Gustavo Bueno (1924-2016) fue un filósofo del Estado y patriota y nacionalista español porque sabía que sin Patria no se es nada. Él tenía ya una: España, por lo tanto, Bueno y el materialismo filosófico estaban y están en contra del secesionismo. Tenía Bueno una filosofía de la historia de España considerada ésta como imperio católico generador opuesto a la barbarie mahomética y a fideísmo irracionalista y nihilista protestante. El imperio español estaba hecho para durar en el tiempo, como el romano, su modelo inspirador y era generador y bien estructurado y con autonomía de sus partes formales.
Bueno, inicialmente fue de izquierdas, no ocultaba sus simpatías por la URSS, el comunismo, lo que se llaman las izquierdas. Una vez que el Régimen de 1978 sucedió al franquismo, de quien por cierto, procedía por génesis y transición, demostró sus miserias e insuficiencias democráticas, Bueno se hizo cargo como buen realista político de la caída de la URSS y se centró en la hispanidad y en España y esto le hizo bascular hacia la derecha, no hacia una derecha del Antiguo Régimen, sino hacia una derecha socialdemócrata, burguesa, instalada en el mercado pletórico de bienes, pero que al menos conservara la unidad de España.
Bueno rechaza el liberalismo como modelo político en el que el Estado no interviene en la sociedad civil, quiero decir, en el mercado. Eso es un imposible derivado de la distinción entre Iglesia y Estado que ha sido secularizada a partir de Locke haciendo buena esa afirmación de Schmitt de que los conceptos políticos descienden de conceptos teológicos. También rechaza Bueno el totalitarismo sencillamente porque eso no existe. No se puede controlar todo. Eso sería como el acto puro, lo que es imposible por absurdo. También rechaza el Estado del Bienestar considerado como etapa final de la sociedad humana con su Estado de derecho, su democracia, sus derechos humanos y su justicia social. Como mucho se puede llegar a la igualdad de oportunidades y a la igualdad legal. La democracia no promueve la igualdad porque el mercado pletórico de bienes en el que se fundamenta tampoco la promueve.
Bueno era partidario de un régimen político eutáxico, patriótico y serio.
sábado, 10 de septiembre de 2016
martes, 23 de agosto de 2016
Gustavo Bueno. El ontólogo materialista
Nos ha dejado el mayor filósofo
español de todos los tiempos, pero yo añadiría que el mayor filósofo del siglo
XX. Sólo es parangonable Gustavo Bueno (1924-2016) con Platón, Aristóteles,
Santo Tomás de Aquino y Kant. Se ha convertido pues en un clásico contemporáneo
en nuestro presente y de nuestro presente.
Era
materialista, sí, pero era materialista no monista, sino pluralista no mecanicista,
emergentista ni materialista dialéctico soviético al modo del Diamat. Era otra
cosa distinta. El siglo XX fue el siglo del materialismo hispano: Ferrater Mora
(1912-1991), Mario Bunge (1919-) y finalmente el más grande, el gigante Gustavo
Bueno (1924-2016).
El
materialismo filosófico de Gustavo Bueno no era una filosofía reduccionista.
Hundía sus raíces en Platón, particularmente en su concepto de symploké. Ni
todo está unido con todo ni todo está desconectado de todo. Las cosas son mucho
más complejas. Por ello la conciencia filosófica es esencialmente materialista,
porque tiene que reconocer la symploké. Posteriormente, 1995, admitió Bueno una
conciencia filosófica idealista.
La ontología materialista distingue entre dos
planos.
I. La ontología general, cuyo contenido es la Idea
de materia ontológico
general (M) definida positivamente como pluralidad
radical (partes extra
partes) y codeterminación.
II. La ontología especial, cuya realidad positiva
son tres géneros de
materialidad, que constituyen el campo de
variabilidad empírico
trascendental del mundo (Mi), es decir, Mi = M1, M2,
M3. Esta arquitectura
trimembre recuerda la tripartición ontológico especial
de Wolff (Mundo,
Alma y Dios) de la que nos distancia históricamente
la crítica ejecutada por
Kant en su Dialéctica Trascenental y la subsiguiente
sustitución, en el
idealismo alemán, por una estructura bimembre
(Filosofía de la
Naturaleza/Filosofía del Espíritu) que, aunque
modificada, sigue
perviviendo en el marxismo (Dialéctica de la
Naturaleza/Dialéctica de la
Historia).
En el plano ontológico-general se niega todo
cosmismo mundanista, que
abriga la idea metafísica del universo como una
omnitudo realitatis ordenada en
la que “todo lo racional es real y todo lo real es
racional”. Puesto que M es una
pluralidad infinita, el materialismo niega tanto el
monismo como el holismo
armonista. A su vez, en el plano de la ontología
especial se afirma la
inconmensurabilidad de los tres géneros de
materialidad, tesis que se opone a
todo formalismo, entendiendo por tal las doctrinas
reduccionistas que pretenden
explicar íntegramente algún genero en términos de
otro. Las variedades
algebraicas del formalismo (primario, terciario,
secundario, etc.) se
corresponden con los géneros de materialidad.
Por M1 (primer género de materialidad) entendemos
todas las entidades
constitutivas del mundo físico exterior, tales como
rocas, organismos, campos
electromagnéticos, explosiones nucleares, edificios
o satélites artificiales.
M2 (segundo género de materialidad) connota todos
los fenómenos
subjetivos de la vida interior etológica,
psicológica e histórica, tales como un
dolor de muelas, una conducta de acecho o una
estrategia bélica.
M3 (tercer género de materialidad) comprende todos
los objetos abstractos
tales como el espacio proyectivo reglado, las rectas
paralelas, el conjunto infinito
Filosofía y Ciudadanía 78
de los números primos, la Langue de Saussure o las
relaciones morales
contenidas en el imperativo categórico de Kant. Por
supuesto, los contenidos de
M3 se ejercitan en conexión con los contenidos de M1
y M2, pero las tres
materialidades son heterogéneas e inconmensurables
entre sí.
Las relaciones entre la materia ontológico-general y
los tres géneros de
materialidad son complejas, dialécticas y
circulares, pues M no consiste en la
suma de los Mi, ni se distribuye entre ellos como un
género en sus especies o un
todo en sus partes, sino que se constituye
regresivamente a partir de las
contradicciones constatadas entre las partes de Mi
por medio de su trituración y
autodestrucción efectivas. Así pues, en tanto que
producto del regressus desde
“lo que hay”, la Idea de Materia es una idea límite,
crítica, negativa (la negación
de que la Materia se agote en cualquier
determinación positiva), de la que sólo
tenemos un conocimiento negativo (que no es lo mismo
que la negación de todo
conocimiento). Porque la negación dialéctica brota
en la relación de la materia
cósmica consigo misma, cuando esa suerte de relación
reflexiva y
autocontextual alcanza ella misma la forma de una
contradicción. Este proceso,
cuyas resonancias neoplatónicas no ocultamos,
implica la presencia de una
conciencia o Ego trascendental (E), por cuya
mediación se ejercitan
autocontextualmente, tanto el regressus destructivo
desde las apariencias
ontológico-especiales, como el progressus
constructivo hacia la symploké
dialéctica o hacia el establecimiento de las
legalidades racionales de los
diferentes géneros. La instancia E juega un papel
esencial, pues supone un límite
infranqueable, “trascendental”, que la crítica
regresiva no puede rebasar, so pena
de nihilismo o escepticismo. Pero, además, hay un
privilegio de la corporeidad
humana de E, a cuya escala se ajusta el mundo,
consecuente con el
materialismo, hasta el extremo de llegar a
convertirla en punto de articulación
entre los distintos géneros de materialidad.
José Ferrater Mora.
Otro pensador que formula una filosofía materialista
es José Ferrater
Mora. Ferrater, en explícita confrontación con
Moulines, persiste en el
empeño de formular conjeturas respecto del mundo,
que se pueden agrupar
bajo el rótulo de materialismo, si por éste
entendemos “una concepción según
la cual:
a) lo que hay precisamente es el mundo material.
b) el mundo material tiene rasgos que permiten el
autoensamblaje de
algunos de sus componentes para formar organismos;
c) muchos (si no todos) de los organismos se
comportan socialmente;
d) algunos de los comportamientos sociales dan
origen a
comportamientos y a productos culturales;
e) dentro de los productos culturales figuran
métodos que aspiran a servir de criterios para determinar la racionalidad
y, en un último extremo
(posiblemente inalcanzable) la universalidad de la
conducta y el
conocimiento” (De la materia a la razón).
El materialismo de Ferrater es emergentista,
evolucionista, continuista,
realista crítico desde el punto de vista
epistemológico, empirista y racionalista
a la vez, relativista, integracionista y sistémico.
Es un pensamiento pluralista
que estratifica la realidad en cuatro niveles:
físico, orgánico, social y cultural,
entre los que se establecen relaciones de
continuidad.
Mario Bunge.
Por su parte Mario Bunge desarrolla una ontología de
carácter
materialista, que integra en su seno una concepción
materialista de la vida, una
teoría materialista de la mente y una concepción
materialista de la cultura,
basadas todas en la idea de que “todo ente material
es cambiable cuando
menos en lo que se refiere a su posición respecto de
otros entes materiales”
(Materialismo y ciencia). Esta idea última de
posibilidad de cambio es lo
común a todos los conceptos de materia que se han
ido dando a lo largo de la
historia. Para Bunge, el materialismo no es una
filosofía única, sino una
familia de ontologías que tienen en común la tesis
de que “cuanto existe
realmente es material”, o la tesis inversa de que
“los objetos inmateriales tales
como las ideas carecen de existencia independiente
de las cosas materiales
tales como cerebros”.
El materialismo de Bunge caracteriza un objeto
material como aquel
que puede estar por lo menos en dos estados, de modo
que puede saltar de uno
a otro; y su idea de materia coincide con “el
conjunto de todos los objetos
materiales o entes”. Dado que la materia para Bunge
es un conjunto, es decir,
un objeto abstracto, no existe de la manera en que
existen los objetos
materiales y no es material a su vez. Para Bunge la
realidad es idéntica con la
materia; es decir, los únicos objetos reales son los
materiales.
Este materialismo es un monismo substancial (sólo
hay una substancia)
pero es un pluralismo de propiedades. En ese sentido
se podrá relacionar con
la versión óntica del materialismo, en la cual una
única energía dinámica da
lugar a diferentes propiedades, según las diversas
configuraciones que adopta.
Es un materialismo emergentista, y distingue varios
niveles de entes, en
concreto cinco: físico, químico, biológico, social y
técnico.
La ontología materialista defendida por el filósofo
argentino ha sido
expuesta y formalizada en dos volúmenes (el III y el
IV) de su Tratado de
Filosofía Básica, y presenta las siguientes
características:
a) es exacta (todo concepto es exacto o
exactificable);
b) sistemática (toda hipótesis pertenece a un
sistema hipotéticodeductivo);
c) científica (toda hipótesis es compatible con la
ciencia contemporánea);
d) dinamicista (todo ente es cambiable);
e) sistémica (todo ente es un sistema o un
componente de algún
sistema);
f) emergentista (todo sistema posee propiedades que
no poseen sus
componentes);
g) evolucionista (toda emergencia original es una
etapa de algún
proceso evolutivo).
Con esta ontología materialista, Bunge pretende
superar los defectos de
las ontologías materialistas vigentes hasta ahora,
que son inexactas,
metafóricas,
jueves, 11 de agosto de 2016
La muerte de Gustavo Bueno
Gustavo Bueno ha muerto. Todavía ha de pasar mucho tiempo hasta que los españoles adviertan todas las implicaciones de la muerte de Bueno. La muerte de Bueno, su desaparición ha producido un inmenso vacío en España y en el mundo hispánico. Alguien que escribía y pensaba enteramente en español, un patriota. La muerte de Gustavo Bueno significa la muerte de un gigante, un sabio, un genio, un buen español biennacido. Es el comienzo de la historia del materialismo filosófico sin Gustavo Bueno, de su escuela, de sus seguidores, discípulos, simpatizantes, que tendremos que echar a andar sin él, sin su palabra o su conversación. Ahora empieza el duro camino de lo negativo, sin el autor del materialismo filosófico. Los resentidos, inferiores, pulgones inextinguibles ya lo denostaron en vida y lo han denostado en estos últimos días, enanos mentales sin dignidad ni buen sentido y seguirán haciéndolo en el futuro. Debemos preservar su legado para las generaciones presentes y futuras y decirles con objetividad y verdad quién fue Gustavo Bueno, cuáles fueron sus doctrinas y por qué entendemos que tenía razón, que lo que escribió y dijo nos parece verdadero, por qué su filosofía, el materialismo filosófico es no sólo verdadera filosofía sino además una filosofía verdadera que diagnostica cuál es la situación de nuestro presente correctamente y por qué entendemos que desde sus coordenadas se puede interpretar y entender correctamente el panorama de nuestro presente al destruir los mitos y prejuicios que impiden ver con claridad qué es lo que pasa y por qué pasa como pasa precisamente. Bueno elaboró una ontología materialista que es continuada por otros medios por una gnoseología de las ciencias y eso creo yo que resulta ser lo más importante del materialismo filosófico. También me parece muy importante su filosofía política expuesta en 1991 en su "primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas", obra continuada en sus ensayos de crítica del fundamentalismo democrático y de la idea de la democracia. Esto entiendo yo, que es lo más importante del materialismo filosófico.
domingo, 7 de agosto de 2016
La muerte de un gigante (Gustavo Bueno)
No nos hacemos una idea adecuada de la magnitud de la figura de Gustavo Bueno. Su muerte dejará un gran vacío. Sus obras e ideas en cambio, llenarán el siglo XXI. Su legado pervivirá durante los próximos siglos, nos sobrevivirá y rebasará. El materialismo filosófico ya forma parte de la historia universal de la filosofía y de España, claro. Ahora ser buenista o materialista filosófico es el comienzo del filosofar. Es estúpido y ridículo, provinciano, cateto, tratar de ignorar a Gustavo Bueno, el genio, el único filósofo del presente con sistema filosófico potente, completo. El pensamiento actual es zafio, infantil, lleno de tópicos que se dan por admitidos sin crítica y de manera bobalicona para agradar al vulgo y a las élites. Partiendo de la filosofía clásica y del materialismo dialéctico elaboró Gustavo Bueno su ontología materialista recuperando el esquema trimembre wolffiano para superar la estrechez del marxismo y del materialismo dialéctico. Su materialismo en filosofía de la ciencia le llevó a superar el simplismo dualista de Gaston Bachelard y Althusser y a plantear la gnoseología del cierre categorial desde el hiperrealismo, la gnoseología se configuraba así como una continuación de la ontología, la ciencia es un hacer y deshacer operatorio y quirúrgico. Esto producía el efecto de superar a las otras escuelas de filosofía de la ciencia contemporáneas. Ahora, fallecido este gigante, quedan sus obras, escritos, teselas, productos audiovisuales en los que ejercita su sabiduría y destruye los mitos del vulgo firmemente arraigados en nuestro presente. Gustavo Bueno era un filósofo grande, genial, perdurable que perdurará a lo largo de siglos por las nobles verdades y nobles doctrinas que nos ha dejado. Gustavo Bueno era la conciencia lúcida de España, primero contra el franquismo, luego contra su hijo legítimo, el Régimen de 1978. Un patriota, un español serio, biennacido, católico ateo. Ahora la tarea del pensamiento es retomar su filosofar y trabajar con su legado, un legado grandioso e inmenso lleno de verdad y de racionalidad.
Ha muerto Gustavo Bueno, el Ser Superior
Gustavo Bueno Martínez (1924-2016) ha fallecido hoy 7 de agosto de 2016. Fue mi maestro admirado, la persona que más me ha influido política, filosófica e intelectualmente en toda mi vida. Empecé a leerlo en 1980 y no he parado desde entonces de admirar su grandiosa obra filosófica. Era un genio, el más grande de los filósofos españoles de todos los tiempos. Lo conocí personalmente en 1985, luego en 1989 y durante los años 1990 entablé una cierta amistad con él. Siempre recordaré con cariño y admiración aquellas tertulias y conversaciones en Asturias y en Madrid que sostuve con él. Se nos va un ser superior, sí...Un verdadero genio, el filósofo, un gigante del pensamiento filosófico y del pensamiento en general, tan vasta era la red de aficiones e intereses de lo que se ocupó siempre Don Gustavo Bueno. Un debelador de las imposturas intelectuales y políticas y de la superstición y de la barbarie. Ha muerto un genio. Siento un gran pesar y una gran tristeza...Es terrible. Ya no podré hablar con él más. Inventó el materialismo filosófico, el mejor sistema filosófico actualmente conocido y existente en español, escrito y pensado íntegramente en español. Arriba España. Viva Gustavo Bueno.
viernes, 22 de julio de 2016
El filósofo
Según Platón son filósofos aquellos que pueden
alcanzar lo que se comporta siempre e idénticamente del mismo modo. El
no-filósofo, sumergido en la doxa, deambula por la multiplicidad de los
fenómenos. El filósofo ama toda la realidad. Ama el saber, amasa conocimientos
y ama la verdad. Será morigerado.
El filósofo no tiene miedo a la muerte. Aprende con
facilidad. Está dotado de buena memoria. Es valiente.
Los filósofos más razonables son inútiles para la
plebe. El filósofo no debe ir suplicando al vulgo que le permitan gobernarlos
por su bien. De todos modos lo más terrible que sobreviene a la filosofía es el
desprestigio que tiene debido a la conducta y calidad teórica de los que dicen
que se ocupan de la filosofía. El desprestigio de la filosofía proviene de
aquellos que dicen dedicarse a ella. Frente al filósofo está el filodoxo, el
amante de las opiniones o filotheamón, el amante de los espectáculos, vamos, el
sofista, que no hace otra cosa que enseñar lo que la multitud prefiere , las
convicciones del vulgo y a eso los sofistas lo llaman ciencia. La multitud no
es filósofa.
domingo, 10 de julio de 2016
Democracia parlamentaria
La democracia parlamentaria es la forma más corrupta y degenerada de democracia porque el principio mayoritario queda disuelto en las facciones de una asamblea elegida por el vulgo según las diversas leyes electorales posibles y concebibles y existentes en el mundo. El gobierno es elegido por el parlamento, pero la existencia de partidos políticos unifica los poderes del Estado y subordina por la disciplina de voto del partido mayoritario el poder legislativo al poder gubernamental, el verdadero poder político del Estado por tratarse del mando y de la obediencia y de la decisión. En España el Régimen de 1978 es una democracia parlamentaria pero el asunto queda agravado por ser un país dominado por la Leyenda Negra Antiespañola como ideología oficial, lo cual desemboca en el progresismo europeo con todas sus parafilias ideológicas y con el dialectalismo que ha traído el Estado de las Autonomías. La democracia española es así la más corrupta de todas las democracias occidentales y ello no tanto por la delincuencia económica que conlleva sino por la misma corrupción política, institucional, intelectual e ideológica en la que está sumergida España. Ahora tenemos que soportar la ceremonia del parlamentarismo y de las alianzas y la ingobernabilidad de la democracia y más aún de una democracia embrutecida con el mito de que la derecha es Ahrimán y la izquierda Ormuz y que por lo tanto, tienen que luchar entre sí incesantemente hasta el final de los tiempos. Volverá a haber elecciones y el PP seguirá mejorando su cuota electoral. Es que el PP es el menos malo, claro, en democracia y en política en general hay que optar siempre por el mal menor. Esto es un imperativo racional político fácil de entender.
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