jueves, 26 de marzo de 2026

Cuba

Cuba: la isla de los apagones. Ha habido un crucero ideológico izquierdista progresista de ricos y privilegiados sicarios apesebrados por el Régimen dictatorial del Partido Comunista Cubano. Han sido unas vacaciones de lujo. Han llegado allí sin ningún problema, señal de que no hay ningún bloqueo sobre Cuba. Esta dictadura de parásitos y de mendigos internacionales presume de recibir ayuda exterior sin trabajar ni producir ni vender nada. Cuba ha sido la biempagá del Caribe, la gorrona, a quien había que invitarla siempre y pagar sus gastos. Esta dictadura se llena la boca de bloqueo al igual que las prostitutas de izquierdas pagadas por el Régimen para cantar las excelencias de la miseria y del hambre. Esta dictadura viene robando a los cubanos desde 1959. También se apropia de ayudas, donativos, regalos y recompensas. Cuba ha recibido desde 1959 el equivalente a 10-15 planes Marshall y miren cómo está. A algún sitio habrán ido a parar esas riquezas cuantiosas que el pueblo cubano no ha visto ni por asomo. La flota de sicarios de izquierdas, ha disfrutado aparte de su retribución económica, música, fiestas, luz eléctrica, comida, bebida, lujo. Es la hipocresía de los dirigentes de izquierdas de toda la vida. Nada nuevo. Cuba se ha convertido en un parque jurásico de la miseria comunista. Silvio Rodríguez, siempre callando ante la opresión, un hipócrita más, como los izquierdistas millonarios españoles. Silvio Rodríguez ha sido siempre un firme apologista de la dictadura como siempre lo ha sido la izquierda europea y mundial. Los jerarcas ancianos y comunistas de la dictadura cubana están siempre bien alimentados, gordos. Como los dirigentes de Hamás, por cierto. Fiestas celebradas en medio del hambre y de la miseria de los cubanos. Se aprovechan los izquierdistas de la miseria del pueblo cubano. Apagones continuos. Sin electricidad. La ayuda humanitaria se la apropia el gobierno cubano y luego hace negocios con ella especulando con ella. Igual hace Hamás en Gaza, poniendo impuestos a los comerciantes y especulando con la ayuda humanitaria. Nada nuevo. En cuba se extrae 45.000 barriles de petróleo diarios cuyos efectos no se ven por ninguna parte. El gobierno se los apropia para sí. Podría pues haber carburante en la isla y podría haber luz eléctrica en la isla pero no es así. La miseria de Cuba es instrumentalizada por la izquierda y por el PC cubano a su favor. La izquierda necesita la miseria para reinar, fabrica miseria y vive de la miseria.

martes, 17 de marzo de 2026

Irán

1) Irán lleva más de cuatro décadas participando en una cadena continua de violencia internacional. Todo comenzó con la crisis de los rehenes en Teherán entre 1979 y 1981, cuando 52 estadounidenses permanecieron cautivos durante 444 días tras la toma de la embajada. Aquel episodio inauguró una estrategia esencialmente violenta que se sustanció en el atentado contra la embajada estadounidense en Beirut en 1983, el ataque al cuartel de los marines ese mismo año que dejó 241 militares muertos, el secuestro del vuelo TWA 847 en 1985 o el atentado contra las Torres Khobar en Arabia Saudí en 1996. 2) La acción iraní, sin embargo, no se ha limitado a objetivos estadounidenses. El régimen de los ayatolás ha operado mediante una extensa red de milicias y organizaciones afines que extienden su influencia por todo Oriente Próximo. Hezbolá en Líbano, Hamás y la Yihad Islámica en Gaza, diversas milicias chiíes en Irak y Siria o los hutíes en Yemen forman parte de una arquitectura de poder diseñada para hostigar permanentemente a sus adversarios y desestabilizar el orden regional. 3) Más aún. La proyección del régimen no se limita a una parte del mundo. Incluso a miles de kilómetros de distancia, como ocurrió con el atentado contra la AMIA en Buenos Aires en 1994, el más grave de la historia argentina, Irán ha dejado su huella sangrienta. Tampoco Europa ha quedado al margen. Recientemente, los servicios de inteligencia europeos han señalado la implicación iraní en operaciones de intimidación y violencia contra disidentes, periodistas y opositores en la diáspora. 4) En países como Suecia, Bélgica o España se han documentado ataques e intentos de atentado mediante el uso de bandas criminales locales, como las redes conocidas como Foxtrot o Rumba, utilizadas para lanzar granadas contra embajadas o preparar ataques contra objetivos israelíes y opositores al régimen. 5) Irán ha demostrado una capacidad persistente y una voluntad recalcitrante para proyectar violencia mucho más allá de sus fronteras, combinando diplomacia, inteligencia, terrorismo y guerra mediante proxies. Y todo ello con la anuencia, cuando no el apoyo, de esos dos grandes referentes de la virtud universal: Rusia y China."

miércoles, 4 de febrero de 2026

La ideología. Ensayo de definición y comprensión

1.La ideología, intento de definición. La vida social y política siempre ha estado dominada por las ideologías puesto que el hombre necesita tener ideas para actuar y para vivir. El asunto de la ideología del que nos vamos a ocupar en el presente escrito es un tema que tiene que ver con lo que ahora se denomina sociología del conocimiento. Se trata en esta disciplina sociológica de averiguar o explorar las conexiones causales entre la sociedad y el conocimiento o las ideas. Se trata de establecer la influencia del ser social en la conciencia. La sociología del conocimiento debe ocuparse de todo lo que se considere conocimiento en la sociedad. La ideología forma parte de la vida cotidiana, de la construcción social de la realidad, del mundo de la vida, llamado Lebenswelt por la fenomenología y que requiere de su particular hermenéutica. Vamos a intentar determinar el contenido semántico del término ideología. El término ideología está ciertamente sobrecargado de significados. Quiero decir que es un término polisémico. Se trata de representaciones colectivas y cimiento de la sociedad y cemento que une los ladrillos del edificio social. Esto es lo que nos viene a contar la sociología del conocimiento clásica. Proyección de un imaginario tranquilizador y consolador de una situación real contradictoria e insostenible para Feuerbach; velo intelectual, justificación moral y aroma espiritual difundidos por la clase dominante. El engaño de los sacerdotes con la religión para enmascarar y marcar su dominación según Marx y los ilustrados del siglo XVIII; lugar de una retórica incapaz de justificar la producción de sus conceptos y expresión derivada y desviada de los intereses de un grupo social según Althusser. Trastero de errores y tonterías. Es la ideología como pensamiento socialmente deformado, falso, en sentido adjetivo. Noción confusa, doxa. Una ideología es un conjunto de representaciones, ideas, proposiciones, doctrinas, opiniones, juicios, etc., que versan sobre la realidad, el universo, la vida, la sociedad, el derecho, la religión, etc., y que tienen un marcado interés práctico más que teórico. La ideología refleja los conocimientos o pensamientos de un determinado grupo social acerca de su lugar en el mundo y en la sociedad y en la historia y sobre sus intereses. Ideologías ha habido siempre para legitimar el orden social y la dominación política y han existido en todas las sociedades políticas. Pero el estudio sistemático de las ideologías comenzó en la Edad Moderna. Cada vez se fue atendiendo más por parte de los pensadores, filósofos, políticos, etc., a la función social ejercida por parte de determinados complejos de opiniones y de representaciones mentales subjetivas. Marx considera que la alienación prevaleciente en la conciencia del hombre es sólo una parte de la alienación total que sufre la vida humana real en la sociedad capitalista, cuyo rasgo principal es la alienación económica originada por la posesión privada de los medios de producción, apropiación y distribución. La alienación económica es la alienación principal y determinante del resto de las alienaciones. La alienación económica es propia de la vida real del hombre. Eliminada la alienación económica, son canceladas las restantes alienaciones humanas. Marx considera ideológico todo pensamiento incapaz de comprender la trabazón y conexión de sí mismo con el movimiento real de la sociedad. Por un lado entiende Marx la ideología como especulación pura separada de la praxis. Por el otro es la expresión ideal de las condiciones de existencia de la clase dominante. La ideología es la legitimación, la justificación del orden social existente. Calificamos de ideología el sistema más o menos coherente de imágenes, ideas, principios éticos, representaciones globales y, asimismo, gestos colectivos, rituales religiosos, estructuras de parentesco, arte, religión, derecho, filosofía –Lo que Marx denominaba superestructura- política. En alemán se habla de Weltanschauung, concepción del mundo. Todo hombre es filósofo decía Gramsci o intelectual, decía Gustavo Bueno porque todo hombre tiene intelecto. Como el hombre es un ser social, la vida humana está dominada por las ideologías. El hombre se mueve por intereses, por ideas. Todo hombre tiene ideas, creencias, pensamientos, deseos. El hombre necesita tener ideas para actuar. Por supuesto, también tiene necesidades e intereses. La ideología es un término sobreabundante en significados, equívoco. Lo más importante es que es un conocimiento derivado del tipo de sociedad en la que se vive. Helvetius decía que las ideas son las consecuencias necesarias de la sociedad en la que vivimos. También puede ser en efecto un pensamiento falso, socialmente deformado. La ideología es un efecto derivado del orden social. Según Marx las ideologías son epifenómenos o efectos resultados de algo básico y previo: las relaciones económico-sociales. “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de existencia social, político y espiritual”. Es lo que Marx denomina superestructura o superestructuras. 2. La doxa y la praxis. Ya Platón distinguió según se objetividad, rigor, racionalidad y cercanía a la verdad entre doxa u opinión y episteme o ciencia. La doxa u opinión era un conocimiento superficial, parcial y limitado, vinculado a la percepción sensorial, primaria e ingenua. Es un saber fenoménico, apariencial y, en consecuencia, engañoso, e incluso falso. La opinión es el conocimiento ordinario, cotidiano, natural, socialmente determinado, es lo que posteriormente se va a denominar ideología. La pistis, el grado superior de conocimiento dentro de la doxa es la fe o creencia. Platón admite que puede haber doxai verdaderas, verosímiles. La opinión verdadera queda como un relato coherente, una historia. La física por ejemplo, para Platón es una doxa verdadera. La ideología no es ciencia no tiene ni validez universal ni verdad absoluta. La ideología, la doxa tiene mucho de enmascaramiento, de deformación del conocimiento y de sofistería. Es lo que se denomina uso adjetivo del término ideología como engaño o falsedad. En la época moderna la novedad fue la conexión entre la sociedad y cierto tipo de opiniones y creencias como socialmente determinadas así como necesidades e intereses. La ideología es una opinión o doxa determinada socialmente, reflejo de la estructura social en la que se genera. Aristóteles, por su parte distinguía según su utilidad entre teoría y praxis. El conocimiento práctico se ordena a la acción y persigue el incremento del bienestar y de la felicidad, pretende influir en las cosas y en las personas, instaura un saber concreto e inmediato de los hechos y circunstancias empíricas y no se satisface más que con la plena realización de los deseos y necesidades que lo originan. La ideología es praxis. La ideología es filosofía política simplificada y vulgarizada. 3. La verdad de las ideologías. La verdad de una ideología se confirma como verdad por sus consecuencias prácticas. La ideología es una guía práctica para la acción según el pragmatismo. La ideología es una forja o construcción de ideas capaces de satisfacer las necesidades e intereses de los hombres, algo que hace dólares. La ideología queda refutada si los resultados, la praxis llevan al fracaso, a la catástrofe, a consecuencias desagradables. La praxis es el criterio de verdad de una ideología por más que algunos individuos sean inmunes a esta especie de refutación de una ideología por sus consecuencias prácticas. Desmontar creencias arraigadas es muy difícil. Distinguía Ortega y Gasset entre ideas y creencias, las ideas se tienen sobre las creencias se está. Es que ocurre que en la ideología entran también componentes psicológicos y emocionales e irracionales que bloquean el cambio ideológico, el abandono de creencias que ya no traen consecuencias positivas capaces de satisfacer las necesidades e intereses de los individuos. Por eso puede haber marxistas o comunistas en pleno siglo XXI a pesar del fracaso de estas ideologías en el siglo XX y del hundimiento de los regímenes políticos y sociales fundados en ellas ya en 1991. Aquí el psicoanálisis y la psicología nos brindan instrumentos teóricos para analizar los bloqueos a las evidencias y los mecanismos de defensa que impiden a los individuos admitir la realidad tal cual es. Se trata del mecanismo de la pervivencia de las creencias por encima de los hechos, de la realidad. 4. Filosofía de la ciencia e ideologías. Vamos a utilizar como hilo conductor, heurístico para entender las ideologías y su funcionamiento la moderna filosofía de la ciencia que privilegia el contexto de descubrimiento. Una cosa es el contenido de la ideología y entonces hay que considerarla utilizando algún modelo para entender su estructura y funcionamiento y otra cuestión es la del sujeto que cree en la ideología, esto es, su creencia, su adhesión a la ideología y eventualmente su abandono de la ideología. En primer lugar podríamos decir que una manera de saber si una ideología es falsa o de tener razones y motivos suficientes para abandonarla, para dejar de creer en ella podría ser lo que se llama criterio empirista de significado o de verificación. Si los hechos no coinciden la ideología pues la ideología es falsa y punto y dejamos de creer en ella. Pero en realidad eso no ocurre casi nunca. La creencia está bien asentada en la fe sencilla del pueblo y de los intelectuales o ideólogos. Nos podría parecer que si la ideología no tiene referentes fisicalistas o fácticos la ideología es pura palabrería sin sentido, que sólo tiene significado motivacional pero no empírico. Sin embargo, muy pocos cambian de ideología o desechan la que ya tenían. Realmente el verificacionismo sería una posibilidad para entender lo que es una ideología pero ocurre que la ideología no tiene un comportamiento descripcionista de los hechos. No refleja hechos, sino que los interpreta y los valora. También podemos recurrir a Popper y a la falsación. La ideología no es episteme, es doxa, recordémoslo. Todo enunciado ideológico, que forme parte del cuerpo doctrinal de la ideología es provisional. Una ideología no es nunca verificable empíricamente. Nunca se puede decir lícitamente de una ideología que sea verdadera, se puede decir con optimismo que es la mejor disponible, que es mejor que cualquiera de las que han existido antes. En esto consiste la teoría de la falsación de Popper. Podría darse un caso, una situación, un hecho, un enunciado negativo que echara por tierra, refutara, una ideología y que nos inclinara a dejar de creer en ella y considerarla errónea o falsa. Es la regla lógica del Modus Tollendo Tollens. Una ideología es falsable si existe un enunciado observacional o un conjunto de enunciados observacionales lógicamente posibles que sean incompatibles con ella, esto es, que en caso de ser establecidos como verdaderos falsarían la ideología, la declararían falsa. Si no hay falsación entonces la ideología vale para todo y es resistente a cualquier hecho o a cualquier situación. Entonces el individuo tiene su creencia firmemente anclada a su conciencia y no tiene que preocuparse por la verdad. Cree que la ideología que sostiene es infalible. No hay quien derribe su creencia. Hay que contar también con que la ideología haya sido refutada ya pero que el individuo se empeñe en creer en ella, en no perder la fe secular en sus bondades y propiedades salvíficas, consoladoras y tranquilizadoras para su conciencia. Esto ya pertenece al terreno de la psicología. Debido al carácter emocional de la ideología y de sus creencias políticas, morales e ideológicas, el individuo mezcla lo personal con lo político. La amistad personal está dirigida por la amistad política y la enemistad personal es consecuencia de la enemistad política. El individuo se cree en la posición correcta, la del bien y tiene que luchar contra el mal. Las amistades políticas se convierten en amistades personales y las enemistades políticas en enemistades personales. Si utilizamos la metodología de los programas de investigación científica de I. Lakatos podríamos considerar las cosas referentes a la ideología relativizando la falsación de Popper. Los enunciados observacionales dependen de la ideología, de la concepción del mundo que cada uno sostenga o que cada grupo social tenga. Las observaciones, los hechos, pueden ser engañosos. Las observaciones pueden ser falibles y los juicios de valor también por consiguiente. Bien pudiera ocurrir que fuera el hecho o el enunciado observacional el que estuviera equivocado. Como decían muchos comunistas si los hechos no corresponden con nuestra ideología pues peor para los hechos. Podemos rechazar los hechos que desmientan la ideología y seguir creyendo en la ideología. Puede no importarnos lo más mínimo la experiencia, la praxis, lo que sea. Podemos seguir siendo comunistas después de 1991 como si nada. Podemos seguir creyendo que estamos en los años 1930 luchando contra el fascismo o podemos creer que el franquismo existe en 2025 como algo vivo frente a lo cual debemos ser antifranquistas todavía en la actualidad. Los hechos no cuentan pues. Entonces las ideologías no pueden falsarse de modo concluyente. La fe en la ideología es inconmovible. Los enunciados observacionales pueden ser falsos, los hechos pueden carecer de importancia frente a una ideología que se estima por verdadera. Se puede proteger siempre a una ideología de la falsación o de la verificación desviando la falsación hacia otra parte de la compleja red de supuestos de la ideología. Mala voluntad, corrupción, conjuras, torpeza, etc. La ideología es verdadera pero ha habido traición e incompetencia. El enemigo es muy astuto. Entonces hay que considerar las ideologías como totalidades orgánicas estructuradas de alguna forma. Un programa de investigación científica lakatosiano es una estructura que sirve de guía de la acción futura, de la praxis de modo positivo y de modo negativo. El núcleo central de la ideología o de la concepción del mundo está protegido de la falsación. Hay un cinturón protector de hipótesis auxiliares, condiciones iniciales, juicios de valor, etc. Esto se acepta y punto. Esta ideología también nos muestra qué se puede y se debe hacer para desarrollarla. Habrá que dar razón de nuevos hechos y de nuevas situaciones históricas dadas en la lucha ideológica, en la propaganda y en la agitación. La ideología se define por su núcleo central. Es infalsable y no hay nada de qué hablar entonces. Si hay desajustes no se han de atribuir a la ideología ni a su núcleo central sino a partes laterales auxiliares de su estructura teórica. El ideólogo puede no dar importancia a los fallos mientras la ideología siga sirviendo para explicar y justificar intereses y creencias. No podemos decir nunca de modo absoluto que un programa de investigación es mejor que otro rival. Igual ocurre con la ideología. Sólo se puede decidir entre ideologías y sus méritos a toro pasado, retrospectivamente. Tendrá que surgir otra ideología nueva, más atractiva para los individuos y grupos sociales para abandonar la vieja ideología y sustituirla por la nueva. También podemos recurrir a la teoría de los paradigmas científicos de Kuhn para entender lo que sea una ideología. El grupo social se adhiere a una ideología que representa y refleja sus intereses y su concepción del mundo con sus supuestos teóricos, sus creencias, sus temores y esperanzas y sus estrategias para llevar a tal ideología a su cumplimiento final que satisfaga las necesidades del grupo social en cuestión. Durante mucho tiempo el grupo social cree en su ideología y la tiene por infalible porque hace que el grupo adopte la posición correcta en la historia en el combate ideológico, político e histórico. La fe ayuda a comprender. El militante, el simpatizante, el partisano, han de aceptar dogmáticamente el contenido de la ideología. La ideología es lo que los miembros de un grupo social comparten. Una clase social o grupo social es un conjunto de hombres que comparten una ideología. El político, el ideólogo perfecciona la ideología acoplando los hechos a la ideología. A veces surgen problemas empíricos, históricos, políticos. Si las dificultades de la ideología se escapan de las manos, aparece la crisis. El grupo social comienza a dividirse y se empieza a detectar la sensación de crisis. Una vez que la ideología porque las dificultades son evidentes o insuperables, se llega a una nueva ideología que sustituye a la anterior. Esto no impide, claro está que muchas personas sean incapaces de caerse del caballo en el camino hacia Damasco, resistencias, bloqueos, mecanismos de defensa. El individuo puede quedarse como un fósil político e ideológico viviente, herencia de otras épocas históricas e ideológicas, puede profesar fuera de época creencias que muy pocos dan por verdaderas o válidas que han perdido vigencia histórica. Un ejemplo serían los marxistas o comunistas creyendo a día de hoy 2026, aún en el comunismo y en el marxismo. Son realmente una curiosidad tales individuos. Se trata de lo que Vilfredo Pareto denominó como los residuos, la pervivencia de ideas, ideologías o creencias fuera de la época en la que nacieron y en la que tendrían alguna justificación para existir y en tener aceptación social. Una ideología por un lado es una matriz disciplinaria y por otro lado es un ejemplar. Un militante o ideólogo no debe criticar su propia ideología en la cual cree. Sólo así concentra sus esfuerzos en la lucha política militante, en la praxis política y social. Cuando aparece una ideología rival surgen los problemas. La competencia entre ideologías es normal en toda sociedad humana. Los hombres que tienen una ideología y los que tienen otra distinta, viven en universos paralelos, en mundos distintos. El cambio de ideología es como una conversión religiosa secular. No hay argumento lógico que demuestre la superioridad de una ideología sobre otra y que por lo tanto le sirva al individuo, al militante, al político, al ideólogo para cambiar de ideología. Las ideologías son inconmensurables entre sí. Las ideologías son muy variadas. Teóricamente puede haber un número altísimo de ideologías. Podemos forjarnos ideologías muy diferentes entre sí. Nuestras representaciones son casi ilimitadas. La fantasía no tiene límites muy bien marcados. No hay reglas de formación de ideologías, criterios de verdad rigurosos de las ideologías. Todas las ideologías tienen sus límites. Al final queda en pie el que todo vale. Toda ideología puede en principio servir para la praxis. Es la praxis el criterio de verdad de la ideología y aun así, las creencias pueden ser independientes del contenido de verdad y eficacia de las ideologías. Esta es la posición sostenida por Feyerabend con su anarquismo epistemológico. Las ideologías son inconmensurables entre sí. La elección entre criterios, entre ideologías es en última instancia subjetiva. 5. ¿Fin de las ideologías? Cuando se hablaba de esto a partir de los años 1950, se estaban refiriendo los sociólogos o politólogos a los grandes relatos: marxismo, comunismo, fascismo, etc. Daniel Bell afirmaba que los obreros estaban más satisfechos con la sociedad burguesa, capitalista, con el mercado pletórico de bienes, con el estado del bienestar. La clase obrera se estaba convirtiendo en una clase media. El obrero estaba más satisfecho como consumidor satisfecho que los intelectuales. Los obreros no habían alcanzado la utopía marxista o comunista. No se había conseguido el hombre nuevo ni una sociedad sin clases, pero sus expectativas eran menores que las de los intelectuales y sus ganancias eran mayores. Al final, el obrero busca beneficios económicos. Se mueve por incentivos económicos. El final de las ideologías como concepciones globales del mundo frente al capitalismo equivale al final de la utopía. Por lo tanto no podemos hablar en absoluto de fin de las ideologías. Es el fin de algunas ideologías y su sustitución por otras ideologías. Todo hombre como hemos dicho antes, tiene ideología, ideas, creencias. Le son necesarias para vivir, para actuar, para existir. Marxismo, comunismo, socialdemocracia, anarquismo, son ideologías muertas en la actualidad. Ahí están los libros, algunos clásicos, que exponen el contenido de tales ideologías y ahí están algunos individuos que creen aun en ellas, pero tales ideologías no tienen fuerza social ni están presentes en la sociedad ya. Los pensadores posmodernos hablaban de que era mejor tener un pensamiento débil, que los grandes relatos ambiciosos, completos, sistemáticos como alternativas globales frente a la sociedad burguesa había que abandonarlos o ya estaban muertos. Se hablaba ya en los años 1980 de la posmodernidad. Esto es un nihilismo, un relativismo. Según Ortega y Gasset, las ideas constituyen las coordenadas con las que el hombre se orienta en el mundo y con las que pretende solucionar su necesidad radical: La vida y la razón. Las ideas son heterogéneas. Ortega las clasifica en ideas propiamente dichas y creencias. Las ideas son aquellos pensamientos que construimos y de los que somos conscientes. Las ideas las tenemos y discutimos. Las creencias, son una clase especial de ideas que tenemos tan asumidas que no tenemos ni siquiera necesidad de defenderlas, porque en las creencias vivimos y son nuestra realidad y no las cuestionamos nunca. Las creencias nos poseen a nosotros. Si no tuviéramos creencias se paralizaría nuestra acción. Las ideologías igual pueden ser ideas o simplemente creencias en cuyo caso resultan muy difíciles de cambiar, abandonar, extirpar porque podría significar nuestra muerte el abandonar las creencias. Si hay cambios de creencias es como una suerte de conversión religiosa. Algo parecido ocurre con las ideas, pero de modo más atenuado. La ideología puede operar como creencia o puede operar como idea. Las ideas se tienen. En las creencias se está. Felipe Giménez Pérez, Pioz a 4 de febrero de 2026.

sábado, 8 de noviembre de 2025

Marx. El gran sofista.

Epístola a Weydemeyer, 5 de marzo de 1852. Ahora, por lo que a mí se refiere, no es a mí a quien corresponde·e1 mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna, como tampoco la lucha que libran entre sí en esa sociedad. Historiadores burgueses, habían expuesto mucho antes que yo la evolución histórica de esa lucha de clases, y economistas burgueses habían descrito su anatomía económica. Lo que yo he aportado de nuevo es: l º, demostrar que la EXISTENCIA DE LAS CLASES no está vinculada más que a FASES HISTÓRICAS DETERMINADAS DEL DESARROLLO DE LA PRODUCCIÓN; 2 º, que la lucha de clases lleva necesariamente a la dictadura del proletariado; 3 º, que esa misma dictadura no 1 Se refiere a On the Principles of Political Economy and Taxation, Londres, 1817. Carta de Carlos Marx a J. Weydemeyer, 5 de marzo de 1852 2 representa más que una transición hacia LA ABOLICIÓN DE TODAS LAS CLASES y hacia una SOCIEDAD SIN CLASES. Tontos ignorantes, como Heinzen, que no sólo niegan la lucha de clases, sino la existencia misma de esas clases, muestran tan sólo que, a pesar de toda su baba sanguinolenta, de sus aullidos que quieren hacerse pasar por declaraciones humanistas, apoyan las condiciones sociales en las que la burguesía robustece su dominio para el resultado final, para el nec plus ultra de la historia;·prueban que no son más que criados de la burguesía, una servidumbre tanto más repugnante cuanto que esos cretinos comprenden menos la magnitud y la necesidad pasajera de ese mismo régimen burgués [...]

sábado, 18 de octubre de 2025

Pier Paolo Pasolini Estoy en contra del aborto. El coito, el aborto, la falsa tolerancia del poder, el conformismo de los progresistas por Pier Paolo Pasolini

Prefacio Estoy a favor de los ocho referéndums del Partido Radical1, y estaría dispuesto a hacer campaña, incluso de inmediato, a su favor. Comparto con el Partido Radical la ansiedad de la ratificación, es decir, la ansiedad de dar un cuerpo formal a realidades ya existentes, que es el primer principio de la democracia. Sin embargo, estoy traumatizado por la legalización del aborto, porque considero, como muchos, que es una legalización del homicidio. En mis sueños y en mi comportamiento cotidiano —algo común a todos los hombres— vivo mi vida prenatal, mi feliz inmersión en las aguas maternas: sé que yo existía allí. Me limito a decir esto, porque sobre el aborto tengo cosas más urgentes que decir. Que la vida sea sagrada es obvio: es un principio más fuerte aun que cualquier principio democrático, y es inútil repetirlo. Lo primero que quiero decir es esto: respecto al aborto, es el primer y único caso en que los radicales y todos los abortistas democráticos más puros y rigurosos apelan a la Realpolitik y, por tanto, recurren a la prevaricación «cínica» de los hechos y del sentido común. Si siempre se han planteado, ante todo, y tal vez idealmente (como es justo), el problema de cuáles son los «principios reales» que hay que defender, esta vez, no lo han hecho. Ahora, como bien saben, no hay un solo caso en que los «principios reales» coincidan con los que la mayoría considera sus propios derechos. En el contexto democrático, se lucha, claro, por la mayoría, es decir, por todo el consorcio civil, pero se descubre que la mayoría, en su santidad, siempre está equivocada: porque su conformismo es siempre, por naturaleza, brutalmente represivo. ¿Por qué considero que no son «reales» los principios en los que los radicales y, en general, los progresistas (conformistamente) basan su lucha por la legalización del aborto? Por una serie caótica, tumultuosa y emocionante de razones. Sé, como he dicho, que la mayoría ya está, potencialmente, a favor de la legalización del aborto (aunque tal vez en el caso de un nuevo «referéndum», muchos votarían en contra, y la «victoria» radical sería mucho menos clamorosa). El aborto legalizado es, de hecho —en esto no hay duda— una enorme comodidad para la mayoría. Sobre todo porque haría aun más fácil el coito, el apareamiento heterosexual, al que prácticamente no habría ya obstáculos. Pero esta libertad del coito de la «pareja», tal como es concebida por la mayoría —esta maravillosa permisividad a su respecto—, ¿quién la ha querido tácitamente, quién la ha promulgado tácitamente y quién la ha introducido tácitamente, de manera ya irreversible, en los hábitos? El poder de los consumos, el nuevo fascismo. Este se ha apropiado de las exigencias de libertad, digamos, liberales y progresistas, y, al hacerlas suyas, las ha vaciado de contenido, ha cambiado su naturaleza. Hoy en día, la libertad sexual de la mayoría es, en realidad, una convención, una obligación, un deber social, una ansiedad social, una característica irrenunciable de la calidad de vida del consumidor. En resumen, la falsa liberalización del bienestar ha creado una situación tan insana, o quizás más, que la de los tiempos de la pobreza. De hecho: primero, el resultado de una libertad sexual «regalada» por el poder es una auténtica neurosis general. La facilidad ha creado la obsesión; porque es una facilidad «inducida» e impuesta, derivada del hecho de que la tolerancia del poder se refiere únicamente a la necesidad sexual expresada por el conformismo de la mayoría. Protege únicamente a la pareja (no solo, naturalmente, la matrimonial): y la pareja ha terminado por convertirse en una condición paroxística, en lugar de ser un signo de libertad y felicidad (como era en las esperanzas democráticas). Segundo, todo lo que es sexualmente «diferente» es, en cambio, ignorado y rechazado. Con una violencia comparable solo a la de los campos de concentración nazis (nadie recuerda, por supuesto, que los diferentes sexualmente terminaron allí). Es cierto; de palabra, el nuevo poder extiende su falsa tolerancia también a las minorías. No se puede excluir que, tarde o temprano, se hable de ello públicamente en televisión. Por lo demás, las élites son mucho más tolerantes hacia las minorías sexuales que antes, y ciertamente de manera sincera (también porque eso gratifica sus conciencias). En cambio, la enorme mayoría (la masa: cincuenta millones de italianos) se ha vuelto de una intolerancia tan tosca, violenta e infame, como nunca antes había sucedido en la historia italiana. En estos años se ha dado, desde un punto de vista antropológico, un enorme fenómeno de abjuración: el pueblo italiano, junto con la pobreza, ya no quiere ni recordar su «verdadera» tolerancia; es decir, ya no quiere recordar los dos fenómenos que mejor han caracterizado toda su historia. Esa historia que el nuevo poder quiere terminar para siempre. Es esta misma masa (dispuesta al chantaje, a la agresión, al linchamiento de las minorías) la que, por decisión del poder, ya ha superado la vieja convención clerical-fascista y está dispuesta a aceptar la legalización del aborto, y por tanto, la eliminación de todo obstáculo en la relación de la pareja consagrada. Ahora, todos, desde los radicales hasta Fanfani (quien esta vez, precediendo hábilmente a Andreotti, está sentando las bases de una aunque sea prudentísima abjuración teológica, desafiando al Vaticano), todos, digo, cuando hablan del aborto, omiten hablar de lo que lógicamente lo precede, es decir, el coito. Omisión extremadamente significativa. El coito, con toda la permisividad del mundo, sigue siendo un tabú, está claro. Pero en cuanto a los radicales, la cuestión no se explica ciertamente por el tabú: más bien indica la omisión de un análisis político sincero, riguroso y completo. De hecho, el coito es político. Por lo tanto, no se puede hablar políticamente en concreto del aborto sin considerar el coito como un acto político. No se pueden ver los signos de una condición social y política en el aborto (o en el nacimiento de nuevos hijos) sin ver los mismos signos también en su precedente inmediato, es decir, «en su causa»; o sea, el coito. Ahora, el coito de hoy está volviéndose, políticamente, muy diferente del de ayer. El contexto político de hoy es ya el de la tolerancia (y por lo tanto el coito es una obligación social), mientras que el contexto político de ayer era el de la represión (y por lo tanto el coito, fuera del matrimonio, era un escándalo). Aquí está, entonces, un primer error de Realpolitik, de compromiso con el sentido común, que encuentro en la acción de los radicales y los progresistas en su lucha por la legalización del aborto. Ellos aíslan el problema del aborto, con sus datos específicos, y por ello ofrecen una perspectiva distorsionada: aquella que les resulta conveniente (de buena fe, sobre esto sería absurdo discutir). El segundo error, más grave, es el siguiente. Los radicales y otros progresistas que luchan en primera línea por la legalización del aborto, después de haberlo aislado del coito, lo introducen en una problemática estrictamente contingente (en este caso, italiana) e incluso provisional. Lo reducen a un caso de pura practicidad, a ser tratado precisamente con un espíritu práctico. Pero esto (como ellos bien saben) es siempre culpable. El contexto en el que hay que insertar el problema del aborto es mucho más amplio y va más allá de la ideología de los partidos (que se destruirían a sí mismos si lo afirmaran: cfr. Breviario di ecologia de Alfredo Todisco2). El contexto en el que debe inscribirse el aborto es precisamente el ecológico: es la tragedia demográfica, que, en un horizonte ecológico, se presenta como la amenaza más grave para la supervivencia de la humanidad. En este contexto, la figura —ética y legal— del aborto cambia de forma y naturaleza; y, en cierto sentido, puede justificarse una forma de legalización. Si los legisladores no llegaran siempre tarde y no fueran sombríamente sordos a la imaginación para mantenerse fieles a su buen sentido y a su propia abstracción pragmática, podrían resolver todo clasificando el delito del aborto en el más amplio de la eutanasia, privilegiándolo con una serie particular de «atenuantes» de carácter precisamente ecológico. No por ello dejaría de ser formalmente un delito y de parecerlo ante la conciencia. Y este es el principio que mis amigos radicales deberían defender, en lugar de lanzarse (con una honestidad donquijotesca) en un enredo, extremadamente sensato pero algo pietista, de chicas madres o de feministas, angustiadas en realidad por «otro» (y más grave y serio). ¿Cuál es, en realidad, el marco en el que debería inscribirse la nueva figura del delito de eutanasia? Aquí está: una vez la pareja era bendecida, hoy está maldecida. La convención y los periodistas imbéciles continúan enterneciéndose por la «parejita» (así, abominablemente, la llaman), sin darse cuenta de que se trata de un pequeño pacto criminal. Y así los matrimonios: antes eran fiestas, y la misma institucionalidad —tan estúpida y siniestra— era menos fuerte que el hecho que los instituía, un destino, precisamente, feliz, festivo. Ahora, en cambio, los matrimonios parecen todos grises y apresurados ritos funerarios. La razón de estas cosas terribles que digo es clara: antes la «especie» debía luchar por sobrevivir, así que los nacimientos «debían» superar las muertes. Hoy, en cambio, la «especie», si quiere sobrevivir, debe asegurarse de que los nacimientos no superen las muertes. Por lo tanto, cada hijo que antes nacía, siendo garantía de vida, era bendecido; cada hijo que en cambio nace hoy es una contribución a la autodestrucción de la humanidad, y por lo tanto está maldecido. Hemos llegado así a la paradoja en que lo que se decía contra natura es natural, y lo que se decía natural es contra natura. Recuerdo que De Marsico3 (colaborador del código Rocco)4, en un brillante alegato en defensa de una de mis películas, llamó «cerdo» a Braibanti5, declarando inadmisible la relación homosexual por ser inútil para la supervivencia de la especie: ahora, él, para ser coherente, debería, en realidad, afirmar lo contrario: sería la relación heterosexual la que se configuraría como un peligro para la especie, mientras que la homosexual representaría una seguridad. En conclusión: antes del universo del parto y del aborto está el universo del coito; y es el universo del coito el que forma y condiciona el universo del parto y del aborto. Quien se ocupa, políticamente, del universo del parto y del aborto no puede considerar como ontológico el universo del coito —y no ponerlo, por lo tanto, en cuestión— a menos que quiera ser un tanto superficial y mezquinamente realista. Ya he esbozado cómo se configura, hoy, en Italia, el universo del coito, pero quiero, para concluir, resumirlo. Tal universo incluye una mayoría totalmente pasiva y, al mismo tiempo, violenta, que considera intocables todas sus instituciones, escritas y no escritas. Su fondo sigue siendo clerical-fascista, con todos los lugares comunes anexos. La idea del absoluto privilegio de la normalidad es tan natural como vulgar e incluso criminal. En ella todo yace preconstituido y conformista, y se configura como un «derecho»: incluso lo que se opone a tal «derecho» (incluida la tragicidad y el misterio implícitos en el acto sexual) es asumido conformistamente. Por inercia, la guía de toda esta violencia mayoritaria sigue siendo la Iglesia Católica. Incluso en sus puntos más progresistas y avanzados (se puede leer el capítulo, atroz, en la página 323 de La Chiesa e la sessualità del progresista y avanzado S.H. Pfurtner6). Sin embargo… sin embargo, en la última década ha intervenido la civilización del consumo, es decir, un nuevo poder falsamente tolerante que ha relanzado en gran escala a la pareja, privilegiándola con todos los derechos de su conformismo. A este poder no le interesa, sin embargo, una pareja creadora de prole (proletaria), sino una pareja consumidora (pequeña burguesía): en el fondo, ya tiene la idea de la legalización del aborto (como ya tenía la idea de la ratificación del divorcio). No me parece que los abortistas, en relación con el problema del aborto, hayan cuestionado todo esto. En cambio, me parece que ellos, en relación con el aborto, callan sobre el coito, y aceptan, por Realpolitik, repito, en un silencio, por lo tanto, diplomático y culpable, su total institucionalidad, inamovible y «natural». Mi opinión extremadamente razonable, en cambio, es esta: en lugar de luchar contra la sociedad que condena el aborto de manera represiva, en el ámbito del aborto, hay que luchar contra esa sociedad en el plano de la causa del aborto, es decir, en el plano del coito. Se trata —está claro— de dos luchas «tardías»: pero al menos aquella «en el plano del coito» tiene el mérito, además de una mayor lógica y rigor, de una infinitamente mayor potencialidad de implicaciones. Hay que luchar, ante todo, contra la «falsa tolerancia» del nuevo poder totalitario del consumo, distinguiéndose de él con toda la indignación del caso; y luego hay que imponer a la retaguardia, aún clerical-fascista, de ese poder, toda una serie de liberalizaciones «reales» relacionadas precisamente con el coito (y, por lo tanto, sus efectos): anticonceptivos, píldoras, técnicas amorosas diversas, una moderna moralidad del honor sexual, etcétera. Sería suficiente con que todo esto se difundiera democráticamente a través de la prensa y, sobre todo, de la televisión, y el problema del aborto se vería esencialmente anulado, aunque seguiría siendo, como debe ser, una culpa, y por lo tanto un problema de conciencia. ¿Todo esto es utópico? ¿Es una locura pensar que una «autoridad» aparezca en la televisión promoviendo «diversas» técnicas amorosas? Bien, no son ciertamente los hombres con los que aquí polemizo los que deben asustarse de esta dificultad. Por lo que sé, para ellos lo que cuenta es el rigor del principio democrático, no el dato de hecho (como es brutalmente, para cualquier partido político). Finalmente: muchos –carentes de la viril y racional capacidad de comprensión– acusarán a mi intervención de ser personal, particular, minoritaria. ¿Y qué? Notas al pie de página. Durante los años 70, el Partido Radical Italiano promovió una serie de referendums abrogativos sobre temas relacionados a derechos civiles y libertades individuales, como la abolición de los manicomios y de algunas normas sobre delitos de opinion y sindicales. ↩︎ Todisco se hizo conocido por sensibilizar al público italiano sobre problemas ambientales ↩︎ Ministro de Justicia bajo Benito Mussolini ↩︎ Código penal italiano, establecido durante el fascismo y conocido también como Código Rocco, por Alfredo Rocco, otro ministro de Justicia bajo Mussolini. ↩︎ Escritor, guionista y dramaturgo italiano, defendido por Pasolini tras ser acusado de plagio en el célebre «caso Braibanti. ↩︎ Teólogo alemán crítico de la doctrina católica sobre sexualidad y ética. ↩︎ Traducción y prefacio Avatar de Nicolás Delgado Nicolás Delgado

El mito de Cataluña

Históricamente, la Cataluña actual no existió como entidad hasta la unificación de sus 8 condados por el emperador Carlos I en 1521. Según el ordenamiento político internacional y su jurisprudencia, los condados catalanes fueron territorio francés, feudatario de los reyes francos y así fue hasta el 16 de julio de 1258, fecha de l,Tratado de Corbeil . En el mapa que se adjunta de la Biblioteca Nacional de Paris (1235) se puede observar que Cataluña ni tan siquiera existe: los ocho condados feudales de lo que hoy es Cataluña pagaban vasallaje a los reyes francos. Durante toda la Edad Media Cataluña era solo una “Marca Hispánica” tributaria de los Reyes Carolingios hasta que en dicho tratado de Corbeil ,1258, entre San Luis Rey de Francia y Jaime I el Conquistador , acordaron que los Condados al sur de los Pirineos tributarían a la Corona de Aragón y los condados del norte a Francia. Los 8 condados de la Marca Hispánica tuvieron plena jurisdicción hasta el siglo XV . La única excepción fue el Condado de Barcelona que, por el matrimonio del Conde Ramón Belenguer IV en 1137 con D.ª Petronila de Aragón , Barcelona quedó entonces incorporado a la Corona de Aragón pero sin variar su condición de condado. Los 7 restantes condados (Besalú, Vallespir, Peralada, Ausona, Ampurias, Urgel y Cerdanya) mantuvieron su independencia hasta 1521, cuando el Rey de España Carlos I nombró Virrey al Arzobispo de Tarragona, don Pedro Folch de Cardona. Por lo tanto Cataluña no existió como región hasta esa fecha y, por lo tanto, no pudo actuar nunca antes como entidad histórica unificada. Más aún, el Reino de Aragón estaba integrado por los territorios que hoy lo forman, más todo lo que es la actual provincia de Lérida, más una franja grande del río Ebro hasta el mar, que incluía a Tortosa como ciudad costera. Por lo tanto, podríamos decir que las ciudades importantes del Reino de Aragón eran Jaca (la primera capital que tuvo cuando aún era Condado), Huesca, Lérida, Zaragoza, Tortosa y Teruel. Todo eso era el territorio auténtico del reino cuya corona tenía don Jaime "el Conquistador". El Tratado de Corbeil (1258) , escrito en latín y comienza con las palabras : “Es universalmente conocido que existen desavenencias entre el señor rey de Francia y el señor de Aragón , de las Mallorcas y de Valencia, Conde de Barcelona y Urgel , señor de Montpellier; por lo que el señor rey de Francia dice que los condados de Barcelona, Besalú, Urgel, etc... son feudos suyos ; y el señor rey de Aragón dice que tiene derechos en Carcasona , Tolosa, Narbona, etc....”. Por el Tratado de Corbeil, y siguiendo los consejos de alguno “hombres buenos”, el rey francés Luis IX cede a Jaime I de Aragón los condados de la parte española y Jaime I le cede a Luis IX los condados de la parte francesa. Esa es la síntesis de lo firmado en el documento cuya importancia radica en que se firmó 29 años después de la reconquista de Mallorca y 20 años después de la del Reino de Valencia. De esa fecha y tratado es fácil sacar dos conclusiones: a) Si Cataluña no existía como tal era imposible que algo que no existe conquistase ni Valencia (1238) ni Mallorca (1229). b) Si carecía de unidad política, jurídica y geográfica ¿cómo iba a tener unidad lingüística si lo que allí se hablaba era un mosaico de dialectos procedentes del PROVENZAL? Lo dicho: hay que reinventar un pasado inexistente, echando mano de la ciencia ficción, para cuadrar ese saco de mentiras que ahora aspira a ser recetado “nació”. Aut. : Pedro Fuentes Caballero.

El retorno de los dioses fuertes

El retorno de los dioses fuertes. Nacionalismo, populismo y el futuro de Occidente. R.R. Reno. Prólogo de Adriano Erriguel. El retorno de los dioses fuertes. R.R. Reno. Bibliotheca Homo legens. Madrid, 2020, 284 páginas. Este es un libro profético que establece un correcto diagnóstico de la situación del presente en el mundo occidental de tradición grecorromana y cristiana. El teólogo católico estadounidense R.R. Reno describe las debilidades intelectuales del consenso ideológico progresista occidental establecido después de 1945. Yo sostengo que la decadencia de Occidente proviene de mucho antes, de alguna manera de Ockham cuando criticó la teología tomista racionalista en el siglo XIV y preparó el fideísmo agustiniano apto para que surgiera la reforma protestante con Martín Lutero en el siglo XVI. Ockham es el comienzo del asalto a la razón. El agustinismo político había sido sustituido por el tomismo y frenado y Ockham le dio nueva vida con su crítica a la teología escolástica tomista. El protestantismo es una verdadera crítica a la modernidad, al racionalismo. El ataque al catolicismo como decía De Maistre, culminó con la Revolución Francesa de 1789 y con el subjetivismo protestante tanto luterano como calvinista, individualismo, pesimismo, irracionalismo… Así estamos ahora, pero esto es lo que pensamos nosotros, no R.R. Reno. El capitalismo y su legítimo vástago, el globalismo y el individualismo liberal están destruyendo a Occidente. Estamos viviendo la decadencia de Occidente o incluso su final. Este es un libro contra la corrección política y la ideología progresista. Después de 1945 se quiso evitar que todos los horrores de la guerra se repitieran y se creó el consenso socialdemócrata o progresista. Se trata de debilitar los dioses fuertes, los valores, las creencias firmes, las convicciones tradicionales. Ideas como Patria, Nación, Pueblo, Religión, Familia, instituciones sociales, tradición. Todo esto fue arrinconado, arrojado por la borda. Nuevas ideologías surgieron para sustituir los dioses fuertes. Sociedad abierta, mercado libre, individualismo, deconstrucción, anticolonialismo, ideología de género, mariconismo. Toda esta basura ideológica sustituyó en el imaginario del vulgo a las ideas y creencias tradicionales. Estos son los pilares ideológicos asentados en Occidente después de 1945. La destrucción de los valores. Por eso afirma R.R. Reno que aún vivimos en el siglo XX. Nuestras tendencias ideológicas, mentales, actitudes siguen determinadas por el trauma producido por las dos guerras mundiales del siglo XX. Los dioses fuertes han sido abandonados en el basurero de la historia. Hemos asistido desde 1945 a un borrado completo de la mentalidad y de los valores occidentales tradicionales. Es el desencantamiento del mundo del que hablaba Max Weber. Es el debilitamiento, o lo que Nietzsche llamaba el gran cansancio, el nihilismo europeo. Frente al imperio de los dioses fuertes, de las creencias tradicionales firmes tenemos ahora al imperio de los dioses débiles, de las creencias líquidas, fluidas, relativistas, suaves, blandas y a la vez autoritarias e intolerantes con quienes no comulgan con sus ruedas de molino progresistas. Se sigue utilizando el término “fascista” con profusión como insulto ad hominem, como descalificación a pesar de que el fascismo desapareció en 1945. El consenso progresista ecualizador de izquierda y derecha en los estados plutocráticos del bienestar no permite la menor discrepancia y está llevando a una paulatina pérdida de las libertades de las que tanto alardeaban las democracias liberales burguesas. Cualquier discurso incómodo para la ideología dominante es sancionado, borrado, reprimido, castigado, descalificado. El antifascismo es tranquilizador para los biempensantes y es un atractivo consumo para el vulgo. Se quedaron en los años 1930. Ahora estamos en 2025. Es muy útil luchar contra un fascismo inexistente para mantener y conservar el orden actualmente imperante. El pueblo se empobrece cada vez más y el opio del pueblo es ahora el progresismo con su cortejo de iniquidades tales como el feminismo, empoderamientos, Perversiones sexuales LGTBIQ, y antirracismo. Toda esta basura ideológica conviene aclarar que viene de los EE.UU. Los grandes capitalistas se unen y fomentan esto para que todo siga igual. Estas ideologías blandas, débiles, posmodernas dejan las cosas como están. Los dioses blandos, débiles son una excelente vía para conseguir pingües beneficios económicos. Finalmente, han venido para ganar dinero. R.R. Reno parte de 1945 y desde entonces ha habido un desarrollo coherente, continuo de la ideología progresista ecualizadora de izquierda y derecha. La sociedad abierta de Popper nos ha llevado a la barbarie y a defender la barbarie. Hayek defendía que todo es mercado. Ambos son de la derecha conservadora. Para eso ha quedado la derecha: para sostener en el fondo lo mismo que la izquierda: que los valores tradicionales no sirven. Las normas de la tradición occidental no eran enteramente razonables y humanas. Por lo demás, una de las consecuencias de la situación posterior a 1945 es la disolución de la idea de verdad. La verdad no existe, dicen los progresistas. Sin embargo, ellos defienden que su enfoque es el bueno, el mejor, el verdadero y a quien no está de acuerdo lo denominan fascista, término que en el fondo sirve para descalificar ad hominem, insultar porque el fascismo terminó en 1945. Ni saben lo que significa el fascismo ni pueden definirlo por lo que es una olla podrida donde cabe todo lo que ellos digan y quieran. El antifascismo “Confiere una superioridad moral a las élites legitimadas al asimilar cualquier crítica de los efectos de la mundialización a la deriva fascista o racista”. El fundamentalismo democrático sirve para legitimar el nuevo orden político e ideológico. “Es la religión de los Derechos Humanos y la Democracia, con su derecho de intervención armada, sus bombardeos humanitarios, sus tropas de misioneros sin armas, sus coadjutores oenegeros y sus sacerdocios hipócritas.” Unos nuevos clérigos, unos nuevos oratores. R.R. Reno es un teólogo católico y desde el catolicismo escribe. La nostalgia por los dioses olvidados, los dioses fuertes, lo sagrado, la trascendencia impregna su análisis del presente. –Dios ha muerto- Nietzsche dixit. El dios se retira, Heidegger dixit. Esto es efecto del debilitamiento posmoderno. Decía Nietzsche que el cristianismo debilitaba, que provocaba decadencia, nihilismo. Heidegger afirmaba que la filosofía tradicional occidental, la ontoteología era un vector de nihilismo que a la larga culminaba en un nihilismo pasivo que destruía lo sagrado. La idea dominante es que todo lo que es fuerte, conduce a la opresión, mientras que la libertad y la prosperidad requieren de lo débil y de lo relativo. Es el antifascismo y el antitotalitarismo. Es éste fenómeno de decadencia un fenómeno europeo occidental que el resto del mundo no quiere, no acepta, no compra. Ocurre más bien todo lo contrario. No cabe por lo tanto descartar el fin de Occidente, su caducidad. Nada bueno puede construirse desde la debilidad. Un fantasma recorre Occidente: el fantasma del fascismo, que nadie define ni sabe definir. Los progresistas e izquierdistas de todo jaez, laya, calaña y ralea se creen que están en los años 1930 y que la Komintern aún existe y que el franquismo no ha terminado y todo ello para legitimar sus fracasos sus parafilias y la endeblez de sus ideologías. Todo lo que no sea el paradigma progresista dominante es fascismo, nazismo, etc. Siguen siendo antifascistas sin fascismo y siguen siendo antifranquistas sin Franco. Viven de engañar al vulgo con esas supercherías para tontos de baba, pero ¿Qué le vamos a hacer? La izquierda siempre fue una estafa, “nuestras sociedades se están disolviendo. La globalización económica hace trizas el contrato social. La política identitaria desintegra los vínculos cívicos. Un multiculturalismo antioccidental oriundo de Occidente priva a la gente de su herencia cultural. La inmigración masiva reconfigura el paisaje social. El noviazgo, el matrimonio y la familia ya no dan forma a nuestra imaginación moral. Todas las fronteras son porosas, incluyendo aquella que separa a los hombres de las mujeres. Decenas de miles de personas mueren de sobredosis. Cientos de miles son abortadas”. Esto es una pequeña muestra del elenco de aberraciones y de síntomas de degeneración y decadencia por los que estamos pasando. Después de 1945 aparece el consenso socialdemócrata en torno al Estado social, al estado de Bienestar. R.R. Reno lo denomina “consenso de la posguerra”. Se trata de “la atmósfera de opinión que sustenta a estos imperativos anti. Si bien ha habido disputas políticas entre izquierdas y derechas, no hay sido más que rivalidades fraternales”. Gustavo Bueno habló también de la ecualización entre izquierda y derecha en las democracias de mercado pletórico de bienes. Esto condujo a un agnosticismo moral, a un relativismo, a lo que R.R. Reno denomina desregulación cultural. El imperativo antifascista, antiautoritario conduce al relativismo político y moral. Ahora denuncian al populismo como un terrible peligro para sus intereses y para lo que tienen establecido. El consenso de la posguerra o consenso socialdemócrata no sólo es político. En las artes, la ideología, la moral se advierte el debilitamiento. Todo el cortejo de iniquidades ideológicas que abarca el progresismo y la ideología dominante del mercado pletórico de bienes aparecen por doquier. Esto no sólo se limita a los partidos de izquierda o socialdemócratas, sino también a la derecha liberal, democristiana. Este antifascismo y este antiautoritarismo progresista de derecha y de izquierda, ecualizadas ambas ha configurado una teoría general de la sociedad capitalista nueva. R.R. Reno lo resume diciendo que no hay convicciones tradicionales, creencias fuertes. Es el gobierno de la blandura, de lo fluido, de lo líquido. Ataque a la filosofía tradicional, a la metafísica. Es un patrón de debilitamiento, de pensamiento débil como diría Vattimo. Esto desemboca en el relativismo y en el cosmopolitismo globalista. Se cultiva la insoportable levedad del ser en un nihilismo pasivo que ya predijo Nietzsche. “Puede resultar desatinado definir el consenso de la posguerra como abierto y debilitador. La corrección política es cerril, severa y punitiva. Pero es necesario distinguir entre la realidad sociológica del consenso dominante –que, por definición, tiende a la dominación- y su contenido. Es cierto, el consenso de la posguerra censura la opinión, en ocasiones con mano de hierro. Pero lo hace para imponer lo que imagina como la mejor opción para la sociedad en su conjunto: la disolución, la desintegración y la desconsolidación; en una palabra: la apertura•. Ejercer la parresía en contra es peligroso. La libertad se mide por la disidencia capaz de ser soportada por el sistema social y político. La sociedad y sus instituciones se pulverizan, se atomizan. “En el siglo XXI, la oligarquía y la existencia de una élite que no responde ante nadie son una amenaza para el futuro de la democracia liberal mucho más grave que el retorno de Hitler.” Creo que el principal fallo del autor es que remonta su análisis de la modernidad a 1945, cuando nosotros pensamos que el asalto a la razón, causa de todos nuestros males presentes, proviene del siglo XIV con Guillermo de Ockham y el protestantismo. “Occidente se encamina hacia una crisis, mas no por causa de un defecto originario de Guillermo de Ockham, de la Reforma, de John Locke, del capitalismo o de la ciencia y la tecnología modernas. El protestantismo supuso el triunfo del subjetivismo y por lo tanto del pesimismo y del relativismo y del irracionalismo actuales. Sir Karl R. Popper fue uno de los ideólogos que abogaron por la sociedad abierta capitalista, liberal criticando duramente a Platón, a la tradición metafísica en general. Tampoco Hegel ni Marx sirven. Con su criterio de demarcación entre ciencia y metafísica denominado falsación no podemos nunca saber qué teorías son verdaderas, sólo podemos saber que aún no son falsas y que debemos poder saber en qué condiciones podrían ser falsas. Es la falsabilidad. Una teoría científica debe ser falsable. Verdadera no podemos saber nunca si lo es. Hay que restringir al ámbito de lo falsable las afirmaciones. En parecidos términos opera John Rawls quien afirma “que no debemos gobernar la sociedad de acuerdo con tesis metafísicas (doctrinas abarcadoras).” “En opinión de Popper, las verdades fuertes son dioses fuertes: lejos de estar abiertas al examen crítico y la falsación empírica, reclaman nuestra lealtad. Por eso constituyen una amenaza para las normas liberales. Son enemigas de la sociedad abierta.” Rawls se conforma con establecer un procedimiento decisorio más que una política con debates acerca de lo justo o injusto, lo bueno o lo malo. Justicia es imparcialidad. Abandono de la metafísica y de los valores. Necesitamos libertad e igualdad legal. No se discutirá sobre los fines, sino sobre los medios, los procedimientos. En una democracia, decía Aristóteles, cada cual puede vivir como quiera. Por ahí van las ideas actuales de desterrar los dioses fuertes. Popper tiene alergia a la idea de verdad “contesta con evasivas; habla de sentido en lugar de hablar de verdad.” Para Popper conseguir una sociedad abierta exige renunciar a la verdad fuerte. En el fondo Popper pretende impedir el retorno de los dioses fuertes para garantizar la sociedad abierta. La tradición metafísica occidental viene a decir Popper es intrínsecamente autoritaria. También la Escuela Crítica de Francfort participó en la difusión del antifascismo progresista sin fascismo. Adorno y Horkheimer, dos marxistas heterodoxos no soviéticos, no reformistas, en tierra de nadie situados, dos filisteos ideológicos se encargaron de propagar el mito del fascismo inexistente después de 1945 como elemento fundamental de la personalidad autoritaria capitalista. “Ninguna tendencia político-social supone una amenaza más grave para nuestros valores e instituciones tradicionales que el fascismo”, declaran. Aunque el fascismo fue derrotado en el campo de batalla, el peligro permanece. Las sociedades occidentales están llenas de “fascistas en potencia”, de personas propensas al “pensamiento antidemocrático”. Ha estado muy sobrevalorada la Escuela de Francfort. Unos cantamañanas. Se trata de la renuncia a los valores tradicionales, a las convicciones fuertes, a quienes tienen un fin o sentido para la existencia humana. De ahí puede surgir una personalidad autoritaria, un fascismo en potencia. Adorno y Horkheimer forman parte del consenso progresista liberal y socialdemócrata posterior a 1945. No buscan ni aspiran a la verdad. Consenso de la sociedad abierta. Mientras que antes de 1945 se asociaba fascismo con homosexualidad, a partir de 1945, de la mano de Adorno y Horkheimer, la familia tradicional, heteropatriarcal, normal, tradicional se piensa que de ahí surge el fascismo y el autoritarismo y que la homosexualidad es de buen tono y es no totalitaria y abierta. Popper acabó repudiando el dogmatismo marxista. “Pese a ello, mantuvo siempre una visión generalmente progresista de la vida económica y social.” Jorge Soros, el financiero y especulador progresista globalista fue alumno de Popper en la London School of Economics. Su instrumento fundamental, grupo de presión, ONG, es la Open Society Institute. La influencia de Popper está pues clara. Por ello no debemos extrañarnos de que Hayek y Popper se hicieran amigos. Ambos eran liberales. El diagnóstico al que llega Hayek no difiere del que hizo Popper. Ambos se esforzaron en evitar el autoritarismo. Los liberales abominan de las verdades fuertes, la metafísica, de los valores tradicionales. Desembocan en un relativismo, subjetivismo individualista. Hay que evitar la tentación totalitaria. Se busca la sociedad abierta que es la que garantiza el individualismo y la libertad, la sociedad abierta. Hayek dice que el mercado es antitotalitario. El mercado lleva al orden espontáneo, natural de una economía libre. En este consenso ideológico establecido entre izquierda y derecha, “Las verdaderas amenazas eran ahora las afirmaciones fuertes de verdad, las formulaciones metafísicas y las apelaciones a lo trascendente”. La corrección política exige mucha censura y además, “como animales sociales que somos, tendemos a vivir de acuerdo con la opinión dominante. Popper era consciente de ello; por eso promovió el establecimiento de la sociedad abierta como un proyecto urgente (y por eso esta necesita hoy de la censura continua de la corrección política)”. Porque el nuevo orden no es algo instintivo, ni natural, ni espontáneo, sino forzado, inventado, fabricado, impuesto. Se dictaminó el abandono de los valores tradicionales y punto. Lo mismo dígase del movimiento feminista, del movimiento mariconista y del movimiento eunuquista. El sistema burgués plutocrático capitalista fomenta estas causas minoritarias como parte del movimiento hacia la sociedad abierta. Supercherías impuestas al vulgo, individualismo, subjetivismo. Quieren una sociedad antitotalitaria y disuelven las instituciones sociales para conseguirla. Lo mismo dígase del feminismo, del homosexualismo y del movimiento de los eunucos –hombres que se sienten mujeres y se mutilan genitalmente, disfrazándose farmacológica, quirúrgica y hormonalmente de mujeres y de mujeres que se sienten varones y que hacen lo mismo con sus cuerpos- Dicen que esto es liberación. Yo lo llamo castración. El sistema social capitalista ha acabado cantando las excelencias morales y éticas y políticas de estas aberraciones ideológicas, de estas supercherías. Todo esto ha sido propiciado desde la izquierda y desde la derecha, generándose así una ecualización política, un consenso de izquierda y derecha. Se advierte la verdad de la tesis nietzscheana de la muerte de Dios con la crítica que ha sufrido el cristianismo desde 1945, que ya venía padeciendo desde mucho tiempo antes. Esto provoca el intento de adoptar la ideología de los vencedores de la segunda guerra mundial por parte de la Iglesia Católica: “también el catolicismo trató de relajar sus restricciones y hacerse más abierto, “más pequeño” y más ordinario. Aprobó una versión demótica y vernácula de la misa y adoptó un estilo horizontal y terreno para la arquitectura de sus templos. Algunos de los documentos católicos más influyentes de mediados del siglo XX defendieron una colaboración estrecha con el humanismo de la posguerra, tan estrecha que daba la impresión de que la fe trascendente de la Iglesia había sido reformulada como un proyecto inmanente de liberación política o autoconocimiento personal.” La Iglesia Católica se ha protestantizado y se ha hecho progresista. Ni está ni se la espera. Algo vacío, folklórico, no existe efectivamente. Lo notamos claramente por ejemplo en la sociedad española. La Iglesia sólo busca sobrevivir y recibir subvenciones a través de sus organizaciones no gubernamentales. No defiende sus valores tradicionales ni sus ideas, ni su moral. La Iglesia Católica ha desaparecido. Otro ejemplo de un autor de esta época de dioses débiles, de pensamiento débil, de caída y derrota del pensamiento lo constituye John Rawls (1928-2002). “Según Rawls, la reflexión política rigurosa nos lleva a descubrir que debemos mantener nuestros “valores esenciales” fuera de la política”, La justicia es imparcialidad, algo procedimental, sin cosmovisiones, sin contenidos filosóficos o teóricos. Es una justicia sin metafísica. Milton Friedman desde una posición liberal capitalista llega a conclusiones parecidas. Por eso apuesta por la privatización de la economía y por la reducción del Estado. “La privatización, promete Friedman, nos permitirá eludir el conflicto político y reducir el Estado. Esto servirá para promover la libertad y frustrar los planes de todos los tiranos que tratan de oprimirnos, desde el más diabólico de los ideólogos.” Friedman pretende privatizar la vida política. Ir a lo pequeño, de eso se trata. No una gran política de la que hablaba Nietzsche, sino una política pequeña, de andar por casa. Eso es lo que llaman la sociedad abierta. Es lo que Max Weber llamaba el desencantamiento del mundo y lo que Nietzsche llamaba la muerte de Dios y el nihilismo. Desregulación liberal económica y desintegración cultural y moral son dos líneas del proyecto posmoderno progresista que está en marcha en los países occidentales. Derrida, otro impostor intelectual, otro sofista progresista francés, como Foucault, por ejemplo, inventó la deconstrucción. Lo suyo es desmontar la metafísica occidental. No cree en la verdad ni en el conocimiento. Es un filodoxo. Todo es lo mismo. Todo da igual. El colmo del nihilismo pasivo. Este sofista decadente ha disfrutado de una inmerecida fama durante decenios. Un sofista sin importancia. La deconstrucción de Derrida desemboca en la trivialidad, en la nada. Nada de admirable hay en este sujeto. La filosofía de Derrida destruyó la credibilidad intelectual del marxismo. Derrida desemboca en un individualismo burgués, nihilista, progresista, subjetivista. Todas estas iniquidades y supercherías sofísticas conducen a nuestra situación presente: el fin de Occidente. “sabemos que hemos llegado a un callejón sin salida.” Todo se configura en nuestro presente como un proyecto de debilitamiento de la civilización occidental como destino si no remediamos esto. En 1989 tuvo lugar el derrumbe del comunismo, del socialismo real y ello sin intervención ninguna de la OTAN ni de Occidente. Se desplomaron ellos solos sin violencia, sin hacer ruido. “No podíamos imaginarnos entonces que el triunfo en esa lucha a vida o muerte dejaría a Occidente desarmado frente a toda la fuerza del consenso de la posguerra y su hostilidad hacia los dioses fuertes. Libre ya de la amenaza existencial del comunismo, el consenso occidental de la posguerra se encaminó hacia la pura negación, dejándonos un sueño utópico de política sin trascendencia, de paz sin unidad y de justicia sin virtud.” Otro ideólogo del posmodernismo, del progresismo es Gianni Vattimo. Enseña hermenéutica. Una filosofía derivada de Heidegger y de Gadamer. “Para él, la filosofía consiste en buscar ”ontologías de actualidad”, lo cual significa delinear el contexto de un discurso filosófico que tenga sentido aquí y ahora, y no discernir las estructuras permanente de la experiencia y el conocimiento humanos”. Es mejor cultivar la trivialidad, la superficialidad y no preocuparse de lo profundo, que lleva a la metafísica y que estorban en el camino del progreso social. Es pues Vattimo un ideólogo de lo presente y sólo centrado en lo presente, en la actualidad. Pretende fomentar el progresismo. No es un gran pensador. Es un ideólogo, propagandista, periodista, sofista. Vattimo era la trivialidad y la superficialidad en grado máximo. Un hombre sin la menor importancia como todos los posmodernos. También los teólogos han colaborado en la instauración de este estado de cosas. Primero los protestantes con su irracionalismo, su fideísmo y su subjetivismo individualista atroz. Son los teólogos de la muerte de Dios. Interpretan el debilitamiento de Occidente como un signo del triunfo del cristianismo. Es la secularización, el desencantamiento. “El cristianismo es, por ende, antirreligioso, si por religión entendemos una aspiración a la trascendencia. El verdadero evangelio de Cristo crucificado no es la liberación del pecado y la muerte; es la liberación de la búsqueda compulsiva y antiterrenal del Dios de las alturas, una liberación que nos permite vivir centrados en la solidaridad con el prójimo en el mundo presente, en lugar de aspirar a la dicha del mundo futuro.” Vattimo quiere un pensamiento débil, indefinido, fluido, líquido. La noche en la que todos los gatos son pardos. La verdad es el aquí y el ahora, una moral de situación, cambiante, relativa. No hay verdad. La secularización de las sociedades occidentales es un triunfo del cristianismo. El debilitamiento es el triunfo del cristianismo. La salvación es más aligeramiento que justicia. Entonces como decía Orwell: la guerra es la paz, la estupidez es la inteligencia, el hombre es la mujer. A esto nos conducen los ideólogos: a pensar de esta manera estúpida y progresista. La ignorancia es la sabiduría. No hay que saber nada. Hay que creer y repetir las consignas emanadas de los ideólogos. La educación no transmite conocimientos, sino doctrinas, destrezas, críticas, consignas. Sin verdades firmes, sin objetividad. Un ciudadano culto es un experto en no creer en la verdad trascendente, en desenmascarar las pretensiones de verdad como instrumentos racistas, patriarcales o de dominación clasista. Es un escéptico. Esto desintegra las instituciones sociales como la familia, el matrimonio, el patriotismo. “Este mismo patrón de debilitamiento marcó la obra del pragmatista estadounidense Richard Rorty, que adoptó un enfoque decididamente antimetafísico, definiendo la verdad como “aquello que tus contemporáneos te permiten decir”. Otro ideólogo del consenso posmoderno, progresista es John Rawls. Define la justicia como legitimidad, imparcialidad. “las formas de pensamiento fuertes, o lo que Rawls llama “doctrinas abarcadoras”, deben ser mantenidas al margen de la política. “La razón pública” debe gobernar la vida pública, y la razón pública se limita a aquellos argumentos que están abiertos a todo el mundo, esto es, a los argumentos que se ajustan al principio popperiano de la gobernanza científica.” Apoyar la sociedad abierta, debilitamiento de los valores e ideas y verdades, de la moral, a fin de cuentas. Vattimo asocia la metafísica con el autoritarismo. La búsqueda de la verdad nos lleva al fanatismo y a la intolerancia. Debemos pues suspender el juicio como Pirrón. Hay que defender y proteger a la sociedad abierta de la verdad. Debilitamiento de la idea verdad. Esto garantiza la sociedad abierta. Diálogo, tolerancia, consenso, democracia, comunicación. Etc. Estos son ideólogos de medio pelo, eruditos a la violeta, sofista, impostores editoriales e intelectuales. Progresista en suma, que es como decir que no son nada. Nietzsche decía que la muerte de Dios producía un inmenso vacío, el nihilismo del último hombre, faltan las metas, la existencia heroica, el culto a la excelencia. Agotamiento de todos los sentidos. Heidegger por su parte afirmaba que “La retirada de los dioses fuertes de la cultura occidental deja un peligroso vacío.” Un mundo sin hogar, una sociedad del riesgo, de la nada, del relativismo moral, ético, religioso, antropológico. Heidegger, igual que Carl Schmitt, criticaba el imperialismo anglosajón. “A Heidegger le preocupaba nuestra predilección por la autoafirmación, nuestra avidez por fabricar consuelos filosófico-espirituales –es decir, dioses falsos- que puedan tener manifestaciones técnico-prácticas. La perspectiva de Heidegger era fuertemente antiamericana. Consideraba a los Estados Unidos como una fría máquina de producción y consumo que amenazaba con inundar Europa con su culto al éxito mundano.” El desencantamiento del mundo, la muerte de Dios y de los valores tradicionales es visto por los ideólogos posmodernos como una bendición divina, no como un destino aciago. Nos libera de los dioses fuertes, garantizando así la paz de la indiferencia. “La retórica del “debilitamiento” encaja perfectamente en el proyecto económico y cultural neoliberal, un proyecto de fronteras porosas y fluidez infinita, un utopismo inquieto que busca constantemente nuevas fronteras que transgredir. Buena prueba de ello es la presente obsesión con la ideología transgénero.” Las supercherías más dañinas y absurdas se imponen por parte de los ideólogos y de la clase política. Vattimo fue un ideólogo del pensamiento débil, del posmodernismo, del nihilismo pasivo. El triunfo del relativismo, del subjetivismo individualista forma parte del consenso de los regímenes democráticos de mercado pletórico de bienes de nuestra época. Todo al servicio del mercado pletórico de bienes y de la expansión de la forma social mercancía. “La obra de Gianni Vattimo cayó en mis manos hace más de doce años. Aquello fue una bendición, porque me ha ayudado a ver la lógica subyacente al consenso cultural dominante, que cada día encuentro más disfuncional y opresivo.” Encanallamiento moral, encallecimiento moral es lo que caracteriza nuestra época progresista. Al final, son malos tiempos para la filosofía y para el buen sentido. El debilitamiento ha sido la trayectoria de Occidente. En especial desde 1989. Es la decadencia o el fin de Occidente. “El debilitamiento del Ser se ha convertido en la forma de pensar obligatoria.” En el fondo se considera que hemos llegado al fin de la historia. Hemos inventado la felicidad, dicen y parpadean. El proyecto progresista, posmoderno es un proyecto de debilitamiento, de agotamiento de los sentidos, de las metas. Es la derrota del pensamiento, el pensamiento débil. Nos intentan convencer de que eso es bueno y conveniente. “Occidente está llegando a un callejón sin salida porque nuestra clase dirigente, educada en el consenso de la posguerra y leal al mismo, insiste en que debemos ser una sociedad sin hogar. Y no es sólo cuestión de estilos arquitectónicos. La sociedad abierta nos educa en el desasentamiento, nos enseña a no abrazar convicciones estables ni amores comunes.” Derrida, el sofista, el impostor nihilista decía que esto era un juego. La trivialidad en filosofía. Para estos sofistas de la apariencia, de la doxa, es bueno ser unos tocacojones o estafadores intelectuales. El proyecto de todos estos sofistas es la demolición, decirnos que todo es nada y que da todo igual. Esta basura ha destruido las sociedades occidentales con su cortejo de iniquidades, falsedades y supercherías. “La mayor parte de los profesionales educativos creen que es buen que los niños pequeños tengan profesores transgénero”. Y sin reparar en las consecuencias ni en lo que de bueno o malo pueda haber en semejantes adefesios y mamarrachos antinaturales. El cultivo de la anormalidad nunca fue ni será bueno. “Su opinión es contraria al más elemental sentido común, que nos dice que los niños necesitan del equilibrio que proporciona la conformidad con la realidad humana, en cuyo núcleo se halla la dicotomía entre varón y hembra.” Es que a fin de cuentas somos animales de reproducción sexual. Lo demás son cuentos y tonterías que no resisten el más mínimo análisis. Las élites políticas, económicas, sociales progresistas no viven de acuerdo con lo que ellos predican y nos predican. Van a los mejores colegios, a los mejores hospitales y viven en los mejores barrios y así no sufren las desagradables consecuencias de las políticas públicas impulsadas por ellas para el pueblo, que no puede escapar de las consecuencias indeseables producidas por tales políticas relativistas, nihilistas y destructoras de las instituciones sociales y de los valores básicos de la civilización occidental. Las reacciones frente a tal estado de cosas son calificadas como fascismo. Sabiendo que el fascismo terminó en 1945. “El populismo es más que una rebelión contra la subcontratación, la corrección política y el exceso de inmigrantes. Es un rechazo del consenso de la posguerra. Esto aterroriza a nuestra clase dirigente, que ha sido educada en la convicción ahistórica de que los imperativos de la sociedad abierta son la única base legítima para las disposiciones económicas y políticas. Todas las demás alternativas, en opinión de nuestro establishment, nos llevan de vuelta al fascismo. Son caminos de servidumbre.” Se coloca la diversidad por encima de la justicia. La diversidad se ha convertido en un valor al que hay que perseguir como un fin en sí mismo. Cultivo de las perversiones sexuales, descrédito de la familia, el matrimonio, la paternidad, la maternidad, políticas abortistas, antipatrióticas. El proyecto progresista es debilitamiento, división, disgregación. Cuando no se está de acuerdo se te llama fascista, se te encapsula en la extrema derecha, la ultraderecha y más allá. Lo que hacían y decían los comunistas de sus adversarios políticos en los años 1930 llamándolos fascistas, se sigue haciendo ahora, hoy en día. El término fascista ha pasado de ser una denominación ideológico-política a ser un insulto. Se ornan con las afirmaciones de que son antifascistas, antirracistas, etc. Y parpadean. Se invalidan elecciones cuando el pueblo se equivoca no votando en favor de la OTAN, la UE o del progresismo. Por todas partes y en todos los frentes el progresismo intenta prevenir el retorno de los dioses fuertes. La invasión mahomética de Europa por inmigración es un recurso valioso para las élites políticas, distanciadas y enemigas de los ciudadanos. Las clases políticas europeas defienden el yihadismo. Fronteras abiertas, oídos sordos al pueblo, a sus quejas y sus protestas. El pueblo no comprende las virtudes del Islam en Europa. El consenso político, ideológico posterior a 1945 está arrasando Europa. “Cada vez más votantes de Occidente perciben la extraña incapacidad de nuestra clase dirigente para afirmar su lealtad hacia aquellos a quienes dirigen. Y los votantes sospechan, acertadamente, que sus dirigentes no están dispuestos a protegerlos de la competencia económica y el desplazamiento cultural.” Es la democracia sin el pueblo y contra el pueblo. La rebelión de la democracia gobernante contra la democracia gobernada. Ahora se adivina un movimiento pendular en sentido opuesto: hacia el retorno de los valores, tradiciones, sentido común y el retorno de los dioses fuertes. Las clases políticas oligárquicas, progresistas, opulentas, se burlan del populacho y dicen que no sabe elegir lo que le conviene. “Cuando la clase dominante ignora al agitado populacho o se mofa de él ("despreciables”•, “conformistas”, “racistas”, “islamófobos”, “fascistas” y demás), la inquietud cristaliza en una actitud hostil.” La única solución es el retorno de los dioses fuertes, de las tradiciones, de las instituciones sociales, de las personas normales, de lo objetivo, del buen sentido, de la política, del interés nacional, del interés del pueblo, del patriotismo, de la verdad, de la racionalidad. “Los dioses fuertes no son ídolos de oro ni personajes de mitologías antiguas, como bien sabía Durkheim. Son todo aquello que tiene poder para inspirar amor: amor a la divinidad, amor a la verdad, amor a la patria, amor a la familia.” Se trata de desandar el camino progresista de debilitamiento, división, disgregación y de todo su cortejo de iniquidades. Que vuelva el buen sentido, la normalidad, que se acabe con las supercherías y las ideologías delirantes y el nihilismo. Si alguien no sabe distinguir entre un hombre y una mujer está perdido, entonces le dan igual una nación que otra, una cultura que otra y unos valores que otros. Todo es lo mismo. Nada vale nada.