su demagogia y su actitud antinacional. Este autor apoya la secesión catalana y utiliza el lenguaje políticamente correcto y afectado de los progres: “Cuando el Govern de Carles Puigdemont pasó de las palabras a los hechos, la derecha se escandalizó ante la amenaza al orden constituido y apoyó sin ambages el uso de la fuerza para evitar que el referéndum del 1-O tuviera lugar.”[11] Se dice Gobierno y Carlos…Estamos en España, no en un reino catalán imaginario y quimérico al que los izquierdistas y todos los progres conceden todos sus derechas al dar por supuesto que un idioma minoritario deba usarse al menos con algunas palabras para adular a los separatistas. La desfachatez intelectual es sostener que España puede fragmentarse por un supuesto derecho de autodeterminación establecido por los separatistas y sus cómplices de izquierdas.

La ideología es mi pastor, nada me falta, exclama el izquierdista y eso le ahorra pensar, leer y estudiar y argumentar. Está iluminado con la fe del carbonero. Por eso los izquierdistas son fanáticos y establecen una suspensión teleológica de la ética convirtiendo la enemistad política en enemistad personal. Son como los luteranos: la fe sola les basta y les salva. Sola fides…Las obras no son necesarias. Es así como se manifiesta esta fe política fanática y maniquea. Como consideran que la sociedad burguesa no sirve y que sus instituciones, lenguaje, instituciones, moral, ética son superestructuras, pues no tienen inconveniente en utilizar los fines que sean convenientes para la revolución y para destruir el orden social con los costes humanos y materiales consiguientes, considerando que la historia los perdonará y que el bienestar de las generaciones futuras lo justifica y redime todo.

“Los principios de la izquierda se distinguen por una mayor sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno o, lo que es equivalente, por unos niveles de empatía más altos.”[12]

La izquierda ha sido terrorista en 1793, 1871, 1917, 1936, etc. Es que esa falsedad no se sostiene en absoluto. Al revés…En nombre de la justicia absoluta se ha desembocado en el terror absoluto. Las afirmaciones de Sánchez-Cuenca son sofísticas, falsas, falaces. No se sostienen en los hechos sino en la autorrepresentación de la izquierda como el bien absoluto. Tal vez como la utopía está tan lejos de las limitaciones de los hombres por imposible, las recaídas de los hombres en la inmanencia resultan monstruosas. Necesitan un fulcro en la realidad para sostenerse y compensar lo disparatado de sus fantasías, bien el terror político o bien los bienes inmobiliarios o mobiliarios. La corrupción de las izquierdas es algo mucho más escandaloso que la de las derechas. La estafa de las izquierdas es mucho mayor y más profunda y maligna. Ni las ideas de izquierdas son superiores intelectualmente, ni moralmente y sus resultados son mucho más inmorales aún. Al no tener pie en la realidad aparece el absurdo y tienen lugar decisiones irracionales que no tienen en cuenta las más elementales verdades de la ciencia política. El sufrimiento de clases enteras y de generaciones enteras es el resultado de la presunta superioridad moral de la izquierda o izquierdas mejor dicho. El voluntarismo no puede cambiar el mundo per se. Eso es infantil y fanático.

Idealismo, voluntarismo, sofística, cinismo, fanatismo son las características de las izquierdas, con la excepción de la socialdemocracia y del liberalismo, que se han vuelto conservadores. Sánchez-Cuenca por lo demás parece ignorar el fenómeno de la ecualización entre la izquierda y la derecha posterior a 1945 en las democracias plutocráticas de mercado libre pletórico de bienes, por lo cual, izquierda sería un partido o partidos dispuestos a liquidar la sociedad burguesa y el consenso socialdemócrata presente en España y en Europa. En España se trataría de Podemos, cuya meta es la revolución y que sigue a pies juntillas  la táctica leninista.

“La sociedad comunista sería, desde este punto de vista, la realización más acabada y perfecta de nuestro sentido de justicia.”[13] La igualdad real es imposible y no es deseable. La única igualdad posible, real y deseable es la igualdad ante la ley y vivir todos bajo el imperio de la ley pero con propiedad privada y mercad libre. La propiedad privada es algo antropológicamente trascendental. La carrera abierta a los talentos es deseable y desemboca en la desigualdad real pero ello no es opresión ni injusticia alguna. Cada uno de nosotros se hace a sí mismo, se elige a sí mismo. Somos los padres de nuestras obras y somos los hijos de nuestras obras.

No hay pues ninguna razón para que la izquierda o izquierdas crean en la superioridad moral de sus ideologías, planes, programas o proyectos.

Sánchez-Cuenca, de paso afirma que el comunismo es un proyecto universalista, mientras que el fascismo es una ideología particularista, pero hay que recordad que la humanidad no existe, sólo existen los hombres agrupados en Estados, en unidades políticas, en naciones. El egoísmo sagrado, nacional es un imperativo de una sana política realista y eutáxica buena y conveniente para el pueblo. Los recursos son escasos, ergo tiene que haber economía y la generosidad tiene que ser severamente restringida.

Entonces, una buena política es realista, conservadora, patriótica, de derechas y una mala política es la sofística izquierdista con razonamientos falaces y promesas imposibles y catastróficas. La izquierda padece de hemiplejía de la virtud porque con sus políticas perjudica al pueblo y sobre todo a los más desfavorecidos.

Felipe Giménez Pérez.

 



[1] Íñigo Errejón página X.
[2] Íñigo Errejón, página X.
[3] Pág. 1.
[4] Pág. 1.
[5] Página 2.
[6] Páginas 2 y 3.
[7] Página 7.
[8]  Página 7.
[9]  Página17. E
[10]  Página, 41.
[11] Páginas 45-46.
[12]  Página 59.
[13]  Página 68.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Philipp Mainländer


Recensión sobre Philipp Mainländer “Filosofía de la redención”.

En 2014 apareció la primera traducción al español y su primera publicación en español de la obra del filósofo alemán Philipp Mainländer (1841-1876) Filosofía de la redención, Philosophie der Erlösung.  429 páginas, Ediciones Xorki, 2014, Madrid. Traducido por Manuel Pérez Cornejo.

Mainländer es un pensador pesimista más como Schopenhauer, Eduard von Hartmann, etc. El indiscutible mentor intelectual de Mainländer fue sin lugar a dudas, Schopenhauer, el fundador del pesimismo filosófico. En este libro expone toda su filosofía. A continuación se suicidó como buen pesimista. Era el año 1876.

         La filosofía ha de ocuparse del mundo. “La verdadera filosofía debe ser puramente inmanente, es decir, tanto su tema como su límite ha de ser el mundo.”[1] Y además “La verdadera filosofía, además debe ser idealista”.[2] Sigue pues los pasos de Schopenhauer. El mundo es la representación del sujeto cognoscente pues. “Partir del sujeto, por tanto, es el comienzo del único camino seguro para alcanzar la verdad.”[3] No tiene sentido preguntarse qué aspecto tendría el mundo si no lo conociéramos o no lo pudiéramos conocer.

Entonces, Mainländer plantea tres tesis sobre el conocimiento:

1)   Que el sujeto cognoscente produce el mundo completamente por sus propios medios.

2)   Que el sujeto percibe el mundo tal como él es;

3)   Que el mundo es producto, en parte del sujeto, y en parte de un fundamento fenoménico independiente del sujeto.

Entonces, ser es ser conocido por parte del sujeto cognoscente de acuerdo con las categorías, sólo la causalidad y el espacio y el tiempo, tal y como sostenía Schopenhauer.

 


 

 


 

Esto puede ser considerado como un idealismo subjetivo. “Partir del sujeto, por tanto, es el comienzo del único camino seguro para alcanzar la verdad”[4] La experiencia procede de los sentidos y de la autoconciencia. El comienzo del conocimiento es la experiencia. Las impresiones de los sentidos se constituyen en representaciones elaboradas por nuestro cerebro. “La totalidad de tales impresiones es el mundo como representación (die Welt als Vorstellung).”[5]

El entendimiento busca la causa de la alteración en el órgano sensorial y ésta es la función de la causalidad. Es la única categoría kantiana que Schopenhauer admitía en su filosofía del conocimiento y Mainländer sigue aquí a Schopenhauer. La ley de causalidad es a priori. Esta función es innata al entendimiento a decir de Mainländer. Es la función apriorística del entendimiento. El sujeto cognoscitivo existe con independencia de las cosas en sí.

“De la misma manera que la ley de la causalidad se encuentra en nosotros, y ciertamente antes de toda experiencia, es igualmente cierta, por otro lado, la existencia independiente del sujeto de las cosas en sí, cuya actividad pone en funcionamiento al entendimiento.”[6]

Otra categoría o forma previa a toda experiencia es el espacio. Fuera del sujeto que intuye, no hay ni un espacio infinito, ni espacialidades finitas. Espacio y tiempo no pueden ser en absoluto formas a priori y de hecho no lo son pero tampoco son formas inherentes a las cosas en sí. El espacio como forma del entendimiento es el punto. “el espacio como forma del entendimiento hay que pensarlo únicamente bajo la imagen de un punto”.[7]

Esto es importante tenerlo en cuenta:

“El espacio infinito y el tiempo infinito no son, originalmente, ni esencialmente unas intuiciones puras de la sensibilidad que todo lo abarcan, sino los productos de una síntesis del entendimiento, que se prolonga hasta el infinito (…) El tiempo infinito y el espacio infinito, como tales, no son formas de la sensibilidad, sino enlaces de algo múltiple, que, como todos los enlaces, son obra del entendimiento……no hay ningún espacio como intuición pura a priori.” PE, Vol I. Apéndice, PP. 367-392. Nota 2. [8]

La materia es la segunda forma del entendimiento para percibir la causa. “La materia ha de definirse como el punto en el que se unifican las impresiones transmitidas de los sentidos que son las actividades de las cosas en sí intuidas, especialmente elaboradas.”[9] El objeto no es otra cosa que la cosa en sí filtrada por las formas del sujeto. La materia es la objetividad pues. “Sin la materia, no hay objeto alguno, y sin objetos no cabe hablar de mundo exterior.”[10]

Sin la materia pues, no hay objeto, no hay experiencia. Además de la materia Mainländer afirma que hay que añadir a la materia la fuerza. La fuerza puede no ser materia y estar libre de materia. Si la fuerza es objeto de la percepción de un sujeto, entonces es materia.

Schopenhauer afirmaba que el mundo es mi representación. Mainländer afirma que “el sujeto es un factor principal en la constitución del mundo exterior, aunque él no falsee la actividad de una cosa en sí, sino que solamente reproduce precisamente aquello que actúa sobre él.”[11]

El entendimiento sirve para descubrir la causa de los cambios y para incluir el objeto en sus dos formas: espacio y materia. Pero con esto no basta para la constitución del objeto. El entendimiento no puede proporcionar objetos completamente terminados. “Para que esto suceda debemos pasar del entendimiento a otra facultad cognoscitiva: la razón “[12]

A diferencia de lo que ocurría en Kant, la función de la razón es la síntesis “o el enlace como actividad”.[13] La razón tiene una forma: el presente. “Pero, en general, la función del espíritu es acompañar la actividad de todas las facultades con conciencia y unir sus conocimientos en el punto de la autoconciencia”. [14]

El entendimiento no puede enlazar, su función es ir desde el efecto a la causa. La razón es la que efectúa la síntesis.

Según Schopenhauer, espacio y tiempo eran las formas a priori de la intuición y sólo había una categoría del entendimiento: la causalidad. Según Mainländer, espacio, causalidad y materia son las categorías del entendimiento y “el tiempo es un enlace de la razón y no, como suele suponerse, una forma a priori de la facultad cognoscitiva.”[15] “el tiempo es la medida subjetiva del movimiento”[16]

El ámbito de la intuición no agota todo el mundo de la experiencia. También tenemos la representación de objetos no captados intuitivamente, por ejemplo, la representación del universo.

La substancia es igual que el tiempo, un enlace a posteriori de la razón, basado en una forma a priori.[17]

Frente a la unidad de la sustancia, como enlace ideal, se encuentra en el ámbito real el universo, la unidad colectiva de fuerzas, que es totalmente independiente de aquella.[18]

El entendimiento sólo busca la causa y la razón transmite una más. La representación no es ni sensual, ni intelectual, ni raciona, sino espiritual. Es obra del espíritu, es decir, del conjunto de las facultades cognoscitivas.[19]

“todas las impresiones de los sentidos conducen a objetos, que constituyen en su conjunto el mundo objetivo.”[20]

La cosa en sí es la fuerza. El mundo es el conjunto de las cosas en sí y es por tal razón un conjunto de fuerzas puras que para el sujeto son objetos. El objeto es el fenómeno derivado de la cosa en sí.[21]

Para Mainländer todas las series causales siempre desembocan en una unidad trascendente que se encuentra completamente cerrada para nuestro conocimiento, y es una X equivalente a la nada. Por eso el mundo ha surgido de la nada. Es el ser originario, Ursein. Además, la serie causal no puede ser infinita. La unidad simple escapa por completo a nuestro conocimiento.

Philipp Mainländer sostiene la finitud del universo. No se trata de un dominio inmanente cerrado finito que, sin embargo, estaría rodeado por todos los lados de algo trascendente infinito, sino de un único ámbito inmanente aún existente que ha de ser finito, puesto que el ámbito de lo trascendente de hecho ya no existe.[22]

Una totalidad de esferas finitas debe ser necesariamente finita. Un argumento bastante potente. No puede haber una totalidad infinita, un cosmos infinito. Si es totalidad no es infinito y si es infinito no es una totalidad.

Por lo demás, Mainländer rechaza la infinita divisibilidad de la fuerza y el átomo.

El tiempo es un enlace ideal a posteriori, que surge en base a la forma apriórica del presente y no es nada sin el fundamento de la sucesión real. En conclusión,

1)   El movimiento real ha tenido un comienzo.

2)   El movimiento real carece de fin.[23]

A todo esto Mainländer lo denomina el auténtico idealismo crítico o trascendental. Aquí sigue a Schopenhauer considerando toda esta filosofía como un idealismo trascendental, “que es el que les deja a las cosas en sí su realidad empírica y efectiva, y no se basa en meras palabras, es decir, les concede extensión y movimiento, independientemente del sujeto del espacio y del tiempo. Su centro de gravedad radica en la objetivación material de la fuerza, y desde este punto de vista es trascendental, pues esta palabra designa la dependencia del objeto del sujeto.”[24]

Es idealismo crítico porque no le permite a la razón utilizar mal la causalidad para producir series infinitas; separar el tiempo del desarrollo real, tener al espacio matemático y a la sustancia por algo más que meras cosas del pensamiento y atribuir infinitud a este espacio real y a esta sustancia real una permanencia absoluta.

Además nos prohíbe a nuestra razón perversa sostener que hay series causales infinitas y atribuirles ser, afirmar que el universo sea infinito y afirmar que las fuerzas químicas sean divisibles hasta el infinito o que sean un agregado de átomos, que el desarrollo del mundo carezca de comienzo; que todas las fuerzas sean indestructibles.[25][26]

Las cosas en sí son para el sujeto objetos sustanciales, e, independientemente del sujeto son fuerzas que se mueven con una determinada esfera de actividad.

La esencia de la fuerza ha de captarse en la autoconciencia, que es la segunda fuente de la experiencia.[27]

Siguiendo a Schopenhauer la fuerza que se revela en nuestro interior es la voluntad de vivir. Es el conatus de Spinoza. Queremos la existencia y por eso existimos. La voluntad de vivir es el nucleo más esencia e íntimo de nuestro ser.[28]

La voluntad de vivir individual y real es el fundamento de la física. La voluntad de vivir es un movimiento unitario e indiviso. Entonces es lo inorgánico. Si en cambio la voluntad tiene un movimiento resultante es un organismo.

La ética de Mainländer es eudemónica. Se trata de buscar la felicidad.[29] Se trata de investigar la felicidad.

“En el mundo no hay otra cosa que la voluntad individual, que tiene una tendencia fundamental: vivir y mantenerse en la existencia. Esta tendencia se presenta en el hombre como egoísmo, que constituye la cubierta de su carácter, es decir, el modo y manera en que quiere vivir y mantenerse en la existencia.”[30]

El hombre no sólo quiere subsistir, persistir en el ser, perseverar en el ser, sino además, quiere la felicidad.

La voluntad no es nunca libre y todo lo que existe en el mundo, sucede con necesidad.[31] Entonces el hombre nunca es libre aunque pueda obrar en contra de su carácter y tenga movimientos diferentes a los de los animales.

Siguiendo a Hobbes y a Spinoza el hombre en el estado de naturaleza no comete injusticia alguna. La lucha por la existencia es la que determina la vida humana. De esta lucha sale vencedor el más fuerte o el más astuto. El hombre no tiene derechos humanos. Simplemente existe y busca mantenerse en la existencia.

Todas las acciones humanas son egoístas e interesadas frente a Kant. Todos los hombres actúan por interés y por alguna motivación.

La función del Estado es dar a los ciudadanos más de lo que toma de ellos. Les garantiza así un beneficio.[32] Este beneficio supera al sacrificio que los hombres realizan. El contrato social constitutivo del Estado tiene dos leyes originarias: 1) Nadie debe robar y 2) Nadie debe matar.

Respecto a la religión, surge del miedo de los hombres a un poder supramundano inconcebible que puede manifestarse en la naturaleza de forma temible, aniquiladora y devastadora, y así se figuraron los hombres a los dioses.

La religión cristiana es la más perfecta y la mejor de todas. Exige a los hombres la obediencia al Estado y a Dios, no matar, no robar, amar al prójimo, incluso al enemigo. Es una religión que reprime el egoísmo humano.

Una acción moral es una acción que coincide con las leyes del Estado y los mandatos de la religión. La acción moral no puede ser nunca desinteresada. Ya sabemos que todas las acciones humanas son egoístas.

Una acción moral tiene valor si se corresponde con las leyes del Estado o con los mandatos de la religión. Esto es, si es legal.

En segundo lugar, si se ejecuta de buen grado, es decir, si suscita en el que actúa el estado de una profunda satisfacción y de una pura felicidad.

El Estado da más a sus ciudadanos de lo que toma de ellos. El Estado es beneficioso pues para sus ciudadanos. Por eso existe el Estado, por utilidad, por beneficio.  Hay dos leyes originarias: 1. Nadie debe robar. 2 Nadie debe matar. En esto consiste el contrato social originario. Surgió el poder público. La ley exigía el castigo. Unicamente cumpliendo el castigo se mantiene vigente la ley.

Es evidente que el bienestar del hombre es superior en el Estado que en el estado de naturaleza.

Las acciones morales descansan pues como ya se ha dicho antes en la motivación egoísta. Además hay un principio abstracto que funda la acción moral: No hacer mal a nadie y antes bien, ayuda a quien puedas. Esto procede de Schopenhauer.

La acción moral vale, es válida, si se adecua a las leyes del Estado y a los mandatos de la religión. Esto significa que debe ser legal.

En segundo lugar se tiene que ejecutar de buen grado. Tiene que provocar en quien la ejecuta una profunda satisfacción y una pura felicidad.

“La Política trata del movimiento de toda la humanidad. Este movimiento resulta de los esfuerzos de todos los individuos, y, considerado desde un punto de vista inferior, es, como hemos declarado en la Ética, aunque sin demostrarlo, el movimiento hacia el Estado ideal, mientras que, concebido desde un punto de vista superior, aparece como el movimiento desde la vida a la muerte absoluta, puesto que la detención en el Estado ideal no es posible.”[33]

El Estado es la forma general de la civilización. La principal ley de la civilización es la ley del sufrimiento que causa el debilitamiento de la voluntad y el fortalecimiento del espíritu. De aquí brotan las distintas leyes históricas.

Para un pesimista como Mainländer que habiendo terminado de escribir toda su doctrina filosófica, que estamos comentando aquí, se suicidó “El conocimiento de que la vida carece de valor supone el apogeo de toda sabiduría. La carencia de valor de la vida es la verdad más simple; pero, al mismo tiempo, la más difícil de conocer, porque se presenta oculta por incontables velos. Estamos, por así decirlo, sobre ella ¿cómo podríamos encontrarla?”[34]

Todo el desarrollo histórico de la humanidad camina hacia el bienestar y hacia la búsqueda de la felicidad. El socialismo, al concederle bienestar material al pueblo permitirá a las masas darse cuenta de que la vida no vale nada. “En el Estado ideal, la humanidad realizará el “gran sacrificio”, como dicen los hindúes, es decir, morir.”[35] En el Estado ideal toda la humanidad será ciudadana. Lo principal será la ciudadanía. El ciudadano será un hombre absolutamente libre. Será el hombre completamente emancipado. Ahora el hombre busca la muerte, la nada, el nirvana, la muerte absoluta. Así pues la civilización es el movimiento de toda la humanidad y va desde la vida a la muerte absoluta. Sigue la humanidad una ley única: la ley del dolor, cuya consecuencia es el debilitamiento de la voluntad. Se va del ser al no ser, de la vida a la muerte. Toda la humanidad está consagrada a la aniquilación.

Si pasamos a la metafísica podemos decir que en el mundo todo es voluntad de morir, que se presenta en el reino orgánico de forma velada como voluntad de vivir.[36] En el fondo el filósofo inmanente ve en todo el universo sólo el más profundo anhelo de absoluta aniquilación. La redención a la que aspira Mainländer es simplemente la nada, la aniquilación. Finalmente aparece la religión, que tiene mucho en común con la filosofía.

La correcta relación entre el individuo y el mundo es la esencia de la religión y de la filosofía, el verdadero Grial[37]

Lo que separa a las religiones y a los sistemas filosóficos particulares unos de otros es tan sólo el tipo de relación en que pusieron al individuo con el resto del mundo.[38]

Cristo y Buda establecieron por igual el camino hacia la redención, esto es, la nada. El hombre, el santo lo que quiere es la nada, el no ser. Vivir es dolor. Lo mejor es morir, aniquilarse o suicidarse. Afirma Mainländer que ni Cristo ni Buda prohibieron el suicidio.[39]

Mainländer afirma que su filosofía de la redención fundamenta por vez primera científicamente el ateísmo.

 



[1] Página 45.
[2] Ibídem.
[3] Ibídem.
[4] Ibídem.
[5] Página 46.
[6] Página 47.
[7] Páginas 48 y 49.
[8] Página 48.
[9] Página 49.
[10] Página 49.
[11] Página 50.
[12] Página 51
[13] Página 52.
[14] Página 52.
[15] Página 55.
[16] Página 56.
[17] Página 58.
[18]  Página 59.
[19]  Página 59.
[20] Página 59.
[21] Página 64.
[22]  Página 73.
[23]  Página 78.
[24]  Página 79.
[25]  Página 79.
[26]  Página 79.
[27]  Página 80.
[28]  Página 81.
[29] Página 195,
[30] Página 195.
[31] Página 201.
[32] Página 204.
[33] Página 247.
[34] Página 257.
[35] Página 325.
[36] Página 347.
[37] Página 369
[38] Página 369.
[39] Página 383

jueves, 9 de agosto de 2018

La dictadura de lo políticamente correcto en Facebook.

Facebook está construido por la mierda socialdemócrata norteamericana, por la basura políticamente correcta. Todo aquel que no comparta esta basura ideológica es tachado de facha, reaccionario, homófobo, chochófobo, etc y otras muchas lindezas como que fomenta el odio. Para empezar, el amor y el odio no son delitos. Son delitos las acciones de agresión o la incitación a cometer delitos. Uno tiene derecho a odiar y a amar. No hay nada de delictivo en todo ello.
Utilizar el término maricón no tiene por qué ser considerado algo malo. Es el término español del español para designar la homosexualidad masculina. El término gay, es una cursilada Kitsch, vamos una mariconada ñoña y afectada. El día que toda esta mierda desaparezca y podamos hablar y escribir como queramos seremos libres y podremos decir que hay libertad de expresión.

miércoles, 8 de agosto de 2018

La basura historiográfica

Lo sabíamos todo sobre la guerra civil, la II República y el franquismo y en los años 1970 surgió un pacto entre historiadores demócratas, progres, comunistas para contar una leyenda rosa sobre la II República, el Frente Popular y la resistencia antifranquista y una leyenda negra sobre la derecha, Franco, el franquismo. Lo consiguieron, Mintiendo, diciendo falsedades, ocultando realidades. Así nació la historiografía basura progre de Angel Viñas, un verdadero mercenario al servicio del Régimen de 1978, Rafael Casanova, Reig Tapia y otros sofistas historiadores de izquierdas...Basura historiográfica porque ocultan hechos y no los reconocen...En España, institutos de bachillerato y universidades están plagados de semejantes criaturas defectuosas. Tuvo que aparecer el ilustre Pío Moa para joderles su negocio y fue nacer una campaña de difamaciones y de injurias contra Pío Moa por decir simplemente que todas sus secreciones ideológicas eran falsas. Pió Moa puso otra vez las cosas a lo claro, sobre sus pies. Aún siguen escribiendo basuras historiográficas gente como Viñas, Preston, y demás ralea progresista. Cuentan cuentos, historias, relatos para así sostener la mierda progre imperante en el Régimen de 1978. La basura historiográfica debe ser combatida, entiendo yo, por una pura higiene mental y política.