Eutaxia
miércoles, 13 de mayo de 2026
El Partido Nacional Fascista
He aquí, el programa de un movimiento puramente italiano.Revolucionario por ser anti dogmático y anti demagógico; fuertemente innovador por ser anti-prejuicioso.Nosotros ponemos la valorización de la guerra revolucionaria por encima de todo y de todos.Los otros problemas: burocracia, administración, jurídicos, escolares, coloniales, etc. Los delinearemos cuando organizamos la clase esto: NOSOTROS QUEREMOS:Para el problema político:
El sufragio universal con escrutinio de listas regionales con una representación proporcional, el derecho de voto y que puedan ser elegidas las mujeres.
La disminución de la edad mínima a 18 años y la de los diputados, a 25 años.
La abolición del Senado.
La convocatoria de una Asamblea nacional por un plazo de tres años, cuya primera tarea será la de establecer la forma constitucional del Estado.
La formación de un Consejo Nacional de trabajadores técnicos, de la industria, del transporte, la higiene social, de las comunicaciones etc. Electo por la colectividad profesional o por ocupación, con poderes legislativos y derecho de elegir un comisario general con poderes de Ministro.
Para el problema social: NOSOTROS QUEREMOS:
La promulgación de una ley de Estado que dé a todos los trabajadores una jornada legal de ocho horas de trabajo.
Salarios mínimos.
La participación de los representantes de los trabajadores en el funcionamiento técnico de las industrias.
La administración de las industrias y servicios públicos por las mismas organizaciones proletarias (cuando éstas sean dignas de ello, moral y técnicamente).
La rápida y completa sistematización de los servicios ferroviarios y todas las compañías del transporte.
Una modificación necesaria del proyecto de ley de seguridad de invalidez y de jubilación, en que se disminuya el límite de edad propuesto de 65 a 55 años.
Para el problema militar: NOSOTROS QUEREMOS:
La creación de una milicia nacional con breves periodos de instrucción con un rol defensivo.
La nacionalización de todas las fábricas de armas o explosivos.
Una política exterior nacional que sea puesta en valorización, en concordancia con la competencia pacífica de las civilizaciones, de la nación italiana en el mundo.
Para el problema financiero: NOSOTROS QUEREMOS:
Un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital con carácter progresivo que tenga la forma de una verdadera expropiación de todas las riquezas.
La confiscación de todos los bienes de las congregaciones religiosas y la abolición de todas las bulas episcopales que constituyen una enorme responsabilidad para la Nación y un privilegio para unos pocos.
La revisión de todos los contratos de suministro en la guerra y el secuestro del 85% de las ganancias por la guerra.
Il Popolo d'Italia, 6 de junio de 1919-
Los 25 puntos del NSDAP
Los 25 puntos del Programa del NSDAP
Exigimos la unificación de todos los alemanes en una Gran Alemania, en la base del derecho de autodeterminación del pueblo.
Exigimos la igualdad de derechos para el pueblo alemán con respecto hacia otras naciones; y la abrogación de los tratados de paz de Versalles y St. Germain.
Exigimos más tierras y territorios (colonias) para el sustento de nuestro pueblo y la colonización para el sustento de nuestra sobrepoblación.
Sólo un miembro de nuestra raza puede ser un ciudadano. Un miembro de la raza solo puede ser aquel que posee sangre alemana, sin importar su credo. En consecuencia, ningún judío puede ser miembro de la raza, y por ende, ser ciudadano alemán.
Aquel que no posee la ciudadanía alemana puede vivir en calidad de huésped y tiene que estar bajo la autoridad de legislación para extranjeros.
El derecho de determinar asuntos relacionados con la administración y la ley pertenece solo a la ciudadanía. Por lo tanto, exigimos que cada cargo público, de cualquier tipo, ya sea del Reich, el condado o el municipio, sea ocupado solamente por ciudadanos alemanes. Combatimos contra la corrupta economía parlamentaria y quienes ocupan cargos públicos de acuerdo a inclinaciones partidistas, sin considerar el carácter y las habilidades del individuo.
Exigimos que el Estado deba encargarse primero de proporcionar un sustento y modo de vida para los ciudadanos. Si es imposible sostener la población total del Estado, entonces los miembros de las naciones extranjeras (no-ciudadanos) deben de ser expulsados del Reich.
Cualquier tipo de inmigración de no-ciudadanos debe ser detenida. Exigimos que todos los no-alemanes, quienes han inmigrado hacia Alemania desde el 2 de agosto de 1914, serán obligados a abandonar inmediatamente el Reich.
Todos los ciudadanos deben tener los mismos derechos y responsabilidades.
La primera obligación jurídica de cada ciudadano es la de tener que trabajar productivamente, tanto de forma física como psicológica. La actividad del individuo no es contrarrestar los intereses de la universalidad, sino obtener su resultado en el marco del todo para el beneficio de los demás. En consecuencia, exigimos:
La abolición de las ganancias obtenidas sin trabajo y sin esfuerzo, y la abolición de la esclavitud del interés.
En consideración hacia el monstruoso sacrificio de sangre y propiedades que la guerra le arrebataba al pueblo alemán, el enriquecimiento personal a través de una guerra tiene que ser considerado como un delito en contra del pueblo. Por lo tanto, exigimos la confiscación absoluta de todos los beneficios obtenidos por la guerra.
Exigimos la nacionalización de todas (anteriores) las industrias asociadas (fideicomisos).
Exigimos una división de beneficios de todas las industrias pesadas.
Exigimos una expansión a gran escala del sistema de pensiones de adultos mayores.
Exigimos la creación de una clase media sana y conservada, la comunalización inmediata de los grandes almacenes y su arrendamiento a bajo costo de las pequeñas empresas, y una mayor consideración de todas las pequeñas empresas mediante contratos con el Estado, condado o municipio.
Exigimos una reforma agraria adecuada a nuestras necesidades, la promulgación de una ley para la expropiación gratuita de terrenos con fines de utilidad pública, la abolición de los impuestos sobre bienes inmuebles y la prevención de toda especulación en los terrenos.
Exigimos la lucha sin consideración contra aquellos cuyas actividades son perjudiciales para el interés general. Los delincuentes comunes nacionales, usureros, especuladores y otros serán castigados con la pena de muerte, sin hacer distinción por su credo o raza.
Exigimos la sustitución de una ley anglosajona alemana, que está al servicio de un orden mundial materialista, en lugar de una ley romana.
El Estado debe ser el responsable de una reconstrucción fundamental de todo nuestro programa nacional de educación, para permitir que todos los alemanes competentes y trabajadores reciban una educación superior, y posteriormente, se inserten en los cargos de liderazgo. Los planes de instrucción de todas las instituciones educativas deben ajustarse con las experiencias de la vida práctica. La comprensión del concepto de Estado debe ser defendida por la escuela [Staatsbürgerkunde] desde el comienzo de su entendimiento. Exigimos la educación a expensas del estado de los niños superdotados de padres pobres, sin hacer consideración hacia su cargo o profesión.
El Estado debe velar por una mejor salud estatal, protegiendo a la madre y a su hijo, aboliendo el trabajo infantil, y alentando la aptitud física mediante el establecimiento legal de un gimnasio y hacer deporte obligatorio, con el máximo apoyo de todas las instituciones preocupadas con la instrucción física de los jóvenes.
Exigimos la abolición de todas las tropas mercenarias, y la formación de un ejército nacional.
Exigimos la oposición legal hacia las mentiras conocidas y su promulgación por medio de la prensa. Para permitir el suministro de una prensa alemana, exigimos que:
a) Todos los escritores y empleados de los diarios que aparezcan en lengua alemana deban ser miembros de la raza;
b) Se requiere que los periódicos no-alemanes deban tener el permiso expreso del Estado para que sean publicados. No pueden ser impresos en alemán.
c) A los no-alemanes se les prohíbe por ley cualquier interés financiero en publicaciones alemanas o cualquier influencia sobre ellos, por lo que en caso de violarse esta ley, se castigará mediante el cierre de esa publicación, como la expulsión inmediata del Reich del no-alemán responsable. Las publicaciones contrarias al bien general deben ser prohibidas. Exigimos el procesamiento legal de todos aquellos movimientos literarios y artísticos que ejercen una influencia destructiva en nuestra vida nacional y el cierre de aquellas organizaciones que se oponen ante las demandas anteriormente mencionadas.
Exigimos la libertad de culto para todas las denominaciones religiosas dentro del Estado, siempre y cuando estas no pongan en peligro su existencia, ni se opongan a los sentidos morales de la raza aria. El Partido como tal defiende el punto de vista de un cristianismo positivo, sin obligarse confesionalmente a ninguna denominación. Esto combatirá el espíritu materialista judío dentro y alrededor de nosotros, y está convencido de que una recuperación duradera de nuestra nación solo puede tener éxito desde dentro del marco: el bien común antes del bien individual. (Gemeinnutz geht vor Eigennutz).10 También ha sido traducido como "El bien del Estado ante el bien del individuo".11
Para la ejecución de todas estas demandas, exigimos la formación de un fuerte poder central hacia el Reich. La autoridad ilimitada del parlamento central sobre todo el Reich y sus organizaciones en general. La conformación de cámaras estatales y profesionales para la ejecución de las leyes realizadas por el Reich dentro de los diversos estados de la confederación. Los líderes del partido prometen, si es necesario mediante el sacrificio de sus propias vidas, apoyar mediante la ejecución de los puntos expuestos anteriormente sin consideración alguna. Ver menos
jueves, 26 de marzo de 2026
Cuba
Cuba: la isla de los apagones. Ha habido un crucero ideológico izquierdista progresista de ricos y privilegiados sicarios apesebrados por el Régimen dictatorial del Partido Comunista Cubano. Han sido unas vacaciones de lujo. Han llegado allí sin ningún problema, señal de que no hay ningún bloqueo sobre Cuba. Esta dictadura de parásitos y de mendigos internacionales presume de recibir ayuda exterior sin trabajar ni producir ni vender nada. Cuba ha sido la biempagá del Caribe, la gorrona, a quien había que invitarla siempre y pagar sus gastos. Esta dictadura se llena la boca de bloqueo al igual que las prostitutas de izquierdas pagadas por el Régimen para cantar las excelencias de la miseria y del hambre. Esta dictadura viene robando a los cubanos desde 1959. También se apropia de ayudas, donativos, regalos y recompensas. Cuba ha recibido desde 1959 el equivalente a 10-15 planes Marshall y miren cómo está. A algún sitio habrán ido a parar esas riquezas cuantiosas que el pueblo cubano no ha visto ni por asomo.
La flota de sicarios de izquierdas, ha disfrutado aparte de su retribución económica, música, fiestas, luz eléctrica, comida, bebida, lujo. Es la hipocresía de los dirigentes de izquierdas de toda la vida. Nada nuevo. Cuba se ha convertido en un parque jurásico de la miseria comunista.
Silvio Rodríguez, siempre callando ante la opresión, un hipócrita más, como los izquierdistas millonarios españoles. Silvio Rodríguez ha sido siempre un firme apologista de la dictadura como siempre lo ha sido la izquierda europea y mundial.
Los jerarcas ancianos y comunistas de la dictadura cubana están siempre bien alimentados, gordos. Como los dirigentes de Hamás, por cierto.
Fiestas celebradas en medio del hambre y de la miseria de los cubanos. Se aprovechan los izquierdistas de la miseria del pueblo cubano. Apagones continuos. Sin electricidad. La ayuda humanitaria se la apropia el gobierno cubano y luego hace negocios con ella especulando con ella. Igual hace Hamás en Gaza, poniendo impuestos a los comerciantes y especulando con la ayuda humanitaria. Nada nuevo.
En cuba se extrae 45.000 barriles de petróleo diarios cuyos efectos no se ven por ninguna parte. El gobierno se los apropia para sí. Podría pues haber carburante en la isla y podría haber luz eléctrica en la isla pero no es así.
La miseria de Cuba es instrumentalizada por la izquierda y por el PC cubano a su favor. La izquierda necesita la miseria para reinar, fabrica miseria y vive de la miseria.
martes, 17 de marzo de 2026
Irán
1) Irán lleva más de cuatro décadas participando en una cadena continua de violencia internacional. Todo comenzó con la crisis de los rehenes en Teherán entre 1979 y 1981, cuando 52 estadounidenses permanecieron cautivos durante 444 días tras la toma de la embajada. Aquel episodio inauguró una estrategia esencialmente violenta que se sustanció en el atentado contra la embajada estadounidense en Beirut en 1983, el ataque al cuartel de los marines ese mismo año que dejó 241 militares muertos, el secuestro del vuelo TWA 847 en 1985 o el atentado contra las Torres Khobar en Arabia Saudí en 1996.
2) La acción iraní, sin embargo, no se ha limitado a objetivos estadounidenses. El régimen de los ayatolás ha operado mediante una extensa red de milicias y organizaciones afines que extienden su influencia por todo Oriente Próximo. Hezbolá en Líbano, Hamás y la Yihad Islámica en Gaza, diversas milicias chiíes en Irak y Siria o los hutíes en Yemen forman parte de una arquitectura de poder diseñada para hostigar permanentemente a sus adversarios y desestabilizar el orden regional.
3) Más aún. La proyección del régimen no se limita a una parte del mundo. Incluso a miles de kilómetros de distancia, como ocurrió con el atentado contra la AMIA en Buenos Aires en 1994, el más grave de la historia argentina, Irán ha dejado su huella sangrienta. Tampoco Europa ha quedado al margen. Recientemente, los servicios de inteligencia europeos han señalado la implicación iraní en operaciones de intimidación y violencia contra disidentes, periodistas y opositores en la diáspora.
4) En países como Suecia, Bélgica o España se han documentado ataques e intentos de atentado mediante el uso de bandas criminales locales, como las redes conocidas como Foxtrot o Rumba, utilizadas para lanzar granadas contra embajadas o preparar ataques contra objetivos israelíes y opositores al régimen.
5) Irán ha demostrado una capacidad persistente y una voluntad recalcitrante para proyectar violencia mucho más allá de sus fronteras, combinando diplomacia, inteligencia, terrorismo y guerra mediante proxies. Y todo ello con la anuencia, cuando no el apoyo, de esos dos grandes referentes de la virtud universal: Rusia y China."
miércoles, 4 de febrero de 2026
La ideología. Ensayo de definición y comprensión
1.La ideología, intento de definición.
La vida social y política siempre ha estado dominada por las ideologías puesto que el hombre necesita tener ideas para actuar y para vivir. El asunto de la ideología del que nos vamos a ocupar en el presente escrito es un tema que tiene que ver con lo que ahora se denomina sociología del conocimiento. Se trata en esta disciplina sociológica de averiguar o explorar las conexiones causales entre la sociedad y el conocimiento o las ideas. Se trata de establecer la influencia del ser social en la conciencia. La sociología del conocimiento debe ocuparse de todo lo que se considere conocimiento en la sociedad. La ideología forma parte de la vida cotidiana, de la construcción social de la realidad, del mundo de la vida, llamado Lebenswelt por la fenomenología y que requiere de su particular hermenéutica.
Vamos a intentar determinar el contenido semántico del término ideología. El término ideología está ciertamente sobrecargado de significados. Quiero decir que es un término polisémico. Se trata de representaciones colectivas y cimiento de la sociedad y cemento que une los ladrillos del edificio social. Esto es lo que nos viene a contar la sociología del conocimiento clásica. Proyección de un imaginario tranquilizador y consolador de una situación real contradictoria e insostenible para Feuerbach; velo intelectual, justificación moral y aroma espiritual difundidos por la clase dominante. El engaño de los sacerdotes con la religión para enmascarar y marcar su dominación según Marx y los ilustrados del siglo XVIII; lugar de una retórica incapaz de justificar la producción de sus conceptos y expresión derivada y desviada de los intereses de un grupo social según Althusser.
Trastero de errores y tonterías. Es la ideología como pensamiento socialmente deformado, falso, en sentido adjetivo. Noción confusa, doxa.
Una ideología es un conjunto de representaciones, ideas, proposiciones, doctrinas, opiniones, juicios, etc., que versan sobre la realidad, el universo, la vida, la sociedad, el derecho, la religión, etc., y que tienen un marcado interés práctico más que teórico. La ideología refleja los conocimientos o pensamientos de un determinado grupo social acerca de su lugar en el mundo y en la sociedad y en la historia y sobre sus intereses.
Ideologías ha habido siempre para legitimar el orden social y la dominación política y han existido en todas las sociedades políticas. Pero el estudio sistemático de las ideologías comenzó en la Edad Moderna. Cada vez se fue atendiendo más por parte de los pensadores, filósofos, políticos, etc., a la función social ejercida por parte de determinados complejos de opiniones y de representaciones mentales subjetivas.
Marx considera que la alienación prevaleciente en la conciencia del hombre es sólo una parte de la alienación total que sufre la vida humana real en la sociedad capitalista, cuyo rasgo principal es la alienación económica originada por la posesión privada de los medios de producción, apropiación y distribución. La alienación económica es la alienación principal y determinante del resto de las alienaciones. La alienación económica es propia de la vida real del hombre. Eliminada la alienación económica, son canceladas las restantes alienaciones humanas.
Marx considera ideológico todo pensamiento incapaz de comprender la trabazón y conexión de sí mismo con el movimiento real de la sociedad. Por un lado entiende Marx la ideología como especulación pura separada de la praxis. Por el otro es la expresión ideal de las condiciones de existencia de la clase dominante. La ideología es la legitimación, la justificación del orden social existente.
Calificamos de ideología el sistema más o menos coherente de imágenes, ideas, principios éticos, representaciones globales y, asimismo, gestos colectivos, rituales religiosos, estructuras de parentesco, arte, religión, derecho, filosofía –Lo que Marx denominaba superestructura- política. En alemán se habla de Weltanschauung, concepción del mundo.
Todo hombre es filósofo decía Gramsci o intelectual, decía Gustavo Bueno porque todo hombre tiene intelecto. Como el hombre es un ser social, la vida humana está dominada por las ideologías. El hombre se mueve por intereses, por ideas. Todo hombre tiene ideas, creencias, pensamientos, deseos. El hombre necesita tener ideas para actuar. Por supuesto, también tiene necesidades e intereses.
La ideología es un término sobreabundante en significados, equívoco. Lo más importante es que es un conocimiento derivado del tipo de sociedad en la que se vive. Helvetius decía que las ideas son las consecuencias necesarias de la sociedad en la que vivimos. También puede ser en efecto un pensamiento falso, socialmente deformado.
La ideología es un efecto derivado del orden social. Según Marx las ideologías son epifenómenos o efectos resultados de algo básico y previo: las relaciones económico-sociales. “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de existencia social, político y espiritual”. Es lo que Marx denomina superestructura o superestructuras.
2. La doxa y la praxis.
Ya Platón distinguió según se objetividad, rigor, racionalidad y cercanía a la verdad entre doxa u opinión y episteme o ciencia. La doxa u opinión era un conocimiento superficial, parcial y limitado, vinculado a la percepción sensorial, primaria e ingenua. Es un saber fenoménico, apariencial y, en consecuencia, engañoso, e incluso falso. La opinión es el conocimiento ordinario, cotidiano, natural, socialmente determinado, es lo que posteriormente se va a denominar ideología. La pistis, el grado superior de conocimiento dentro de la doxa es la fe o creencia. Platón admite que puede haber doxai verdaderas, verosímiles. La opinión verdadera queda como un relato coherente, una historia. La física por ejemplo, para Platón es una doxa verdadera. La ideología no es ciencia no tiene ni validez universal ni verdad absoluta. La ideología, la doxa tiene mucho de enmascaramiento, de deformación del conocimiento y de sofistería. Es lo que se denomina uso adjetivo del término ideología como engaño o falsedad. En la época moderna la novedad fue la conexión entre la sociedad y cierto tipo de opiniones y creencias como socialmente determinadas así como necesidades e intereses. La ideología es una opinión o doxa determinada socialmente, reflejo de la estructura social en la que se genera. Aristóteles, por su parte distinguía según su utilidad entre teoría y praxis. El conocimiento práctico se ordena a la acción y persigue el incremento del bienestar y de la felicidad, pretende influir en las cosas y en las personas, instaura un saber concreto e inmediato de los hechos y circunstancias empíricas y no se satisface más que con la plena realización de los deseos y necesidades que lo originan. La ideología es praxis.
La ideología es filosofía política simplificada y vulgarizada.
3. La verdad de las ideologías.
La verdad de una ideología se confirma como verdad por sus consecuencias prácticas. La ideología es una guía práctica para la acción según el pragmatismo. La ideología es una forja o construcción de ideas capaces de satisfacer las necesidades e intereses de los hombres, algo que hace dólares. La ideología queda refutada si los resultados, la praxis llevan al fracaso, a la catástrofe, a consecuencias desagradables. La praxis es el criterio de verdad de una ideología por más que algunos individuos sean inmunes a esta especie de refutación de una ideología por sus consecuencias prácticas. Desmontar creencias arraigadas es muy difícil. Distinguía Ortega y Gasset entre ideas y creencias, las ideas se tienen sobre las creencias se está. Es que ocurre que en la ideología entran también componentes psicológicos y emocionales e irracionales que bloquean el cambio ideológico, el abandono de creencias que ya no traen consecuencias positivas capaces de satisfacer las necesidades e intereses de los individuos. Por eso puede haber marxistas o comunistas en pleno siglo XXI a pesar del fracaso de estas ideologías en el siglo XX y del hundimiento de los regímenes políticos y sociales fundados en ellas ya en 1991. Aquí el psicoanálisis y la psicología nos brindan instrumentos teóricos para analizar los bloqueos a las evidencias y los mecanismos de defensa que impiden a los individuos admitir la realidad tal cual es. Se trata del mecanismo de la pervivencia de las creencias por encima de los hechos, de la realidad.
4. Filosofía de la ciencia e ideologías.
Vamos a utilizar como hilo conductor, heurístico para entender las ideologías y su funcionamiento la moderna filosofía de la ciencia que privilegia el contexto de descubrimiento. Una cosa es el contenido de la ideología y entonces hay que considerarla utilizando algún modelo para entender su estructura y funcionamiento y otra cuestión es la del sujeto que cree en la ideología, esto es, su creencia, su adhesión a la ideología y eventualmente su abandono de la ideología. En primer lugar podríamos decir que una manera de saber si una ideología es falsa o de tener razones y motivos suficientes para abandonarla, para dejar de creer en ella podría ser lo que se llama criterio empirista de significado o de verificación. Si los hechos no coinciden la ideología pues la ideología es falsa y punto y dejamos de creer en ella. Pero en realidad eso no ocurre casi nunca. La creencia está bien asentada en la fe sencilla del pueblo y de los intelectuales o ideólogos. Nos podría parecer que si la ideología no tiene referentes fisicalistas o fácticos la ideología es pura palabrería sin sentido, que sólo tiene significado motivacional pero no empírico. Sin embargo, muy pocos cambian de ideología o desechan la que ya tenían. Realmente el verificacionismo sería una posibilidad para entender lo que es una ideología pero ocurre que la ideología no tiene un comportamiento descripcionista de los hechos. No refleja hechos, sino que los interpreta y los valora.
También podemos recurrir a Popper y a la falsación. La ideología no es episteme, es doxa, recordémoslo. Todo enunciado ideológico, que forme parte del cuerpo doctrinal de la ideología es provisional. Una ideología no es nunca verificable empíricamente.
Nunca se puede decir lícitamente de una ideología que sea verdadera, se puede decir con optimismo que es la mejor disponible, que es mejor que cualquiera de las que han existido antes. En esto consiste la teoría de la falsación de Popper. Podría darse un caso, una situación, un hecho, un enunciado negativo que echara por tierra, refutara, una ideología y que nos inclinara a dejar de creer en ella y considerarla errónea o falsa. Es la regla lógica del Modus Tollendo Tollens.
Una ideología es falsable si existe un enunciado observacional o un conjunto de enunciados observacionales lógicamente posibles que sean incompatibles con ella, esto es, que en caso de ser establecidos como verdaderos falsarían la ideología, la declararían falsa. Si no hay falsación entonces la ideología vale para todo y es resistente a cualquier hecho o a cualquier situación. Entonces el individuo tiene su creencia firmemente anclada a su conciencia y no tiene que preocuparse por la verdad. Cree que la ideología que sostiene es infalible. No hay quien derribe su creencia. Hay que contar también con que la ideología haya sido refutada ya pero que el individuo se empeñe en creer en ella, en no perder la fe secular en sus bondades y propiedades salvíficas, consoladoras y tranquilizadoras para su conciencia. Esto ya pertenece al terreno de la psicología. Debido al carácter emocional de la ideología y de sus creencias políticas, morales e ideológicas, el individuo mezcla lo personal con lo político. La amistad personal está dirigida por la amistad política y la enemistad personal es consecuencia de la enemistad política. El individuo se cree en la posición correcta, la del bien y tiene que luchar contra el mal. Las amistades políticas se convierten en amistades personales y las enemistades políticas en enemistades personales.
Si utilizamos la metodología de los programas de investigación científica de I. Lakatos podríamos considerar las cosas referentes a la ideología relativizando la falsación de Popper. Los enunciados observacionales dependen de la ideología, de la concepción del mundo que cada uno sostenga o que cada grupo social tenga. Las observaciones, los hechos, pueden ser engañosos. Las observaciones pueden ser falibles y los juicios de valor también por consiguiente. Bien pudiera ocurrir que fuera el hecho o el enunciado observacional el que estuviera equivocado. Como decían muchos comunistas si los hechos no corresponden con nuestra ideología pues peor para los hechos. Podemos rechazar los hechos que desmientan la ideología y seguir creyendo en la ideología. Puede no importarnos lo más mínimo la experiencia, la praxis, lo que sea. Podemos seguir siendo comunistas después de 1991 como si nada. Podemos seguir creyendo que estamos en los años 1930 luchando contra el fascismo o podemos creer que el franquismo existe en 2025 como algo vivo frente a lo cual debemos ser antifranquistas todavía en la actualidad. Los hechos no cuentan pues.
Entonces las ideologías no pueden falsarse de modo concluyente. La fe en la ideología es inconmovible. Los enunciados observacionales pueden ser falsos, los hechos pueden carecer de importancia frente a una ideología que se estima por verdadera. Se puede proteger siempre a una ideología de la falsación o de la verificación desviando la falsación hacia otra parte de la compleja red de supuestos de la ideología. Mala voluntad, corrupción, conjuras, torpeza, etc. La ideología es verdadera pero ha habido traición e incompetencia. El enemigo es muy astuto.
Entonces hay que considerar las ideologías como totalidades orgánicas estructuradas de alguna forma. Un programa de investigación científica lakatosiano es una estructura que sirve de guía de la acción futura, de la praxis de modo positivo y de modo negativo. El núcleo central de la ideología o de la concepción del mundo está protegido de la falsación. Hay un cinturón protector de hipótesis auxiliares, condiciones iniciales, juicios de valor, etc. Esto se acepta y punto. Esta ideología también nos muestra qué se puede y se debe hacer para desarrollarla. Habrá que dar razón de nuevos hechos y de nuevas situaciones históricas dadas en la lucha ideológica, en la propaganda y en la agitación.
La ideología se define por su núcleo central. Es infalsable y no hay nada de qué hablar entonces. Si hay desajustes no se han de atribuir a la ideología ni a su núcleo central sino a partes laterales auxiliares de su estructura teórica. El ideólogo puede no dar importancia a los fallos mientras la ideología siga sirviendo para explicar y justificar intereses y creencias.
No podemos decir nunca de modo absoluto que un programa de investigación es mejor que otro rival. Igual ocurre con la ideología. Sólo se puede decidir entre ideologías y sus méritos a toro pasado, retrospectivamente. Tendrá que surgir otra ideología nueva, más atractiva para los individuos y grupos sociales para abandonar la vieja ideología y sustituirla por la nueva.
También podemos recurrir a la teoría de los paradigmas científicos de Kuhn para entender lo que sea una ideología. El grupo social se adhiere a una ideología que representa y refleja sus intereses y su concepción del mundo con sus supuestos teóricos, sus creencias, sus temores y esperanzas y sus estrategias para llevar a tal ideología a su cumplimiento final que satisfaga las necesidades del grupo social en cuestión.
Durante mucho tiempo el grupo social cree en su ideología y la tiene por infalible porque hace que el grupo adopte la posición correcta en la historia en el combate ideológico, político e histórico. La fe ayuda a comprender. El militante, el simpatizante, el partisano, han de aceptar dogmáticamente el contenido de la ideología. La ideología es lo que los miembros de un grupo social comparten. Una clase social o grupo social es un conjunto de hombres que comparten una ideología. El político, el ideólogo perfecciona la ideología acoplando los hechos a la ideología. A veces surgen problemas empíricos, históricos, políticos. Si las dificultades de la ideología se escapan de las manos, aparece la crisis. El grupo social comienza a dividirse y se empieza a detectar la sensación de crisis. Una vez que la ideología porque las dificultades son evidentes o insuperables, se llega a una nueva ideología que sustituye a la anterior. Esto no impide, claro está que muchas personas sean incapaces de caerse del caballo en el camino hacia Damasco, resistencias, bloqueos, mecanismos de defensa. El individuo puede quedarse como un fósil político e ideológico viviente, herencia de otras épocas históricas e ideológicas, puede profesar fuera de época creencias que muy pocos dan por verdaderas o válidas que han perdido vigencia histórica. Un ejemplo serían los marxistas o comunistas creyendo a día de hoy 2026, aún en el comunismo y en el marxismo. Son realmente una curiosidad tales individuos. Se trata de lo que Vilfredo Pareto denominó como los residuos, la pervivencia de ideas, ideologías o creencias fuera de la época en la que nacieron y en la que tendrían alguna justificación para existir y en tener aceptación social.
Una ideología por un lado es una matriz disciplinaria y por otro lado es un ejemplar. Un militante o ideólogo no debe criticar su propia ideología en la cual cree. Sólo así concentra sus esfuerzos en la lucha política militante, en la praxis política y social. Cuando aparece una ideología rival surgen los problemas. La competencia entre ideologías es normal en toda sociedad humana. Los hombres que tienen una ideología y los que tienen otra distinta, viven en universos paralelos, en mundos distintos. El cambio de ideología es como una conversión religiosa secular. No hay argumento lógico que demuestre la superioridad de una ideología sobre otra y que por lo tanto le sirva al individuo, al militante, al político, al ideólogo para cambiar de ideología. Las ideologías son inconmensurables entre sí.
Las ideologías son muy variadas. Teóricamente puede haber un número altísimo de ideologías. Podemos forjarnos ideologías muy diferentes entre sí. Nuestras representaciones son casi ilimitadas. La fantasía no tiene límites muy bien marcados. No hay reglas de formación de ideologías, criterios de verdad rigurosos de las ideologías. Todas las ideologías tienen sus límites. Al final queda en pie el que todo vale. Toda ideología puede en principio servir para la praxis. Es la praxis el criterio de verdad de la ideología y aun así, las creencias pueden ser independientes del contenido de verdad y eficacia de las ideologías. Esta es la posición sostenida por Feyerabend con su anarquismo epistemológico. Las ideologías son inconmensurables entre sí. La elección entre criterios, entre ideologías es en última instancia subjetiva.
5. ¿Fin de las ideologías?
Cuando se hablaba de esto a partir de los años 1950, se estaban refiriendo los sociólogos o politólogos a los grandes relatos: marxismo, comunismo, fascismo, etc. Daniel Bell afirmaba que los obreros estaban más satisfechos con la sociedad burguesa, capitalista, con el mercado pletórico de bienes, con el estado del bienestar. La clase obrera se estaba convirtiendo en una clase media. El obrero estaba más satisfecho como consumidor satisfecho que los intelectuales. Los obreros no habían alcanzado la utopía marxista o comunista. No se había conseguido el hombre nuevo ni una sociedad sin clases, pero sus expectativas eran menores que las de los intelectuales y sus ganancias eran mayores. Al final, el obrero busca beneficios económicos. Se mueve por incentivos económicos. El final de las ideologías como concepciones globales del mundo frente al capitalismo equivale al final de la utopía.
Por lo tanto no podemos hablar en absoluto de fin de las ideologías. Es el fin de algunas ideologías y su sustitución por otras ideologías. Todo hombre como hemos dicho antes, tiene ideología, ideas, creencias. Le son necesarias para vivir, para actuar, para existir. Marxismo, comunismo, socialdemocracia, anarquismo, son ideologías muertas en la actualidad. Ahí están los libros, algunos clásicos, que exponen el contenido de tales ideologías y ahí están algunos individuos que creen aun en ellas, pero tales ideologías no tienen fuerza social ni están presentes en la sociedad ya. Los pensadores posmodernos hablaban de que era mejor tener un pensamiento débil, que los grandes relatos ambiciosos, completos, sistemáticos como alternativas globales frente a la sociedad burguesa había que abandonarlos o ya estaban muertos. Se hablaba ya en los años 1980 de la posmodernidad. Esto es un nihilismo, un relativismo.
Según Ortega y Gasset, las ideas constituyen las coordenadas con las que el hombre se orienta en el mundo y con las que pretende solucionar su necesidad radical: La vida y la razón.
Las ideas son heterogéneas. Ortega las clasifica en ideas propiamente dichas y creencias. Las ideas son aquellos pensamientos que construimos y de los que somos conscientes. Las ideas las tenemos y discutimos. Las creencias, son una clase especial de ideas que tenemos tan asumidas que no tenemos ni siquiera necesidad de defenderlas, porque en las creencias vivimos y son nuestra realidad y no las cuestionamos nunca. Las creencias nos poseen a nosotros. Si no tuviéramos creencias se paralizaría nuestra acción. Las ideologías igual pueden ser ideas o simplemente creencias en cuyo caso resultan muy difíciles de cambiar, abandonar, extirpar porque podría significar nuestra muerte el abandonar las creencias. Si hay cambios de creencias es como una suerte de conversión religiosa. Algo parecido ocurre con las ideas, pero de modo más atenuado. La ideología puede operar como creencia o puede operar como idea. Las ideas se tienen. En las creencias se está.
Felipe Giménez Pérez, Pioz a 4 de febrero de 2026.
sábado, 8 de noviembre de 2025
Marx. El gran sofista.
Epístola a Weydemeyer, 5 de marzo de 1852.
Ahora, por lo que a mí se refiere, no es a mí a quien corresponde·e1 mérito de
haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna, como tampoco la
lucha que libran entre sí en esa sociedad. Historiadores burgueses, habían expuesto mucho
antes que yo la evolución histórica de esa lucha de clases, y economistas burgueses habían
descrito su anatomía económica. Lo que yo he aportado de nuevo es: l º, demostrar que
la EXISTENCIA DE LAS CLASES no está vinculada más que a FASES HISTÓRICAS
DETERMINADAS DEL DESARROLLO DE LA PRODUCCIÓN; 2 º, que la lucha de clases
lleva necesariamente a la dictadura del proletariado; 3 º, que esa misma dictadura no
1 Se refiere a On the Principles of Political Economy and Taxation, Londres, 1817.
Carta de Carlos Marx a J. Weydemeyer, 5 de marzo de 1852
2
representa más que una transición hacia LA ABOLICIÓN DE TODAS LAS CLASES y hacia
una SOCIEDAD SIN CLASES. Tontos ignorantes, como Heinzen, que no sólo niegan la
lucha de clases, sino la existencia misma de esas clases, muestran tan sólo que, a pesar de
toda su baba sanguinolenta, de sus aullidos que quieren hacerse pasar por declaraciones
humanistas, apoyan las condiciones sociales en las que la burguesía robustece su dominio
para el resultado final, para el nec plus ultra de la historia;·prueban que no son más que
criados de la burguesía, una servidumbre tanto más repugnante cuanto que esos cretinos
comprenden menos la magnitud y la necesidad pasajera de ese mismo régimen burgués
[...]
sábado, 18 de octubre de 2025
Pier Paolo Pasolini Estoy en contra del aborto. El coito, el aborto, la falsa tolerancia del poder, el conformismo de los progresistas por Pier Paolo Pasolini
Prefacio
Estoy a favor de los ocho referéndums del Partido Radical1, y estaría dispuesto a hacer campaña, incluso de inmediato, a su favor. Comparto con el Partido Radical la ansiedad de la ratificación, es decir, la ansiedad de dar un cuerpo formal a realidades ya existentes, que es el primer principio de la democracia.
Sin embargo, estoy traumatizado por la legalización del aborto, porque considero, como muchos, que es una legalización del homicidio. En mis sueños y en mi comportamiento cotidiano —algo común a todos los hombres— vivo mi vida prenatal, mi feliz inmersión en las aguas maternas: sé que yo existía allí. Me limito a decir esto, porque sobre el aborto tengo cosas más urgentes que decir. Que la vida sea sagrada es obvio: es un principio más fuerte aun que cualquier principio democrático, y es inútil repetirlo.
Lo primero que quiero decir es esto: respecto al aborto, es el primer y único caso en que los radicales y todos los abortistas democráticos más puros y rigurosos apelan a la Realpolitik y, por tanto, recurren a la prevaricación «cínica» de los hechos y del sentido común.
Si siempre se han planteado, ante todo, y tal vez idealmente (como es justo), el problema de cuáles son los «principios reales» que hay que defender, esta vez, no lo han hecho.
Ahora, como bien saben, no hay un solo caso en que los «principios reales» coincidan con los que la mayoría considera sus propios derechos. En el contexto democrático, se lucha, claro, por la mayoría, es decir, por todo el consorcio civil, pero se descubre que la mayoría, en su santidad, siempre está equivocada: porque su conformismo es siempre, por naturaleza, brutalmente represivo. ¿Por qué considero que no son «reales» los principios en los que los radicales y, en general, los progresistas (conformistamente) basan su lucha por la legalización del aborto?
Por una serie caótica, tumultuosa y emocionante de razones. Sé, como he dicho, que la mayoría ya está, potencialmente, a favor de la legalización del aborto (aunque tal vez en el caso de un nuevo «referéndum», muchos votarían en contra, y la «victoria» radical sería mucho menos clamorosa). El aborto legalizado es, de hecho —en esto no hay duda— una enorme comodidad para la mayoría. Sobre todo porque haría aun más fácil el coito, el apareamiento heterosexual, al que prácticamente no habría ya obstáculos. Pero esta libertad del coito de la «pareja», tal como es concebida por la mayoría —esta maravillosa permisividad a su respecto—, ¿quién la ha querido tácitamente, quién la ha promulgado tácitamente y quién la ha introducido tácitamente, de manera ya irreversible, en los hábitos? El poder de los consumos, el nuevo fascismo. Este se ha apropiado de las exigencias de libertad, digamos, liberales y progresistas, y, al hacerlas suyas, las ha vaciado de contenido, ha cambiado su naturaleza.
Hoy en día, la libertad sexual de la mayoría es, en realidad, una convención, una obligación, un deber social, una ansiedad social, una característica irrenunciable de la calidad de vida del consumidor. En resumen, la falsa liberalización del bienestar ha creado una situación tan insana, o quizás más, que la de los tiempos de la pobreza. De hecho: primero, el resultado de una libertad sexual «regalada» por el poder es una auténtica neurosis general. La facilidad ha creado la obsesión; porque es una facilidad «inducida» e impuesta, derivada del hecho de que la tolerancia del poder se refiere únicamente a la necesidad sexual expresada por el conformismo de la mayoría. Protege únicamente a la pareja (no solo, naturalmente, la matrimonial): y la pareja ha terminado por convertirse en una condición paroxística, en lugar de ser un signo de libertad y felicidad (como era en las esperanzas democráticas). Segundo, todo lo que es sexualmente «diferente» es, en cambio, ignorado y rechazado. Con una violencia comparable solo a la de los campos de concentración nazis (nadie recuerda, por supuesto, que los diferentes sexualmente terminaron allí). Es cierto; de palabra, el nuevo poder extiende su falsa tolerancia también a las minorías.
No se puede excluir que, tarde o temprano, se hable de ello públicamente en televisión. Por lo demás, las élites son mucho más tolerantes hacia las minorías sexuales que antes, y ciertamente de manera sincera (también porque eso gratifica sus conciencias). En cambio, la enorme mayoría (la masa: cincuenta millones de italianos) se ha vuelto de una intolerancia tan tosca, violenta e infame, como nunca antes había sucedido en la historia italiana. En estos años se ha dado, desde un punto de vista antropológico, un enorme fenómeno de abjuración: el pueblo italiano, junto con la pobreza, ya no quiere ni recordar su «verdadera» tolerancia; es decir, ya no quiere recordar los dos fenómenos que mejor han caracterizado toda su historia. Esa historia que el nuevo poder quiere terminar para siempre. Es esta misma masa (dispuesta al chantaje, a la agresión, al linchamiento de las minorías) la que, por decisión del poder, ya ha superado la vieja convención clerical-fascista y está dispuesta a aceptar la legalización del aborto, y por tanto, la eliminación de todo obstáculo en la relación de la pareja consagrada.
Ahora, todos, desde los radicales hasta Fanfani (quien esta vez, precediendo hábilmente a Andreotti, está sentando las bases de una aunque sea prudentísima abjuración teológica, desafiando al Vaticano), todos, digo, cuando hablan del aborto, omiten hablar de lo que lógicamente lo precede, es decir, el coito.
Omisión extremadamente significativa. El coito, con toda la permisividad del mundo, sigue siendo un tabú, está claro. Pero en cuanto a los radicales, la cuestión no se explica ciertamente por el tabú: más bien indica la omisión de un análisis político sincero, riguroso y completo. De hecho, el coito es político. Por lo tanto, no se puede hablar políticamente en concreto del aborto sin considerar el coito como un acto político. No se pueden ver los signos de una condición social y política en el aborto (o en el nacimiento de nuevos hijos) sin ver los mismos signos también en su precedente inmediato, es decir, «en su causa»; o sea, el coito.
Ahora, el coito de hoy está volviéndose, políticamente, muy diferente del de ayer. El contexto político de hoy es ya el de la tolerancia (y por lo tanto el coito es una obligación social), mientras que el contexto político de ayer era el de la represión (y por lo tanto el coito, fuera del matrimonio, era un escándalo). Aquí está, entonces, un primer error de Realpolitik, de compromiso con el sentido común, que encuentro en la acción de los radicales y los progresistas en su lucha por la legalización del aborto. Ellos aíslan el problema del aborto, con sus datos específicos, y por ello ofrecen una perspectiva distorsionada: aquella que les resulta conveniente (de buena fe, sobre esto sería absurdo discutir).
El segundo error, más grave, es el siguiente. Los radicales y otros progresistas que luchan en primera línea por la legalización del aborto, después de haberlo aislado del coito, lo introducen en una problemática estrictamente contingente (en este caso, italiana) e incluso provisional. Lo reducen a un caso de pura practicidad, a ser tratado precisamente con un espíritu práctico. Pero esto (como ellos bien saben) es siempre culpable.
El contexto en el que hay que insertar el problema del aborto es mucho más amplio y va más allá de la ideología de los partidos (que se destruirían a sí mismos si lo afirmaran: cfr. Breviario di ecologia de Alfredo Todisco2). El contexto en el que debe inscribirse el aborto es precisamente el ecológico: es la tragedia demográfica, que, en un horizonte ecológico, se presenta como la amenaza más grave para la supervivencia de la humanidad. En este contexto, la figura —ética y legal— del aborto cambia de forma y naturaleza; y, en cierto sentido, puede justificarse una forma de legalización. Si los legisladores no llegaran siempre tarde y no fueran sombríamente sordos a la imaginación para mantenerse fieles a su buen sentido y a su propia abstracción pragmática, podrían resolver todo clasificando el delito del aborto en el más amplio de la eutanasia, privilegiándolo con una serie particular de «atenuantes» de carácter precisamente ecológico. No por ello dejaría de ser formalmente un delito y de parecerlo ante la conciencia. Y este es el principio que mis amigos radicales deberían defender, en lugar de lanzarse (con una honestidad donquijotesca) en un enredo, extremadamente sensato pero algo pietista, de chicas madres o de feministas, angustiadas en realidad por «otro» (y más grave y serio). ¿Cuál es, en realidad, el marco en el que debería inscribirse la nueva figura del delito de eutanasia?
Aquí está: una vez la pareja era bendecida, hoy está maldecida. La convención y los periodistas imbéciles continúan enterneciéndose por la «parejita» (así, abominablemente, la llaman), sin darse cuenta de que se trata de un pequeño pacto criminal. Y así los matrimonios: antes eran fiestas, y la misma institucionalidad —tan estúpida y siniestra— era menos fuerte que el hecho que los instituía, un destino, precisamente, feliz, festivo. Ahora, en cambio, los matrimonios parecen todos grises y apresurados ritos funerarios. La razón de estas cosas terribles que digo es clara: antes la «especie» debía luchar por sobrevivir, así que los nacimientos «debían» superar las muertes. Hoy, en cambio, la «especie», si quiere sobrevivir, debe asegurarse de que los nacimientos no superen las muertes. Por lo tanto, cada hijo que antes nacía, siendo garantía de vida, era bendecido; cada hijo que en cambio nace hoy es una contribución a la autodestrucción de la humanidad, y por lo tanto está maldecido.
Hemos llegado así a la paradoja en que lo que se decía contra natura es natural, y lo que se decía natural es contra natura. Recuerdo que De Marsico3 (colaborador del código Rocco)4, en un brillante alegato en defensa de una de mis películas, llamó «cerdo» a Braibanti5, declarando inadmisible la relación homosexual por ser inútil para la supervivencia de la especie: ahora, él, para ser coherente, debería, en realidad, afirmar lo contrario: sería la relación heterosexual la que se configuraría como un peligro para la especie, mientras que la homosexual representaría una seguridad.
En conclusión: antes del universo del parto y del aborto está el universo del coito; y es el universo del coito el que forma y condiciona el universo del parto y del aborto. Quien se ocupa, políticamente, del universo del parto y del aborto no puede considerar como ontológico el universo del coito —y no ponerlo, por lo tanto, en cuestión— a menos que quiera ser un tanto superficial y mezquinamente realista. Ya he esbozado cómo se configura, hoy, en Italia, el universo del coito, pero quiero, para concluir, resumirlo.
Tal universo incluye una mayoría totalmente pasiva y, al mismo tiempo, violenta, que considera intocables todas sus instituciones, escritas y no escritas. Su fondo sigue siendo clerical-fascista, con todos los lugares comunes anexos. La idea del absoluto privilegio de la normalidad es tan natural como vulgar e incluso criminal. En ella todo yace preconstituido y conformista, y se configura como un «derecho»: incluso lo que se opone a tal «derecho» (incluida la tragicidad y el misterio implícitos en el acto sexual) es asumido conformistamente. Por inercia, la guía de toda esta violencia mayoritaria sigue siendo la Iglesia Católica. Incluso en sus puntos más progresistas y avanzados (se puede leer el capítulo, atroz, en la página 323 de La Chiesa e la sessualità del progresista y avanzado S.H. Pfurtner6). Sin embargo… sin embargo, en la última década ha intervenido la civilización del consumo, es decir, un nuevo poder falsamente tolerante que ha relanzado en gran escala a la pareja, privilegiándola con todos los derechos de su conformismo. A este poder no le interesa, sin embargo, una pareja creadora de prole (proletaria), sino una pareja consumidora (pequeña burguesía): en el fondo, ya tiene la idea de la legalización del aborto (como ya tenía la idea de la ratificación del divorcio).
No me parece que los abortistas, en relación con el problema del aborto, hayan cuestionado todo esto. En cambio, me parece que ellos, en relación con el aborto, callan sobre el coito, y aceptan, por Realpolitik, repito, en un silencio, por lo tanto, diplomático y culpable, su total institucionalidad, inamovible y «natural».
Mi opinión extremadamente razonable, en cambio, es esta: en lugar de luchar contra la sociedad que condena el aborto de manera represiva, en el ámbito del aborto, hay que luchar contra esa sociedad en el plano de la causa del aborto, es decir, en el plano del coito. Se trata —está claro— de dos luchas «tardías»: pero al menos aquella «en el plano del coito» tiene el mérito, además de una mayor lógica y rigor, de una infinitamente mayor potencialidad de implicaciones.
Hay que luchar, ante todo, contra la «falsa tolerancia» del nuevo poder totalitario del consumo, distinguiéndose de él con toda la indignación del caso; y luego hay que imponer a la retaguardia, aún clerical-fascista, de ese poder, toda una serie de liberalizaciones «reales» relacionadas precisamente con el coito (y, por lo tanto, sus efectos): anticonceptivos, píldoras, técnicas amorosas diversas, una moderna moralidad del honor sexual, etcétera. Sería suficiente con que todo esto se difundiera democráticamente a través de la prensa y, sobre todo, de la televisión, y el problema del aborto se vería esencialmente anulado, aunque seguiría siendo, como debe ser, una culpa, y por lo tanto un problema de conciencia. ¿Todo esto es utópico? ¿Es una locura pensar que una «autoridad» aparezca en la televisión promoviendo «diversas» técnicas amorosas? Bien, no son ciertamente los hombres con los que aquí polemizo los que deben asustarse de esta dificultad. Por lo que sé, para ellos lo que cuenta es el rigor del principio democrático, no el dato de hecho (como es brutalmente, para cualquier partido político).
Finalmente: muchos –carentes de la viril y racional capacidad de comprensión– acusarán a mi intervención de ser personal, particular, minoritaria.
¿Y qué?
Notas al pie de página.
Durante los años 70, el Partido Radical Italiano promovió una serie de referendums abrogativos sobre temas relacionados a derechos civiles y libertades individuales, como la abolición de los manicomios y de algunas normas sobre delitos de opinion y sindicales. ↩︎
Todisco se hizo conocido por sensibilizar al público italiano sobre problemas ambientales ↩︎
Ministro de Justicia bajo Benito Mussolini ↩︎
Código penal italiano, establecido durante el fascismo y conocido también como Código Rocco, por Alfredo Rocco, otro ministro de Justicia bajo Mussolini. ↩︎
Escritor, guionista y dramaturgo italiano, defendido por Pasolini tras ser acusado de plagio en el célebre «caso Braibanti. ↩︎
Teólogo alemán crítico de la doctrina católica sobre sexualidad y ética. ↩︎
Traducción y prefacio
Avatar de Nicolás Delgado
Nicolás Delgado
Suscribirse a:
Entradas (Atom)